A sus 56 años y de origen humilde, que le ha valido respetos y simpatías, Marina Silva le pelea la presidencia de Brasil a Dilma Roussef.

Convertida en la candidata del Partido Socialista, tras la muerte de su compañero de fórmula Eduardo Campos en un accidente aéreo, Silva abandera una causa que la hace popular entre los jóvenes y la sociedad civil: la sustentabilidad.

Marina Silva

Fuente: https://www.facebook.com/marinasilva.oficial

Cuenta además con la simpatía de empresarios y el mercado financiero, que ven en ella una alternativa viable a  la actual presidenta Roussef, de acuerdo con lo que reportan medios locales.

Nacida en una familia pobre del estado amazónico de Acre, con 10 hermanos y sobreviviente de la hepatitis y la malaria, desde temprana edad fue recolectora de caucho, también empleada doméstica. Pasó un tiempo en un convento católico y fue alfabetizada hasta los 16 años.

Por todo eso se le considera una “Lula con falda”, en referencia al origen también humilde del expresidente Lula da Silva, quien debió trabajar como obrero metalúrgico y hasta los 14 años aprendió a leer y escribir.

Marina Silva dejó el convento para unirse a resistencia pacífica contra la deforestación que defendía el líder rural Chico Mendes. A partir de ahí haría de la causa ambiental su lucha inseparable.

Rompimiento

En 2008, Marina protagonizó una de las mayores crisis de gobierno de Luis Inacio Lula da Silva. Cofundadora del Partido de los Trabajadores junto con él, tras su triunfo presidencial se encargó del Ministerio de Medio Ambiente, donde estuvo cinco años y medio hasta que una ley promulgada por Lula, que regularizaba la tenencia de tierras de la selva amazónica por empresas y particulares, motivó su renuncia, generando críticas de organizaciones ambientalistas internacionales.

Ya en las elecciones de 2010, que ganó Dilma Roussef, Marina Silva fue candidata presidencial con el Partido Verde y terminó en tercer lugar, con 20% de los votos.

Como parte de su trayectoria política se ha desempeñado como concejal en Río Branco y también fue la senadora más joven en la historia de Brasil, a sus 36 años, cargo para el que fue reelecta.

Claridad

Para Silva, la sustentabilidad es un nuevo modelo de desarrollo que trabaja las dimensiones económica, social, ambiental, cultural, política, estética y ética.

El año pasado, cuando dirigía Red Sustentabilidad –un movimiento fundado por ella que buscaba instituirse como partido político-, declaró en una entrevista que: “La sustentabilidad no puede ser percibida como una manera de hacer las cosas, sino como una manera de ser traducida a la vida de las empresas, a sus a productos, materiales, procesos”.

Sabe muy bien que las empresas suelen tratar asuntos sociales y ambientales como marketing y la capacidad que tienen los ciudadanos para exigir que esta situación cambie, a través de su poder de compra.

En poco más de un mes, esta mujer de religión evangelista que no cree en el Estado proveedor ni en el fiscalizador puede estar al frente del gobierno brasileño. Para ella, el camino es el Estado movilizador que “mueva” lo mejor de sí mismo, de las empresas, de la academia y de la creatividad social para generar un nuevo modelo social.

La política en Brasil viene sorprendiendo en cada elección: sorprendió cuando eligió a un sociólogo (Fernando Henrique Cardoso), sorprendió eligiendo a un operario (Lula) y sorprendió cuando eligió a la primera mujer presidenta (Dilma Rousseff). Con seguridad va a seguir sorprendiendo en 2014”.

Así hablaba Marina Silva el año pasado de las elecciones que vienen. ¿Sorprenderán los brasileños, en esta ocasión, al elegir a una mujer negra, de origen pobre y evangelista como presidenta por primera vez en la historia?

Por lo pronto, los sondeos más recientes le dan el empate con Roussef en primera vuelta pero un amplio margen de ventaja en la segunda.

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