Colaboraciones

Pérdida del capital ecológico

Forma y Fondo CXCV

La situación que agobia al mundo hoy en día tiene muchas facetas: la incertidumbre de los sistemas financieros, el rescate de los compromisos de deuda de los países que amenazan con moratoria de pagos, el desempleo y la pobreza al alza a nivel global, la creciente influencia de las redes sociales, la caída de dictaduras, y todo un muestrario de fenómenos que se extienden día a día.

Aumentan los foros y espacios en los que se habla de la amenaza que pende sobre la vida en el planeta y de los esfuerzos para revertir los efectos de los gases de efecto invernadero (GEI), del agotamiento de recursos no renovables, pero también es evidente el poco éxito y la abundancia de declaraciones en cuanto a exigir a los principales países contaminantes mayor participación para disminuir sus emisiones contaminantes.

En la Cumbre del Clima que tiene lugar en estos días en Durbán, los países participantes consideran crucial extender el Protocolo de Kioto más allá del 2012, punto en desacuerdo en las cumbres anteriores. El principal obstáculo proviene de los dos países con mayor cantidad de emisiones contaminantes: China, como país en desarrollo y Estados Unidos que nunca lo ratificó. En el caso de Brasil, aunque es el quinto emisor del planeta, se comprometió a reducirlas hasta en un cuarenta por ciento, a pesar de que provienen de la gran deforestación en su mayoría.

En términos actuales, la problemática ambiental, salvando los respectivos ámbitos, se puede considerar como pérdida de capital ecológico, causada por sub valorar el capital ambiental, base de la supervivencia y la prosperidad.

Desde 1998 hay un informe bianual, considerado un indicador preciso de la capacidad de la Tierra para continuar siendo un planeta vivo. En el 2008 incluyó por primera vez los resultados de la huella hídrica, en los cálculos de la huella ecológica y del Índice Planeta Vivo. Este nuevo indicador complementa la información sobre el estado de la naturaleza.

El Índice Planeta Vivo (IPV), es la media obtenida del estudio de la evolución de 5,000 poblaciones de 1,686 especies y, ha descendido un 30 por ciento desde 1970. Esta pérdida en la riqueza natural es provocada por la deforestación y la transformación de los usos de suelo para ganadería, agricultura, urbanización; los impactos de las represas, trasvases, el cambio climático sobre las especies de agua dulce, etc. De igual forma, la contaminación, la sobre pesca y la pesca destructiva en los ecosistemas marinos y costeros, amenazan las especies marinas. El Índice Planeta Vivo Tropical ha disminuido un 51 por ciento.

El consumo de los recursos naturales es mayor que la capacidad del Planeta para producirlos. En el cambio climático, el informe muestra que la eficiencia energética, las energías renovables y la disminución de emisiones podrían satisfacer las demandas energéticas para el año 2050, reduciendo entre un 60 y un 80 por ciento las emisiones de carbono. Incorporar una perspectiva eco sistémica al consumo, desarrollo y comercio, se traduciría en una conservación a largo plazo de los recursos necesarios para la supervivencia.

Gran parte del estilo de vida y crecimiento económico se da por el uso y extracción del capital ecológico de otras zonas del planeta. De continuar al mismo ritmo, para mediados del 2030 se necesitará el equivalente a dos planetas más. Actualmente se ha superado en un 30 por ciento la capacidad de abastecimiento de la Tierra.

La riqueza y la diversidad natural continúan decreciendo, a la vez que aumenta el número de países en situación de estrés hídrico permanente o estacional. El estrés hídrico se da cuando la demanda de agua es mayor que la cantidad disponible, o cuando su uso se restringe por su baja calidad.

La huella hídrica de un país es el volumen total de agua utilizado para producir los bienes y servicios consumidos por sus habitantes. Incluye el agua sustraída de ríos, lagos y acuíferos para la agricultura y ganadería, la industria, la generación de energía y el uso doméstico, así como el agua de lluvia utilizada para los cultivos. La huella hídrica es análoga a la huella ecológica: mientras que esta última calcula el área total de espacio productivo requerido para producir los productos y servicios consumidos por una determinada población, la huella hídrica calcula el volumen de agua necesario para producir los mismos bienes y servicios.

La huella hídrica indica el consumo de agua como materia prima para la producción. Se necesitan 2.900 litros de agua para producir una camiseta de algodón. Como media, cada persona consume 1,24 millones de litros de agua al año, la mitad de una piscina olímpica. En EE. UU. aumenta a 2,48 millones de litros por persona al año. Cerca de 50 países están actualmente sufriendo un severo o moderado estrés hídrico y el número de personas que sufren escasez anual o estacional de agua va en aumento como resultado del cambio climático.

Los efectos de una crisis mundial ecológica son más graves que los del actual hundimiento económico. El comportamiento de los humanos con la ecología ha sido similar al de las instituciones financieras con la economía: buscar el beneficio inmediato sin prever las consecuencias. El agotamiento y las limitaciones de los recursos, junto con el colapso de los ecosistemas, desencadenaría un estancamiento económico disparando los costos de la energía y los alimentos, añadiendo costos sociales imprevisibles.

La forma: enfrentar la devaluación del capital ecológico con visión y decisión.

El fondo: con voluntad revaluar y encontrar la forma de vivir con los medios que ofrece el planeta, asegurando la permanencia de los ecosistemas de los que depende la sobrevivencia de los seres humanos y de las especies, porque: TODOS SOMOS NATURALEZA.

ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C. [email protected]

Este artículo es responsabilidad de quien lo escribe y no refleja la opinión de Expok ni de sus colaboradores.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A.C

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