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Repensando el modelo: el ’empresarismo social’

La crisis económica mundial nos hace repensar que el modelo económico capitalista se ha quedado rezagado, sin la menor posibilidad de dar respuesta o explicaciones contundentes ante los fenómenos y las tendencias de la economía actual.

Como profesionales de las ciencias sociales y humanas, estamos en deuda con las explicaciones de tal pérdida de vigencia porque no hemos analizado, interpretado, ni aplicado los modelos teóricos pertinentes que contrasten con la realidad social.

No hemos logrado encontrar conectores entre las dinámicas micro y macroeconómicas. Nos hemos limitado a copiar modelos confiando en que estos den respuesta aparente, sin tener en cuenta las particularidades, la geografía, el componente humano, la cultura, la historia, elementos fundamentales en la caracterización de un territorio, de un país.

Afortunadamente, profesionales de diversas disciplinas han ampliado la frontera del conocimiento, entendiendo el capital no exclusivamente en términos de competencia individual y desarrollo económico, sino también en términos de otro tipo de capitales, como el capital social y el capital humano, que a la final redundarán en beneficios económicos y colectivos.

En esta lógica de los beneficios colectivos se ubica el ’empresarismo social’, que persigue la posibilidad de tener una redistribución equitativa de las utilidades y una inclusión en el mundo del trabajo, donde se goce de un bienestar colectivo como empresarios sociales y comunidad beneficiaria.

La suma de emprendedores sociales mediante proyectos, redes sociales, nodos, fines comunes, entre otros, debe hacer referencia a negocios rentables en los que se optimizan recursos, se mejoran procesos y se reducen costos especialmente en los márgenes de intermediación entre el productor y el consumidor final, compitiendo con tiempo, precios, calidad del producto e innovación social en la corresponsabilidad misma de la cadena de abastecimiento como operador logístico.

El ’empresarismo social’, enmarcado en la solidaridad, la competitividad y la productividad, va mucho mas allá de la asociatividad, del cooperativismo y de la misma Responsabilidad Social Empresarial, la cual ha sido tomada como altruismo y con respecto a la que se discuten la eficacia y la eficiencia de sus acciones.

La apuesta que conlleva el empresarismo social hacia el desarrollo autosostenible en sentido dinámico, es decir en permanente crecimiento, permite una doble vía de articulación entre las comunidades, las cuales se convierten mancomunadamente en vasos y nodos comunicantes, donde cada agente o individuo asume responsabilidades, funciones y compromisos de acuerdo con sus competencias y con el propósito central de la empresa social.

Para que el ’empresarismo social’ sea sostenible requiere direccionamiento, modelos estratégicos, liderazgo, gestión, capacitación, empoderamiento de la comunidad, productividad, y una reinversión de los excedentes en la empresa social y en la comunidad beneficiaria.

Esta complementariedad permite la perdurabilidad en el tiempo sobre el diálogo de saberes y haberes y la interacción con los nuevos aprendizajes.

Ejemplo de ello lo constituyen la Alcaldía de Medellín con Medellín en Escena, Corporación Sueños de Libertad, Puro Campo y Telecentros; el proyecto de ‘Doña gallina’ y las mujeres campesinas de Junín, Cundinamarca; la Fundación Fefsa en el trabajo mancomunado con la Federación de Mujeres Campesinas de Cundinamarca, y algunas Asociaciones de usuarios campesinos en Cundinamarca con proyectos productivos en el área de la agricultura y el ecoturismo.

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