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Los grandes días del 2008, Lorenzo Servitje

Una historia de éxito, tesón y, sobre todo, de trabajo, Su labor altruista es natural, no fingida ni publicitaria, treinta años después, el “México Amargo” sigue igual.

Mucho bien le ha hecho a los mexicanos que Lorenzo Servitje Senda haya decidido prestar su talento y sus experiencias al libro “Al Grano”, escrito por Silvia Cherem S., porque la historia de triunfos eslabonados y la empresa Bimbo son un ejemplo a seguir.

Los Tres Mosqueteros: Lorenzo Servitje, Jaime Jorba y Roberto Servitje, iniciaron su revolucionaria aventura en los años cuarenta, de cambiar de una vez y para siempre, las preferencias del gusto de los consumidores de pan de caja.

Hasta 1945, cuando apareció Bimbo por primera vez en el mercado, el pan Ideal no tenía enemigo al frente. Dominaba en todos los sentidos, verticales y horizontales. Se había convertido en el monopolista del sabor del pan.

En esa época el pan Ideal estaba envasado en papel encerado opaco y desde su salida, el pan Bimbo, envuelto en una cubierta transparente, que le daba vista, color y hasta aroma y sabor, sacó del mercado a los Fernández Fariña, que eran los propietarios del pan Ideal, cuyos hijos fueron mis compañeros en secundaria y preparatoria en el Colegio Cristóbal Colón. Los pelirrojos Fariña eran gente buena.

En el libro “Al Grano”, recientemente aparecido, se evidencia una vida llena de retos vencidos, de inquietudes empresariales y de responsabilidad social en la actuación de Lorenzo Servitje.

Hablar de Servitje como un triunfador, un visionario y un estratega de los negocios, resulta una reiteración. Nadie duda de esas cualidades del creador de Bimbo, ni de su dedicación al trabajo.

Par mí, lo sobresaliente de Lorenzo Servitje es su apasionada dedicación por los niños con hambre, por los más pobres, por el medio ambiente y por la salud del pueblo mexicano, tan precaria, tan colindante con las enfermedades.

Conozco a muchos de los grandes empresarios triunfadores en sus actividades. Algunos permanecen completamente ajenos a la pobreza lacerante de más de 50 millones de mexicanos.

Otros hacen intentos demasiado tibios para alcanzar pequeños paliativos para el hambre, la miseria y la pobreza.

También hay aquellos que establecen sus propias instituciones altruistas, que sólo las utilizan como escaparate, como ventanas de su riqueza hacia la miseria. Ponen en manos de empleados de alto nivel y de buenos publicistas, el manejo de sus fundaciones para que marchen de la mano la ayuda a los pobres y la publicidad que reditúa.

Lorenzo Servitje no se parece a ninguno de los estereotipos conocidos. Su fortuna tiene más de 50 años de iniciada y es limpia, ajena a la política y siempre libre de sospecha. Su perfil en los medios de comunicación, es muy bajo. Nunca se sabe qué hace por los demás, ni cómo, ni dónde.

Ni siquiera aparece en Forbes entre los 10 hombres más ricos de México. En esa lista hay cómplices de gobiernos corruptos o simplemente despiadados que sólo saben hacer dinero a costa de los demás.

No es ese el caso de Servitje, un hombre que ha mantenido una gran capacidad de asombro ante los acontecimientos y una reacción inmediata frente a la pobreza.

En la página 117 del libro “Al Grano”, este personaje singular del México discreto, activo y honesto, le relata a la periodista Cherem que la lectura de la obra “México Amargo”, de este reportero, lo conmovió con los relatos del hambre entre los niños de México.

Le impresionaron (lo cual agradezco al cielo), mis relatos sobre la vida de los campesinos e indigentes, de los marinos y pescadores, de los habitantes de los cinturones de miseria, zonas donde el ingreso no rebasaba los dos pesos diarios.

Desde la cúspide de su triunfo empresarial con Bimbo, ahora la empresa panificadora más grande de Iberoamérica, Lorenzo Servitje se dio tiempo, mucho tiempo, para mejorar el nivel de vida de los pobres y mandó hacer un estudio para actualizar la situación de la miseria en el país.

La conclusión de ese catálogo de necesidades fue lamentable: Todo sigue igual en México.

Lorenzo Servitje, que no tiene porqué rendirle pleitesía a nadie, sigue oculto en su discreción, pero sus trabajos para combatir el hambre, la miseria y la pobreza en México, avanzan a toda vela.

Durante toda mi vida periodística he sido parco en los halagos. Pero los vierto gustoso, cuando alguien los merece y ese es el caso de Lorenzo Servitje, un hombre bueno, honorable, lleno de virtudes, de las que tengo amplias referencias, pero no el gusto de conocerlo personalmente.

Fuente: El Mañana

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