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Columnistas ExpokR con R | Por Edgar LópezSostenibilidad en tiempos de urgencia: leer el momento sin dramatizarlo

Sostenibilidad en tiempos de urgencia: leer el momento sin dramatizarlo

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Por Edgar López

Cada inicio de año, el análisis de riesgos globales presentado en Davos se convierte en una suerte de termómetro del estado del mundo. Gobiernos, empresas y mercados observan con atención qué amenazas suben, cuáles bajan y cuáles dominan la conversación. Para quienes promovemos la sostenibilidad, suele ser un ejercicio casi automático subrayar cómo los riesgos ambientales —el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación— terminan afectando, tarde o temprano, al desempeño económico.

Este año, sin embargo, una lectura superficial podría llevar a conclusiones equivocadas.

En el corto plazo, el ranking vuelve a colocar en primer plano riesgos no ambientales: confrontación geoeconómica, polarización social, desinformación, conflictos armados, ciberseguridad. Los riesgos ambientales no desaparecen, pero ceden protagonismo inmediato frente a un contexto marcado por tensiones políticas, fragmentación económica y urgencias operativas. Para algunos, esto podría interpretarse como una señal de que la sostenibilidad pierde relevancia.

Foro Económico Mundial
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La lectura fina es otra

A diez años, los riesgos ambientales siguen encabezando el diagnóstico global. Fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, colapso de ecosistemas y cambios críticos en los sistemas de la Tierra no solo permanecen: dominan. Nadie serio los niega. Lo que cambia no es la comprensión del riesgo, sino la forma en que los tomadores de decisión administran el tiempo.

Y es que cuando el corto plazo manda…

El contexto geopolítico actual obliga a priorizar el corto plazo. No por falta de visión, sino por diseño del sistema. Las grandes empresas globales deben responder a mercados trimestre a trimestre. El capital gestiona portafolios bajo esquemas de evaluación constante. Las decisiones no se toman en ciclos largos ideales, sino en ventanas cada vez más estrechas, presionadas por volatilidad, regulación, conflictos y expectativas inmediatas.

En ese escenario, las urgencias —reales— tienden a deslumbrar incluso a los grandes actores económicos. No porque ignoren los riesgos estructurales, sino porque no pueden permitirse fallar en el presente mientras gestionan el futuro.

Este matiz es clave para entender lo que está ocurriendo con la agenda ESG, CSR y de sostenibilidad en general.

No es retirada, es cambio de fase

Durante años, la sostenibilidad avanzó impulsada por una combinación poderosa: autorregulación corporativa, presión de cadenas de valor globales, estándares voluntarios, compromisos públicos y una narrativa compartida entre empresa, capital y reguladores. En países como México, ese impulso llegó principalmente desde fuera: multinacionales, marcos internacionales, prácticas de debida diligencia y expectativas de clientes globales.

La autorregulación fue un motor real. Permitió avances, capacidades internas y aprendizajes que hoy existen y no desaparecen.

Lo que estamos viendo ahora no es el abandono de esa agenda, sino su entrada en una fase más exigente y menos romántica. Una fase en la que la sostenibilidad deja de ser épica y se convierte en gestión de tensiones: entre corto y largo plazo, entre eficiencia y resiliencia, entre discurso y operación.

Las empresas globales ya no deciden únicamente dónde optimizar, sino dónde protegerse. Regionalizan operaciones, duplican cadenas de suministro y aceptan mayores costos a cambio de menor exposición política. No porque hayan dejado de creer en la sostenibilidad, sino porque el terreno donde se ejecuta cambió.

El capital se repliega del discurso

En paralelo, el capital financiero ha ajustado su rol. No ha dejado de reconocer los riesgos climáticos o sociales; ha dejado de liderar la narrativa pública. En un entorno altamente politizado, el capital reduce su exposición discursiva y concentra su atención en integrar riesgos en modelos, valuaciones y decisiones operativas.

www.responsible-investors.com
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No se trata de una marcha atrás ideológica. Es una adaptación estratégica. Cuando el entorno se fragmenta y la política invade la economía, predicar se vuelve costoso. Gestionar se vuelve prioritario.

Aquí no termina el ESG; termina una etapa de ingenuidad: la idea de que la sostenibilidad avanzaría sin fricción, sin costos y sin conflictos.

Un escenario retador… pero no para todos

Este contexto impacta principalmente a las empresas globales cuya fortaleza histórica se construyó sobre las bondades de la globalización: escala, eficiencia, cadenas largas, arbitraje regulatorio y optimización financiera. Cuando ese terreno se fragmenta, su competitividad se ve comprometida. El capital global también pierde parte de la claridad con la que marcaba el paso.

The Economist
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La contracción del modelo global abre espacio para grandes empresas locales y regionales que conocen su entorno, operan cadenas más cortas y entienden mejor a sus comunidades, reguladores y mercados. Para ellas, una estrategia de sostenibilidad y responsabilidad bien integrada al negocio puede convertirse en una ventaja real, no discursiva.

Quizá lo que pierde fuerza no es la sostenibilidad, sino una versión de ESG excesivamente estandarizada, financiera y homogénea, pensada para un mundo sin fricción. Lo que emerge es una sostenibilidad más situada, más operativa y más vinculada a la viabilidad del negocio.

Seamos honestos: hoy, más que ayer, ser responsable es buen negocio. No por virtud moral, sino por estrategia. Reduce riesgos, fortalece resiliencia, construye licencia social y protege mercado.

No todas las empresas medianas aprovecharán este momento. Algunas, que creían jugar en liga global solo por imitación discursiva, se verán arrastradas por la contracción. Pero las más ágiles, las que lean bien el contexto y entiendan la sostenibilidad como estrategia —no como cosmética— podrán ganar posición y, con ello, mercado.

¡Hay que leer el mapa completo!

La geopolítica actual no es permanente. Como otros momentos de alta fricción, pasará. Pero dejará huella. Y esa huella marcará una sostenibilidad más madura, más exigente y menos complaciente.

La gestión responsable no está retrocediendo. Está siendo puesta a prueba. Y las pruebas, casi siempre, separan a quienes seguían el ritmo de quienes realmente estaban preparados para marcarlo.

Quizá este sea un buen momento para dejar de preguntar si la sostenibilidad sigue vigente y empezar a preguntarnos quién sabrá capitalizarla cuando deja de ser cómoda.

Ahí es donde empieza, de verdad, la siguiente etapa.

¡A chambear colegas!


Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

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