Notas RSE

La sustentabilidad 
en el futuro: retos 
y esperanzas

sustentabilidad

Suecia es un ejemplo a seguir en cuanto a iniciativas sustentables.

Se prevé que 52% de la población global será de clase media en el 2020, lo cual representaría un incremento de más de 1,400 millones de personas en este segmento, con lo que se generaría una nueva dinámica de consumo global, que requerirá recursos naturales nunca antes exigidos.

No podemos olvidar que, de 1800 a 1930, la población global se duplicó a 2,000 millones de personas y, a partir de 1940, la cifra creció casi 1,000 millones de individuos por década, llegando a más de 7,000 millones en la época actual. Sin embargo, esa población que se sumaba gracias a la mejora de la medicina y la agricultura y, por lo tanto, al incremento de esperanza de vida al nacer y de años de vida promedio, eran personas mayoritariamente pobres. La explosión demográfica global ya la vivimos y el mundo lo ha resentido, sin embargo, el gran reto viene en los próximos años: la explosión del consumo.

En 2000-2010, 70% del consumo global se concentraba en Estados Unidos, Europa y Japón: la proyección es que para la década de 2040-2050 el mismo 70% esté en China, la India y el resto de Asia. Sin embargo, eso no supondrá que disminuirá el consumo de los países antes dominantes, sino que el incremento de las regiones emergentes será tal que, en proporción, el consumo de los otros países habrá sido superado inevitablemente.

Este nuevo escenario presentará un reto de energía y recursos naturales que, en su momento, puede parecer catastrófico, sin embargo, como siempre, hay claroscuros y en el caso de la sustentabilidad no es la excepción.

Así como vemos grandes retos, vemos grandes esperanzas. Por ejemplo, recientemente se ha dado a conocer que Suecia se ha convertido en el primer importador de basura del mundo.

Pensar en basura o basureros generalmente nos remite a contaminación, de aire o subsuelo, en enfermedades, pobreza o desperdicio; pero los suecos lo pensaron diferente. Hoy lo que hacen en Suecia es incinerar su propia basura, generalmente bien clasificada, y la basura que importan la usan para calentar agua que después envían por tuberías a los pisos radiantes de más de 800,000 hogares, y que además generan electricidad a más de 250,000 viviendas por medio del gas metano que se desprende de la basura.

Asimismo, Suecia no compra las 800,000 toneladas que importa, sino que le pagan para que reciba la basura y regresa a los países de origen los escasos restos contaminantes, como los metales pesados que sobran en la incineración.

Negocio redondo, ¿no? Porque no sólo es muy conveniente, sino es altamente sustentable. En México ya comienzan a presentarse iniciativas de esta naturaleza, de las cuales platicaremos en el futuro. Pero por lo pronto, basta decir que con este ejemplo Suecia da visos de esperanza antes los retos de la sustentabilidad en el futuro.

Fuente: El Economista

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