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Pemex, Repsol y la estrategia de Troya

Nadie se atreve a vaticinar el resultado de esta maniobra corporativo-financiera que se irá a tribunales, una vez que los consejeros de Repsol le pidieron a Pemex y Sacyr “dejar sin efecto” su acuerdo accionario.

El interesado romance comenzó hace años. Más precisamente en 1990, cuando Petróleos Mexicanos (Pemex) se convirtió en el primer y único accionista perteneciente al sector energético en la multinacional de origen español Repsol-YPF. Aunque la empresa estatal mexicana tenía la mira puesta en los negocios petroleros españoles desde 1979, a través de sus vinculaciones con Petróleos del Norte (Petronor), su presencia en la petrolera española tendió a pasar desapercibida hasta que a finales del pasado agosto se hizo pública la alianza firmada con la constructora Sacyr, principal accionista de Repsol, que le permitirá a Pemex acrecentar su capital en la petrolera del 4.8 al 9.8 por ciento. Sacyr y Pemex se comprometieron, además, a votar en conjunto las decisiones que se tomen dentro del Consejo de Administración, lo que cambia radicalmente las relaciones de poder en la empresa.

El movimiento, como no podía ser de otra manera, encendió las alarmas a ambos lados del Atlántico.

DIME CON QUIÉN ANDAS…

Para comprender el entramado de negocios que se esconde detrás de este movimiento, hay que ir a buscar a los actores principales, uno de ellos la constructora española Sacyr-Vallehermoso, cuyas riendas tiene el ubicuo empresario Luis del Rivero, quien comenzó el ataque a Repsol en los tiempos del boom inmobiliario, cuando las constructoras españolas decidieron salir a comerse el mundo aprovechando el inaudito excedente de dinero que les dejó la época: a finales de 2006 Sacyr se transformó en el principal accionista de Repsol, llegando a detentar 20 por ciento del paquete accionario, por delante de La Caixa, el grupo bancario de origen catalán que sigue siendo el segundo accionista con 13 por ciento.

Pero para conseguirlo Del Rivero tuvo que endeudarse. En plena vorágine la constructora llegó a tener una deuda cercana a 18 mil millones de euros, que ahora, según fuentes independientes, se ha reducido hasta los 12 mil 15 millones, de los cuales cuatro mil 900 millones tienen su origen en la compra de Repsol. En 2008 el estallido de la burbuja inmobiliaria puso en apuros a la constructora, situación que puede volverse dramática a fin de año, cuando Sacyr tenga que enfrentar el vencimiento de los cuatro mil 900 millones de euros que le costó Repsol. La empresa asegura que ha refinanciado el préstamo con el grupo de bancos encabezados por Citibank y Santander, pero fuentes consultadas por M Semanal en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) afirman que estas dificultades explican la alianza anunciada en agosto con Pemex para controlar Repsol.

No es la primera vez que Del Rivero busca hacerse con las riendas de la petrolera española. Desde su irrupción en la compañía en 2006, Sacyr intentó controlar la empresa apoyándose en la petrolera rusa Lukoil —a la cual llegó a ofrecerle todo el paquete accionario—, en la empresa india Essar y finalmente en alianza con el gigante chino Sinopec. Ninguno de los intentos llegó a buen puerto y todos terminaron por despertar tormentas políticas de magnitudes similares a las que ha despertado ahora el acuerdo con Pemex: el petróleo despierta nacionalismos hasta en España.

¿Qué busca Del Rivero con este movimiento? El principal objetivo, no desmentido por Sacyr, es forzar a Repsol a entregar mayores dividendos a sus accionistas, una decisión a la que se opone el actual presidente de la compañía, Antonio Brufau. De esta manera Sacyr tendría más disponibilidad de efectivo para afrontar sus deudas: en 2010 la constructora recibió por su participación en Repsol 256 millones de euros. Para lograr acrecentar estas cantidades, Pemex y Sacyr deberán desplazar a Brufau de su actual posición de poder, para lo cual han propuesto desdoblar su cargo quitándole áreas de responsabilidad. Sacyr podría así inducir también a la empresa a realizar desinversiones en algunas áreas, aumentando la entrega de dividendos a fin de año.

CUANDO PEMEX JUEGA AL CABALLO DE TROYA

Las intenciones de la petrolera mexicana no parecen ser tan turbias como las de su eventual socio. A juzgar por un documento interno de la empresa, filtrado la pasada semana por El País de Madrid y que no fue desmentido por la compañía, la paraestatal mexicana cree que logrará grandes beneficios con una inversión relativamente pequeña de poco más de mil 600 millones de dólares, los que ha comprometido para obtener 9.8 por ciento del paquete accionario de la multinacional española.

El documento en cuestión lleva por nombre “Contexto del Aumento de Participación de Pemex en Repsol”, y consta de 29 páginas. En un anexo en el que se detallan los costos por el desarrollo de pozos petroleros en aguas profundas, Pemex deja en claro que espera contar con esta tecnología que Repsol controla, y que conseguirla por otras vías le costaría mucho más caro. Al igual que Sacyr, Pemex también se encuentra altamente endeudada. Hoy es la empresa petrolera más endeudada del mundo, con más de 35 mil millones de dólares en su pasivo y con varios de sus principales pozos en declive. Explorar más pozos en aguas profundas del Golfo de México sin la tecnología necesaria puede significar gastar 100 millones de dólares inútilmente. “Pero no es sólo la tecnología”, explicaba el pasado 21 de septiembre el diario El País en un extenso artículo dedicado al tema. “Con los mil 600 millones de dólares de inversión, Pemex espera obtener una posición desde la cual dirigir, incluso, los flujos de suministro de crudo hacia sus propias refinerías”. Según el matutino español, “bajo el epígrafe ‘oportunidades derivadas del portafolio de downstream’, Pemex detalla que puede lograr el suministro de crudos que produce Repsol en Ecuador (napo y Oriente) para la refinería de Salina Cruz, para mejora de rendimientos” o “intercambios de barriles de crudo Maya destinados a las nuevas unidades de coquización en España por barriles de residuales rusos…”. Más aún, la empresa considera que podría “optimizar la dieta de las refinerías para balancear la oferta de crudo mexicano, capitalizando la fórmula de precio de Repsol”.

Un negocio tan redondo llamó la atención del mundillo político local. Entre los primeros en salir al ruedo estuvo el ministro de Energía, José Antonio Meade, quien se apresuró a destacar que es “una operación que todo el mundo puede auditar”, que “está bien pensada y le va dar valor a la empresa, que al final es el mandato que tiene Pemex. Es una operación muy bien hecha y de la que deberíamos sentirnos contentos”, remató. El embajador mexicano en Madrid, Jorge Zermeño, respaldó con su presencia a Luis del Rivero y al director general de Pemex, Juan José Suárez Coppel, cuando ambos decidieron informarle al ministro de Industria español, Miguel de Sebastián, los pormenores de la operación. Mientras, algunas voces opositoras mostraron sus dudas en el Parlamento y en la prensa acerca de lo atinado de realizar este movimiento con Sacyr cuando la constructora no pasa por un buen momento económico.

PIEDRAS EN EL CAMINO

Pero si en México la movida fue vista con cierto beneplácito, en Madrid no tardó en levantar ampollas de grueso calibre. Como sucede cada vez que una gran empresa nacional corre el riesgo de ser cooptada por capitales extranjeros, el gobierno y la oposición comenzaron una descarada carrera por ver quién pone el grito más alto en el cielo. En vez fue el opositor Partido Popular (PP) el que encabezó las protestas; su máximo referente económico, Cristóbal Montoro, lo dijo sin medias tintas el 28 de septiembre: “No nos gustan las empresas públicas extranjeras que entran en empresas españolas”. A pesar de que Pemex hace más de tres décadas tiene su sitio asegurado en el Consejo de Administración de Repsol, y que nunca ha tomado decisiones adversas a la mayoría del accionariado, Montoro cree que el momento elegido no es el adecuado, sobre todo cuando faltan unos meses para las elecciones generales en España. “No todos los sectores son iguales y aquí hay algunos que afectan a la competitividad del resto. Así que no es momento de realizar operaciones que pueden afectar los costos de toda una economía”, concluyó.

El mayor espaldarazo a la operación vino del ministro de Industria de España, el socialista Miguel de Sebastián, quien trató de calmar las aguas explicando que “la españolidad” de la empresa no estaba en juego y terminó pidiendo a las partes en conflicto que dejen “al gobierno en paz” con este asunto. De esta manera Sebastián mandaba un claro mensaje al ex presidente socialista Felipe González, uno de los más activos a la hora de poner reparos al acuerdo Sacyr-Pemex. Los candidatos presidenciales, en cambio, prefirieron guardar silencio: ni el conservador Mariano Rajoy ni el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba quisieron entrar en un terreno que consideran farragoso, ya que afecta a un sector estratégico de la economía ibérica, además de que se pone en tela de juicio la supuesta apertura a la inversión extranjera como la base del modelo de negocios que es defendido y promovido por la legislación interna de la Unión Europea.

La mayor oposición al acuerdo se encuentra dentro de la propia Repsol, donde el presidente, Antonio Brufau, convenció al segundo accionista, CaixaBank, para que se oponga al acuerdo entre Sacyr y Pemex. Brufau también dio un fuerte respaldo a los pequeños y medianos accionistas en su intención de llevar la impugnación hasta la misma Comisión Nacional del Mercado de Valores y, llegado el caso, continuar la batalla incluso en los tribunales de justicia. Si esta contraofensiva de Brufau prospera, el acuerdo no sólo podría desmoronarse, sino que Pemex podría verse además expulsada del Consejo de Administración de Repsol por considerar que se encuentra “en conflicto de intereses permanente”, una medida que propusieron los opositores al acuerdo en la última reunión del Consejo llevada a cabo el 28 de septiembre en Madrid. De concretarse esta amenaza, Sacyr se verá frustrada en su enésimo intento por cooptar la petrolera y Pemex se quedará sin el pan y sin la torta luego de una maniobra arriesgada cuyo desenlace nadie se atreve a vaticinar.

Pemex y Sacyr irán a tribunales
El Consejo de la petrolera Repsol instó el pasado miércoles 28 de septiembre a la constructora Sacyr Vallehermoso y a la petrolera estatal mexicana Pemex a anular la alianza por la que ambas sindicaban una participación cercana a 30 por ciento de la compañía.

El acuerdo se aprobó por abrumadora mayoría, con sólo tres votos en contra: los del consejero de Pemex (a la reunión acudió su propio director general, Juan José Suárez Coppel) y dos de los tres representantes de Sacyr: Luis del Rivero y José Manuel Loureda. El tercer representante de Sacyr, Juan Abelló, enfrentado a Del Rivero, se ausentó del Consejo al principio de la reunión tras manifestar su disconformidad con la estrategia de Sacyr.

Todos los consejeros independientes y los representantes de La Caixa, segundo accionista con 13 por ciento del capital, cerraron filas con el presidente de la compañía, Antonio Brufau, frente a la alianza de los dos socios, que en su acuerdo propugnaban por nombrar a un consejero delegado que asumiera parte de los poderes de Brufau.

En una nota conjunta, tanto Sacyr como Pemex contestaron que impugnarán los acuerdos alcanzados en el Consejo de Repsol, en donde, según dicen, “se ha pretendido quitarles sus derechos y se les ha negado la información más elemental por un inexistente conflicto de intereses”. Ambas compañías han votado a favor de todas las medidas tendentes a la mejora del gobierno corporativo, añadía la nota, para concluir que “se reservan todas las acciones legales procedentes”.

Ante la exigencia de la junta de accionistas para que se disuelva el pacto, el único modo que tiene ahora Sacyr de controlar la empresa sería lanzar una Oferta Pública de Adquisición (OPA) por el total de las acciones. Entre Pemex y Sacyr tienen 29.9 por ciento de las acciones, el límite de lo que la ley española exige para no llegar a una OPA.

Fuente: Msemanal.com
Publicada: 2 de octubre de 2011.

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