Mis debilidades murieron ese día: Malala Yousafzai – ExpokNews

Cuatro meses antes de que ganará el Premio Nobel de la Paz, FORBES invitó a la adolescente paquistaní y activista por la educación Malala Yousafzai a su Cumbre Tercera Anual de Filantropía, el 17 de junio en la Biblioteca Pública de Nueva York. Laurene Powell Jobs, una defensora de la educación y la inmigración y viuda del cofundador de Apple, Steve Jobs, entrevistó a Malala ante una audiencia de cerca de 200 líderes filántropos que comparten un interés en la educación, el tema del día.

Tengo el privilegio de presentarles a la persona más valiente que hayan conocido jamás. Ustedes ya conocen a grandes rasgos la historia de Malala Yousafzai. En octubre de 2012, un pistolero enmascarado talibán en el valle de Swat en Pakistán detuvo un autobús escolar, lo abordó y gritó a un grupo de aterradas chicas «¿Quién es Malala?», Entonces le disparó a la pequeña de 15 años de edad, justo en la cara. ¿Su delito? Manifestarse por el derecho y la creencia de que todos los niños deben recibir una educación.

Ese acto violento resultó en el fortalecimiento exponencial de la voz y el mensaje de Malala. Durante el último año he tenido la oportunidad de aprender más acerca de por qué los talibanes, y todos los que niegan a las niñas el derecho a aprender, tienen todo que temer de esta j oven. Porque ésta es una voz, como están a punto de escuchar, que no puede y no será silenciada. Como un amigo que está filmando un documental sobre ella me dijo: «Los talibanes le dispararon a la chica equivocada».

Laurene Powell Jobs

Laurene Powell Jobs: Habla un poco acerca de tu infancia y algunas de las condiciones en el valle de Swat en las que te criaste.

Malala Yousafzai: El valle de Swat es un lugar muy hermoso, con altas montañas, hermosos ríos y exuberantes colinas verdes y árboles. Solíamos recibir a turistas de todo el mundo.

Yo iba a la escuela todos los días. Mi padre, mi madre y todos vivíamos en una casa muy pequeña, no éramos ricos económicamente, pero sí en nuestros valores, en nuestra ética.

Entonces algunos extremistas, los talibanes, llegaron al valle y cambiaron nuestras vidas. La educación de las niñas fue prohibida.

Más de 400 escuelas fueron destruidas. Las mujeres no tenían permitido ir a los mercados. Los salones de belleza fueron destruidos. Dijeron que nadie tiene derecho a ser libre.

Pero la educación era muy importante para mí. Yo quería ser alguien. Yo quería tener una identidad.

Tenía dos opciones. Una era permanecer en silencio y no volver a hablar y luego ser asesinada por los terroristas. La segunda era exigir mis derechos y luego morir. Elegí la segunda.

El 9 de octubre de 2012 recibí un disparo. Los terroristas cometieron un gran error, porque yo tenía miedo de que pudieran ser capaces de detenerme, pero probaron que nadie me puede parar. Mis debilidades murieron ese día, y así nació una fortaleza. Así que creo que debo estar muy agradecida con ellos.

¿Qué pasó después de que te dispararon? ¿En dónde viven tú y tu familia?

Después de que me dispararon me llevaron a Birmingham, Inglate­rra, al Hospital Queen Elizabeth, que es un muy buen hospital con médicos y enfermeras muy ama­bles. Cuidaron de mí, y todas las cirugías fueron exitosas. Voy a un muy buen colegio. Las chicas de la escuela son brillantes. Estoy muy ocupada, y a veces falto a muchas clases. Hago mi mejor esfuerzo para trabajar duro.

¿No puedes volver a Pakistán?

Parece bastante difícil. Me gustaría volver. Hablamos con el gobierno, pero no parece seguro.

¿Cómo equilibras el hablar con jefes de Estado y luego hablar con tus amigas? ¿Cómo te las arreglas para navegar entre todo lo que implica ser adolescente y también esta increíble oportunidad que tienes de ser un porta voz de la educación de las niñas en todo el mundo?

La mayoría de las veces realizo mis actividades por la educación y la campaña por la educación los fines de semana o en días festivos. Aparte de eso, no falto nunca a la escuela, excepto para eventos importantes como el de hoy.

¿Tuviste la idea del Fondo Malala cuando aún estabas en la escuela en Pakistán?

Sí. Fue por esas chicas que estaban sufriendo el trabajo infantil doméstico. Había una mujer que venía a nuestra casa, y tenía tres hijas pequeñas. Le dije a mi padre: «No puedo ver a estas pequeñas trabajando en nuestra casa». Pero ellas no tenían ninguna otra forma de ganarse la vida. Mi padre dirigía una escuela en ese tiempo. La escuela sigue ahí. Comenzó en 1994 y tenía 1,100 alumnos, niñas y niños. Le dije a mi padre: «Estas niñas deben recibir educación gratuita en tu escuela». Mi padre admitió a esas niñas, y ahora tienen becas del Fondo Malala.

Tienes una increíble oportunidad para moldear una conversación sobre temas que son críticos para las niñas de todo el mundo. Y tú, por lo que eres, pondrás en evidencia las desigualdades e injusticias. Así que ¿por qué no nos cuentas un poco sobre las prioridades del Fondo Malala?

Cuando me llevaron a Birmingham, al principio no sabía qué hacer ni cómo reiniciar el fondo.

Empezarnos de nuevo el Fondo Malala hace nueve meses. Hemos dicho que querernos hacer dos cosas. Una de ellas es la promoción, para llegar a las personas responsables y pedirles que hagan su parte. La segunda es hacer labor de campo, ver qué problemas enfrentan los niños y ayudarlos a obtener una educación. En cada lugar la situación es diferente, así que tienes que encontrar una solución distinta también. El Fondo Malala también quiere reconocer a aquellas niñas que defienden sus derechos. Querernos darles una gran plataforma para que puedan hablar frente a todo el mundo y poner de relieve los problemas que enfrentan.

¿Cuáles son algunos de los programas que ya han emprendido?

Estos últimos meses hemos hecho mucho. Empezarnos nuestro primer proyecto en mi hermoso valle de Swat, mi ciudad natal. Introdujimos becas para aquellas chicas que padecen del trabajo infantil. Ahora esas niñas están recibiendo una educación. También apoyamos económicamente a sus familias. Empezarnos un proyecto en Jordania para los refugiados sirios. Las escuelas estaban en tiendas de campaña, y había niños de cinco a 13 años en un mismo salón de clases, y no había un sólo maestro. Queríamos ofrecerles buenas instalaciones y también apoyarlos. En Kenia fui a la zona de Masai Mara. Empezarnos a trabajar con Free the Children, que es una organización increíble. Construyen una escuela, pero no la abandonan. Ellos dicen: «Querernos asegurarnos de que los estudiantes asistan a ella». Los alumnos están en buenas instalaciones y hay un hospital para cuidar de su salud. Al ver eso, tu ve la esperanza de que lo que siempre he soñado, buenas escuelas y lograr el desarrollo sostenible, sí, está sucediendo.

¿Estás trabajando con ministerios de educación y el gobierno?

Creo que es importante que el gobierno se involucre en esta campaña porque, como sabernos, la mayoría de los gobiernos está gastando la mayor parte de sus presupuestos en defensa. Le dan muy poco dinero a la educación. En Pakistán más de 20 del presupuesto del gobierno se gasta en defensa y sólo el 2 se gasta en educación.

Así que creo que el papel del gobierno es muy importante. No hemos hecho un gran trabajo con los gobiernos aún, pero tengo la esperanza de que ellos también nos apoyarán para que podamos hacer una labor conjunta con ello en Pakistán y Kenia.

Por desgracia, hay muchos conflictos hoy día, en Siria, en Iraq. Y la situación de Pakistán está empeorando cada día. Simplemente me preocupa por lo que va a pasar y quién va a encontrar una solución. Siempre trato de pedir a los líderes políticos de todo el mundo dar un paso. Deberían venir y sentarse juntos. Es por la seguridad de todos los países. Deben tratar de encontrar soluciones para ello, soluciones pacíficas. Y también deben tratar de encontrar la razón por la que estos grupos terrorista se han levantado.

Lo que me resulta más impresionante, después de haber conocido a tu padre y a ti, y a pesar de que casi mueres, a pesar de que tu familia está viviendo en el exilio, es que no tienes amargura en tu corazón. No hay ira alimentando la labor que realizas. Se basa realmente en el amor y la compasión hacia los demás. ¿Dónde encuentras ese equilibrio?

Lo primero es que en realidad no recuerdo haber sido herida. De verdad no pienso en ello, pero la otra cosa importante es que mi padre está ahí, y siempre he admirado su valor. Él me inspira.

Y luego está la otra persona que no mencionamos todo el tiempo: mi madre. Mi madre siempre nos anima a continuar con esta campaña. Ella cree que lo que estamos haciendo es la verdad y que nunca debemos tener miedo de decir la verdad.

Si yo quiero que los terroristas dejen de pelear, que detengan sus conflictos y dejen de odiar a la gente, entonces también debería no odiarlos y no debería hacer nada cruel en contra de ellos. Ésa es mi filosofía.

Fuente: YOUSAFZAI, Malala. Mis debilidades murieron ese día. Forbes. Año 3, n° 25, diciembre 2014-enero 2015, p. 222-226.

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