Colaboraciones

¿Más petróleo significa más soberanía?

Forma y Fondo CLXI

Hace treinta años, apenas en 1981, se anunciaba el descubrimiento de quince yacimientos petrolíferos en la plataforma continental del golfo de México, que situaba al país como tercer productor mundial con petróleo garantizado para un siglo. Después de tres décadas, la situación energética continúa en picada para el país y para la empresa. Pasó de la sublime promesa de abundancia a la ridícula situación cotidiana.

De productor petrolero de primera línea, quedó como simple vendedor de energético, que al no procesarlo por falta de infraestructura, lo compra más caro para monopolizarlo y jugar con su precio siempre al alza cuando lo revende a sus ciudadanos, pretextando costos internacionales y políticas impositivas.

La novedad se repitió hace unos días cuando se difundió la noticia de nuevos y mayores yacimientos con los que reingresaría al nivel potencia, derivado de la crisis en el norte de África y Oriente Medio. Sin embargo se ha dicho con frecuencia que las reservas empiezan a disminuir y la referencia viene de la clasificación de los mayores productores de petróleo, en la que es el país que dispone de menos años de reserva: diez.

Así, el mayor productor es Arabia Saudita, con reservas por sesenta y siete años. Rusia, veintidós años. Estados Unidos, doce años. Irán ochenta y siete años. China, once años. Canadá, veinticuatro años. México, diez años. Emiratos Árabes, noventa años. Kuwait, cien años y Venezuela, ciento un años.

Esto no significa que se acabe el recurso, ya que el descubrimiento de nuevos yacimientos o la reactivación de pozos existentes, permiten que continúe como país exportador. Pero los recientes hallazgos son casi todos de crudo pesado o extra pesado, con un precio menor en el mercado internacional. Además su extracción no puede hacerse con la tecnología actual y su ubicación definitiva necesita más tiempo de exploración. Son las reservas más grandes que ha tenido el país pero su rentabilidad será la más baja.

Las políticas no siempre fueron las más acertadas. Durante décadas la explotación de los yacimientos fue acelerada, se cancelaron las inversiones para exploración de nuevos yacimientos, se afectó a las reservas probadas y no se compensaron los altos niveles de producción. En los pozos en declive se inyecta gas natural o nitrógeno, sin importar los daños colaterales, para extraer la mayor cantidad posible de crudo.

Es obligado un cambio radical en cuanto a las políticas de uso de energía fósil, como petróleo y gas, para ingresar de lleno a las energías renovables por su eficiencia energética que reduce la emisión de gases contaminantes que alteran el medio ambiente. Actualmente el noventa y uno por ciento de la energía generada se obtiene de combustibles fósiles y su consumo representa el mayor ingreso para las arcas gubernamentales, a pesar de que la paraestatal se encuentra en franco declive.

En México, la quema de gas y petróleo produce casi dos terceras partes de las emisiones de gases de efecto invernadero, colocándolo en la lista de los veinte países que arrojan más contaminantes a la atmósfera.

Ante la creciente demanda mundial de energía, y de que en las próximas cuatro décadas la población mundial alcanzará los nueve mil millones de habitantes, todavía hay medidas que se pueden adoptar. El caso México, debe analizar las políticas de subsidios que se han convertido en prácticas insustentables, ya que no han producido cambios en el aprovechamiento de nuevas energías sustentables.

Las siguientes recomendaciones pueden ayudar. Energía limpia: promover los productos más eficientes. Desarrollar las fuentes de energía renovable para proporcionar suficiente energía limpia, rumbo al año 2050.

Redes eléctricas: suministrar energía limpia a través de las redes y el comercio de electricidad, llevando energía sustentable a las diferentes áreas. Acceso: poner fin a la pobreza energética. Como ejemplo, promover el uso de estufas ecológicas eficientes. Inversión: en energías renovables, generadoras de energía limpia y en productos, casas y edificios verdes. Alimentos: educar contra su desperdicio. Elegir alimentos producidos en forma eficiente y sustentable, sin alterar la naturaleza, recuperando suelos y bosques y en su caso con una generación responsable de biocombustibles.

Materiales: además de reducir, reutilizar y reciclar, se puede replantar y reconsiderar. Acciones que minimizan el desperdicio, ahorran energía y disminuyen el consumo de cosas innecesarias. Cada vez aparecen materiales más duraderos y amigables con el ambiente. Transporte: con una decidida transformación, incentivar su uso público y para mover mercancías. Promover los vehículos híbridos y apoyar el uso de hidrógeno y otros combustibles para el transporte marítimo y aviación. Tecnología: desarrollar planes para investigar y desarrollar la eficiencia energética y las energías renovables. Sustentabilidad: lograr el uso equilibrado de los recursos actuales, compatible con los objetivos del milenio y las generaciones futuras.

La forma: una verdadera visión política y de estado que propicie más inversión en educación y tecnología para alcanzar la suficiencia energética.

El fondo: el petróleo más fácil de explotar y tal vez el que dejó mayores ganancias, ya se ha extraído. Como si hubieran olvidado que: TODOS SOMOS NATURALEZA.

Este artículo es responsabilidad de quien lo escribe y no refleja la opinión de Expok ni de sus colaboradores.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A.C.

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