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¿Las princesas de Disney son malas para las niñas?

Las princesas de Disney se han vuelto omnipresentes, representadas en prácticamente todo.

enchanted_fairy / Shutterstock.com

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Las princesas de ficción son los personajes favoritos de los preescolares. Dado que Disney lanzó su marca Princess en el 2000, las princesas de Disney se han vuelto omnipresentes, representadas en prácticamente todas las categorías —muñecas y vestidos, por supuesto, pero también, incluso, en paquetes de semillas y uvas.

En parte, como resultado, las niñas se identifican fuertemente con la cultura de las princesas y los adultos a menudo asumen que las niñas, naturalmente, aman a las princesas. Cuando las chicas se atreven a ser diferentes, es inesperado y delicioso —como la niña que provocó la adoración y la alabanza generalizada por vestirse como un hot-dog en lugar de una princesa en su estudio de danza.

Pero, como he argumentado anteriormente, la cultura de las princesas no es todo diversión y juegos. La marca Disney Princess sugiere que el activo más valioso de una chica es su belleza, lo que fomenta una preocupación malsana por la apariencia física. La marca también implica que las niñas deben ser dulces y sumisas, y deben esperar que un hombre venga a su rescate en un acto de amor a primera vista.

A pesar de que nuevos personajes como Elsa, Anna, Mérida y Rapunzel se comportan de maneras que permiten corregir estas ideas, en su conjunto, la marca permanece fuera de sintonía con las ideas modernas sobre la crianza de las niñas. Ahora, un nuevo artículo en la revista académica Child 
Development ha detallado los efectos negativos de la cultura de las princesas en las niñas.

La autora principal, Sarah Coyne, profesora asociada de Vida Familiar en la Universidad Brigham Young, se inspiró para llevar a cabo este estudio después de leer el best seller del 2011, Cinderella Ate my daughter de la periodista Peggy Orenstein. Su propia hija tenía 3 años en ese momento. Como madre, Coyne comparte las preocupaciones de Orenstein acerca de lo que la comercialización de la princesa estaba haciendo, pero como científica social se dio cuenta de que había pocos datos de las ciencias sociales sobre la influencia de la cultura de las princesas.

Por lo tanto, ella y su equipo diseñaron y ejecutaron un estudio con 198 niñas y niños preescolares. Sus hallazgos refuerzan serias preocupaciones acerca de la cultura de las princesas. Por ejemplo:

1-. Cuanto más estaban comprometidas las niñas del estudio con la cultura de las princesas, cuanto más se comportaban de una manera estereotipada femenina.

2-. Las niñas con una imagen corporal más desvalorada al inicio del estudio tendían a estar más interesadas en la cultura de las princesas un año más tarde.

3-. No hubo evidencia de que la cultura de las princesas influenciara el comportamiento de las niñas para bien. El potencial de las princesas como modelos positivos, prosociales, es limitado.
Mientras que estos resultados no son sorprendentes para los críticos de la cultura de las princesas, es útil disponer de nuevos datos que validan el asunto desde un enfoque metodológico diferente.

“La gran contribución de este estudio es que en realidad ahora tenemos datos”, dice Coyne.

“Hemos estado hablando de princesas por un largo tiempo y ha habido todo tipo de especulaciones”. Mientras que otros estudios (como el mío) han examinado las fallas en la cultura de las princesas desde un punto de vista cualitativo, etnográfico, basado en entrevistas, el estudio de Coyne es inusual por la recopilación de datos longitudinales, medibles y controlados en 198 niños.

Aun así, el estudio ofrece alguna buena intención de esta cultura, una buena noticia para los padres. En primer lugar, respecto de la cultura de las princesas, parecía tener efectos positivos en los niños, contrarresta algunos de los mensajes agresivos estereotipados que se encuentran en los medios dirigidos a los niños varones.

Se encontró que ver películas de princesas no parecía dañar la imagen corporal de las niñas durante el marco temporal del año que estuvieron trabajando los investigadores. Ellos encontraron que la mayoría de las niñas tenían imágenes corporales “muy positivas” al inicio del estudio y en la conclusión por igual. Esto puede ser un alivio para los padres preocupados por el tipo de cuerpo idealizado, homogéneo y en gran medida inalcanzable de las princesas de Disney.

Con base en literatura sobre el inicio de los problemas de la imagen corporal en niñas preadolescentes y adolescentes, los autores advierten que si hubieran seguido a las niñas durante un período de tiempo más largo, podrían encontrar efectos negativos. Por esta razón, a Coyne le gustaría llevar a cabo un estudio de seguimiento con sus participantes en cinco años: “Los alcanzamos en la edad en la que todos ellos se sienten bien con su cuerpo y me gustaría ver si eso cambia a largo plazo”.

Otro hallazgo confuso: Los autores encontraron que las niñas eran más estereotípicamente femeninas en su comportamiento (que se considera un resultado negativo de la cultura de las princesas) si sus padres hablaban de los medios con ellos. Esto es sorprendente, ya que la investigación sobre la mediación parental demuestra que los niños se benefician cuando ellos y sus padres discuten los medios de comunicación juntos.

Sin embargo, los investigadores no piden a los padres discutir sobre los medios con sus hijos. Coyne sospecha que los padres que participaron en el estudio pueden haber reforzado mensajes problemáticos -quizá alabar las apariencias físicas de personajes de televisión-.

El estudio “Linda como una princesa” hace uso de los métodos de las ciencias sociales. Valida las preocupaciones acerca de la cultura de las princesas y sugiere algunos efectos positivos en los niños. También pone atención en la importancia de hablar críticamente con los niños sobre los medios que consumen. Si somos descuidados en nuestro enfoque, podríamos reforzar inadvertidamente los mensajes nocivos de los medios. Pero si tenemos cuidado, podemos ayudar a nuestros niños a ser resilientes.

Rebecca Hains es profesora en Estudios de Publicidad y Medios de Comunicación en la Universidad
Estatal de Salem.

Fuente: El Economista

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