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Manuel Arango, fundador de Grupo Cifra: “Al país lo vamos a cambiar todos los ciudadanos”

La filantropía no es una actividad sólo para millonarios ni la responsabilidad social es un concepto sólo para grandes corporativos. “En un país con tantas necesidades como México, todos podemos hacer algo para mejorar las condiciones de vida de las personas menos favorecidas”. Así reflexiona en voz alta Manuel Arango Arias, hombre que hace décadas fundó cadenas como Aurrerá, Superama, Vips y Suburbia, y es el actual presidente honorario del Consejo Mexicano para la filantropía (CEMEFI).

“Todos podemos hacer algo por otras personas”, insiste este empresario de 74 años de edad que saluda, escucha, conversa, bromea y orienta a todas las personas que se acerca a saludarlo en las 18 sesiones de trabajo que se realizan en la Reunión Anual del Cemefi durante la primera semana de noviembre pasado.

Manuel Arango pone un ejemplo: un niño de 14 años que limpia parabrisas en las esquinas, aparentemente no tendría ninguna manera de ayudar a otros. Pero el día que a ese mismo crucero llega un niño más pequeño, el mayor puede decidir si lo corre y lo amenaza para que no le haga competencia, o lo protege y le dice ‘te voy a enseñar a trabajar la calle para que no te atropellen’. “Eso es una acto de filantropía, ese niño de 14 años piensa más allá de sí mismo”, indica el economista nacido en Tampico, Tamaulipas.

El 1 de diciembre de 1958 abrió en la Ciudad de México la primera tienda Aurrerá, palabra que en vasco significa “adelante” y que era propiedad de los hermanos Jerónimo, Plácido y Manuel Arango. A lo largo de casi cuatro décadas la tienda fue multiplicando sus sucursales y luego abrió las otras empresas que integraron Grupo Cifra.

En 1997, la firma estadounidense Wal Mart Stores adquirió 67 por ciento de las acciones de Grupo Cifra, y la familia Arango, en particular Manuel, se concentraron en una cruzada para tratar de implantar en las empresas mexicanas el concepto de “responsabilidad social”, al mismo tiempo que promueve a organizaciones de la sociedad civil que actúan sin fines de políticos o de lucro.

Arango es uno de los creadores de la Fundación Mexicana para la Educación Ambiental y de la Fundación Xochitla. Ahora, en conversación con SR, dice que se ha avanzado en implementar el concepto de responsabilidad social en las empresas de mayor tamaño, pero que el reto actual es sembrar estas prácticas en las pequeñas y en las medianas empresas, que constituyen más de 80 por ciento de la planta empresarial en México.

“Llevar el concepto de responsabilidad social a las grandes empresas no fue fácil, pero lo hemos ido logrando. Cómo bajarlo a las pequeñas y medianas empresas, es completamente diferente, pero el concepto sí aplica para todos”.

La responsabilidad social no quiere decir necesariamente que la empresas deba dar dinero, sino que está dispuesta a hacerlo lo que esté a su alcance para no dañar el medio ambiente, para que sus colaboradores tengan buenas condiciones de trabajo, para vender productos que nos eran dañinos para la salud, entre otras cosas.

El empresario, a juicio de Arango, no puede decir “yo no hago eso porque no voy a ganar dinero” o “no me importa cómo le haga pero tengo que ganar dinero”. Para él no existe tal dilema. Se pueden hacer las dos cosas perfectamente y una empresa mediana o chica puede tomar decisiones que aparentemente no se ven, como colocar un filtro o hacer manejo de sus desechos industriales. Todo tiene un impacto.

El concepto de la responsabilidad social, insiste, aplica para todos, grandes o pequeños. “Es como la filantropía, que muchos piensas que sólo es para ricos y que consiste solamente en donar dinero. No es así, existe mucha gente que no tiene recursos económicos y que dedica parte de su tiempo, su talento y su esfuerzo para ayudar a otras personas”.

Los empresarios tenemos que ser más conscientes del efecto que provocamos en nuestro entono. Tenemos que cuidar al medio ambiente, a nuestros colaboradores y a la comunidad. Lo contrario e indeseable, es la cultura del mercado salvaje: “En ella cada quien trabaja para su santo, con la filosofía de ‘sálvese quien pueda’, ‘yo voy por lo mío’ y ‘yo levanto la canasta para el que la alcance’. Son expresiones muy radicales que se ven mucho en México”.

En la política es lo mismo: abunda la actitud de ‘a mí sólo me quedan seis años’ o ‘yo voy a ganar las elecciones y no me importa cómo’. “Esas son formas de pensar que nos llevan al desastre”.

Manuel Arango tiene bien definidas sus metas: que se fortaleza la sociedad civil, que cada vez tiene más herramientas tecnológica y de información para mejorar la vida de la mayoría, en el país, en continente y en el planeta.

“Con el otro modelo ya estamos viendo las consecuencias: calentamiento global, desastres naturales, pobreza y una sociedad invivible; por la empresa, la sociedad civil y el gobierno tenemos que cambiar”.

–Plantea una alianza entre sociedad civil, empresa y gobierno. ¿Qué pueden aportar cada uno para tratar de estimular el desarrollo social?

–Todos sabemos lo que es un gobierno. Puede ser bueno o mal gobierno, pero todos entendemos que la sociedad debe tener alguna forma de dirección y administración.

También queda claro para la mayor parte de la gente que la empresa, o le podemos llamar mercado, opera con base a un incentivo económico, que espera una rentabilidad de su trabajo. En la búsqueda de eso, que es lícito, la empresa desarrolla tecnologías, es innovadora, crea empleo y riqueza.

Estos dos puntos los comprendemos muy bien. El tercer concepto, que es el de la sociedad civil, toda vía no queda suficientemente claro.

Los ciudadanos conformamos la sociedad civil, pero ésta se divide en varias estructuras: una es la que busca una realidad por su trabajo, es decir, los empresarios también son una parte de la sociedad civil; y hay otra parte de la sociedad civil que no busca rentabilidad ni un beneficio económico por su trabajo.

Ahí es dónde está la gran riqueza. Cada vez más pernas están dispuestas a aportar una parte de su tiempo, de su talento, de su trabajo y de sus recursos a tareas que no son de beneficios personal, que no persiguen el poder, que no persiguen el triunfo de un partido, que no persiguen el beneficio de un sindicato; son los ciudadanos que quieren hacer algo por el bienestar común.

Si cada uno de los mexicanos estuviéramos haciendo algo, por pequeño que fuera, como acto individual o como acto organizado, el país cambiaría enormemente.

La gente dice que hay que resolver los problemas de salud y que eso es responsabilidad del gobierno, y luego el gobierno responde que no puede solo. ¿Entonces, quién va a resolver este problema? ¿A quién corresponde resolver el problema de pobreza en México? ¿A la Secretaría de Hacienda? En realidad resolver la pobreza, los problemas de salud y de otro tipo nos corresponde a todos.

A muchos políticos les preocupa la sociedad civil porque es muy amplia y no la entienden. No saben cómo hablar con la sociedad civil. A nadie le interesa ni le conviene vivir en un país con mucha pobreza, implica muchos problemas y pocas posibilidades de crecer.

–Además de salud, alimentación y educación, usted dice que hay que llevar justicia para que haya desarrollo social. ¿Cómo exigir un estado de Derecho que funcione sin que termine por caerse en un movimiento político o partidista?

–Cuando la gente dice “yo no me meto en política”, yo les respondo “no digas eso porque dejas de ser ciudadano”.

Todos tenemos que hacer política, pero la diferencia es que algunos usan la políticas para llegar al poder o para beneficiar a un partido. La política la tenemos que hacer todos porque con ella es que se cambia una sociedad. Así le decimos a los gobernantes qué es lo que necesitamos y hacia donde queremos ir.

Una de las cosas fundamentales para el desarrollo de un país es la legalidad, porque donde exístela corrupción y la impunidad muchas de las tareas se vienen abajo. Por eso el fundamento esencial del desarrollo de un país es la justicia, y tiene que ser pareja para todos. Todos tenemos que luchar por ella.

¿Eso es hacer política? Pues sí y no está mal. ¿Quién va a cambiar al país? ¿Los políticos y sus grupos pequeños o unos cuantos empresarios muy fuertes? No. Al país lo vamos a cambiar los ciudadanos y tenemos que definir nuestras prioridades y hacérselas entender a los políticos.

La ciudadanía es la esencia de todo. Hay que delegar funciones a los políticos mientras cumplan; y si no se cumplen, no se trata de tomar el poder, sino de usar las herramientas de la democracia para hacer cambios.

El cambio más importante para mí es que como ciudadanos podamos vivir en un país donde las autoridades, las empresas y la sociedad civil sean más responsables y donde haya justicia para todos.

Fuente: Excelsior, Suplemento SR, p. 5-6.
Publicada: Diciembre 2010.

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