Durante casi una década, el límite de 1,5 °C se presentó como la línea roja que la humanidad no debía cruzar para evitar los peores impactos del cambio climático. Ese umbral, acordado en 2015 por casi 200 países, se convirtió en el eje de las políticas climáticas, los compromisos corporativos y las estrategias de inversión sostenible. Sin embargo, hoy ese consenso enfrenta su momento más crítico.
Ahora, científicos advierten que el objetivo del Acuerdo de París ya no es alcanzable en los términos en que fue concebido. Los datos más recientes sobre temperatura global, emisiones y eventos extremos muestran que el calentamiento avanza más rápido de lo previsto, mientras las acciones para reducir el uso de combustibles fósiles siguen siendo insuficientes.
El récord de temperaturas que pone en jaque el objetivo del Acuerdo de París
Los datos más recientes confirman la gravedad del momento. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que 2025 fue el tercer año más caluroso jamás registrado, con una temperatura media global de entre 1,44 °C y 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales. Esta cifra se alcanza tras tres años consecutivos de “temperaturas globales extraordinarias”.
Ocho conjuntos de datos independientes, elaborados por organismos científicos de Europa, Estados Unidos, Japón y China, coinciden en la tendencia general: el planeta se acerca peligrosamente al umbral de 1,5 °C. Aunque existen ligeras variaciones metodológicas, el mensaje científico es consistente y alarmante.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, el ritmo actual de calentamiento podría hacer que el objetivo del Acuerdo de París —medido como promedio de 30 años— se supere antes de que termine esta década. Esto ocurriría más de diez años antes de lo que se proyectaba cuando se firmó el acuerdo.
Carlo Buontempo, director de Copernicus, lo expresó con claridad:
“Estamos destinados a superarlo. La decisión que tenemos ahora es cómo gestionar mejor el inevitable sobrepaso y sus consecuencias”.
La pregunta ya no es si se cruzará el umbral, sino cómo se enfrentará ese escenario.
Por qué los científicos afirman que el límite de 1,5 °C ya no es viable
Una de las razones clave detrás de este diagnóstico es que los picos recientes de temperatura no pueden explicarse solo por la variabilidad natural. Si bien fenómenos como El Niño añadieron alrededor de 0,1 °C en años recientes, los científicos coinciden en que la señal dominante es el calentamiento inducido por la actividad humana.
Tim Osborn, director de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, explicó que en 2025 la influencia de El Niño se debilitó. “La temperatura global que observamos en 2025 ofrece una imagen más clara del calentamiento subyacente”, señaló, dejando claro que el problema estructural persiste.
El calor “antinatural”, como lo describen los expertos, es consecuencia directa de una atmósfera saturada de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Esta contaminación no solo eleva la temperatura promedio, sino que intensifica olas de calor, sequías, incendios forestales e inundaciones en todo el mundo.

Para Bill McGuire, profesor emérito de riesgos climáticos del University College de Londres, la conclusión es contundente:
“A todos los efectos, el límite de 1,5 °C ya no existe”.
Desde su perspectiva, el colapso climático peligroso ya ha comenzado, con escasas señales de que el mundo esté reaccionando a la altura del desafío.
Impactos visibles y un mundo que aún no responde
Los efectos del calentamiento acelerado ya son evidentes. En 2025, la Antártida registró su año más caluroso y el Ártico el segundo más cálido. La extensión del hielo marino polar cayó en febrero a su nivel más bajo desde que existen observaciones satelitales, en la década de 1970.
Además, aproximadamente la mitad de la superficie terrestre experimentó más días de estrés térmico severo, con temperaturas superiores a los 32 °C. Berkeley Earth estima que el 8,5 % de la población mundial vivió en regiones con temperaturas medias anuales récord, una cifra que podría repetirse en 2026.
A pesar de estas señales, las emisiones globales continúan aumentando diez años después de la firma del acuerdo de París. Esto ocurre incluso en un contexto de crecimiento acelerado de las energías renovables, lo que evidencia una desconexión entre avances tecnológicos y decisiones estructurales.

Laurence Rouil, director del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copernicus, fue claro:
“Los datos para 2025 muestran que la actividad humana sigue siendo el impulsor dominante de las temperaturas excepcionales”.
El mensaje, añadió, es inequívoco y urgente.
Del objetivo climático a la gestión del riesgo real
La afirmación de que el objetivo del Acuerdo de París “está muerto” no implica que la acción climática haya perdido sentido. Por el contrario, subraya la magnitud del desafío y la necesidad de cambiar el enfoque. Limitar el calentamiento sigue siendo crucial, pero ahora debe combinarse con estrategias sólidas de adaptación, resiliencia y reducción de daños.
Para el ámbito de la responsabilidad social empresarial, este escenario exige ir más allá de los compromisos simbólicos. Las organizaciones deben integrar el riesgo climático en su estrategia central, en sus cadenas de valor y en su toma de decisiones financieras. Ignorar esta nueva realidad no solo es irresponsable desde una perspectiva ambiental, sino también un error estratégico en un mundo donde el clima ya define las reglas del juego económico y social.







