En la última década, las marcas “con causa” se multiplicaron en campañas publicitarias, empaques y redes sociales. Desde mensajes sobre sostenibilidad hasta compromisos con la igualdad o la justicia social, el discurso corporativo se llenó de promesas éticas que buscan conectar con consumidores cada vez más conscientes. Sin embargo, lejos de generar adhesión automática, estas narrativas han despertado un creciente escepticismo, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
En la actualidad, las personas no solo consumen productos: evalúan valores, coherencia y consecuencias. Para ellos, una causa no es un eslogan, sino una responsabilidad sostenida en el tiempo. Cuando detectan contradicciones entre lo que una empresa dice y lo que hace, la reacción suele ser inmediata: desconfianza, crítica pública y, en muchos casos, rechazo. Entender este fenómeno es clave para explicar por qué las marcas “con causa” ya no convencen tan fácilmente.
4 razones por las que las nuevas generaciones desconfían de las “marcas con causa”
1. Saturación del discurso y pérdida de credibilidad
Uno de los principales motivos de desconfianza es la saturación. Durante años, las marcas “con causa” utilizaron mensajes similares, apelando a conceptos amplios como “cuidar el planeta” o “cambiar el mundo”, sin explicar cómo lo harían. Este uso excesivo vació de contenido a muchas campañas y convirtió la causa en un recurso publicitario más.
Las nuevas generaciones, acostumbradas a analizar información y contrastar fuentes, identifican rápidamente cuando un mensaje carece de sustancia. Para ellas, no basta con declarar buenas intenciones: esperan datos, acciones verificables y resultados claros. Cuando esto no ocurre, la causa se percibe como oportunismo, no como compromiso genuino.

2. Greenwashing y social washing
El greenwashing y el social washing han dejado una huella profunda en la percepción pública. Muchas empresas han sido señaladas por promover iniciativas ambientales o sociales mientras, en la práctica, mantienen modelos de negocio que generan impactos negativos significativos. Estos casos han erosionado la confianza incluso en aquellas marcas que sí intentan hacer las cosas bien.
Las generaciones más jóvenes crecieron viendo cómo campañas “responsables” eran desmentidas por investigaciones periodísticas o reportes de ONG. Como resultado, hoy observan con cautela cualquier discurso de impacto social. Para ellas, las marcas “con causa” deben demostrar que su narrativa no encubre prácticas contradictorias o dañinas.
3. Falta de coherencia entre discurso y operación
Otro factor clave es la incoherencia interna. Una marca puede hablar de diversidad, pero no reflejarla en sus equipos directivos; puede promover el consumo responsable, pero incentivar prácticas de sobreconsumo. Estas inconsistencias son especialmente visibles para generaciones que valoran la autenticidad por encima de la perfección.
Cuando el mensaje externo no coincide con la cultura corporativa, la desconfianza crece. Las nuevas generaciones esperan que la causa atraviese toda la organización: desde la cadena de suministro hasta la relación con empleados y comunidades. Si no hay coherencia, la causa pierde legitimidad.

4. Exigencia de participación real y no simbólica
A diferencia de generaciones anteriores, los consumidores jóvenes no quieren ser espectadores pasivos. Esperan que las marcas abran espacios de diálogo, escuchen críticas y permitan la participación activa. Muchas marcas “con causa” fallan al mantener una comunicación unidireccional, centrada en lo que ellas dicen y no en lo que la comunidad necesita.
Cuando las causas se presentan de forma superficial o simbólica —por ejemplo, limitadas a fechas conmemorativas—, el mensaje resulta insuficiente. Las nuevas generaciones buscan procesos continuos, con metas claras y oportunidades para involucrarse más allá del consumo.
¿Cómo recuperar la confianza de los consumidores?
Para reconstruir la confianza, las marcas deben comenzar por la transparencia radical. Esto implica comunicar avances, pero también errores, retos y áreas de oportunidad. Reconocer lo que aún no se ha logrado genera más credibilidad que prometer impactos inmediatos.
Otra vía es respaldar el discurso con datos verificables, métricas claras y reportes accesibles. Las alianzas con organizaciones independientes, auditorías externas y objetivos medibles ayudan a demostrar que la causa no es solo narrativa.
Asimismo, integrar la causa al modelo de negocio es fundamental. Cuando la responsabilidad social se refleja en decisiones operativas, inversión e innovación, deja de ser un accesorio y se convierte en parte del ADN de la marca.
Finalmente, escuchar activamente a las comunidades y a los consumidores permite ajustar estrategias y construir relaciones más horizontales. La confianza no se impone: se construye con diálogo constante y coherencia.

¿Por qué las marcas con causa siguen siendo necesarias?
A pesar del escepticismo, las marcas con causa siguen siendo relevantes. En un contexto de crisis climática, desigualdad social y pérdida de confianza institucional, el sector privado tiene un papel que no puede eludir. Las empresas cuentan con recursos, alcance e influencia capaces de generar cambios reales cuando se utilizan de forma responsable.
Además, cuando las causas se abordan con seriedad, pueden impulsar transformaciones profundas en cadenas de valor, hábitos de consumo e incluso marcos regulatorios. Las marcas “con causa” que actúan con coherencia no solo generan impacto positivo, sino que fortalecen relaciones de largo plazo con sus públicos.
Lejos de desaparecer, este tipo de marcas está evolucionando. Hoy funcionan mejor cuando abandonan el discurso grandilocuente y apuestan por acciones concretas, medibles y alineadas con su actividad principal.
De la promesa al compromiso real
La desconfianza de las nuevas generaciones hacia las marcas “con causa” no surge de la apatía, sino de una mayor exigencia. Estos consumidores esperan coherencia, transparencia y responsabilidad en un contexto donde los impactos sociales y ambientales son cada vez más evidentes.
Para las marcas, el reto no es abandonar las causas, sino asumirlas con mayor profundidad. Solo aquellas que transformen sus promesas en compromisos sostenidos lograrán recuperar la credibilidad y demostrar que las marcas con causa no solo son necesarias, sino capaces de generar cambios reales y duraderos.







