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La mitad del CO₂ del mundo proviene de solo 32 empresas: estudio

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La crisis climática no es un fenómeno abstracto ni difuso: tiene responsables identificables. Un nuevo informe revela que solo 32 empresas de combustibles fósiles fueron responsables de la mitad de las emisiones globales de dióxido de carbono en 2024, una concentración sin precedentes del CO₂ del mundo en manos de un grupo cada vez más reducido de productores. El dato no solo confirma la gravedad del problema, sino que evidencia una estructura de poder que frena la acción climática global.

Este hallazgo plantea preguntas incómodas sobre rendición de cuentas, gobernanza y el papel de los Estados. Lejos de disminuir, las emisiones continúan aumentando año con año, impulsadas por decisiones corporativas y estatales que chocan frontalmente con los compromisos climáticos internacionales y con el objetivo de limitar el calentamiento global.

El CO₂ del mundo concentrado en unos cuantos actores

El informe Carbon Majors confirma que el CO₂ del mundo se concentra de forma alarmante en un grupo reducido de grandes productores de combustibles fósiles, muchos de ellos con un peso geopolítico significativo. Entre las diez principales empresas generadoras de emisiones destacan Saudi Aramco, Indian Oil Corporation, China Energy Investment Group, la National Iranian Oil Company (NIOC) y Gazprom, todas con volúmenes de emisiones comparables —o superiores— a los de países enteros.

Saudi Aramco encabeza la lista con alrededor de 1 700 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a cerca del 4.3 % de las emisiones globales de combustibles fósiles y cemento. Si esta empresa estatal saudí fuera un país, sería el quinto mayor emisor del planeta, solo por detrás de potencias como China, Estados Unidos, India y Rusia, lo que ilustra la magnitud del CO₂ del mundo asociado a un solo actor corporativo.

CO₂ del mundo
Fuente: Carbon Majors

Le siguen Indian Oil Corporation y China Energy Investment Group, ambas con aproximadamente 3.9 % de las emisiones globales cada una. En el caso de estas compañías, el vínculo directo con el Estado es clave: su rol no se limita al suministro energético interno, sino que forma parte de estrategias nacionales de crecimiento económico que continúan apostando por la expansión del carbón, el petróleo y el gas.

La National Iranian Oil Company (NIOC) aporta cerca de 3.1 % del total de emisiones globales, mientras que Gazprom representa alrededor de 2.8 %. Estas cifras refuerzan una constante del informe: el CO₂ del mundo está dominado por empresas estatales cuya lógica de operación responde más a intereses políticos y fiscales que a objetivos climáticos de largo plazo.

Este nivel de concentración no es accidental. Es el resultado de décadas de consolidación, subsidios y protección estatal que han permitido a estos gigantes mantener —e incluso aumentar— su producción, a pesar de la evidencia científica que señala la necesidad urgente de reducir drásticamente las emisiones globales.

CO₂ del mundo

Responsabilidad, litigios y presión creciente

El uso de datos de emisiones está cambiando el terreno de juego. La base de datos Carbon Majors ha sido utilizada para vincular directamente a grandes emisores con olas de calor mortales y con billones de dólares en pérdidas económicas asociadas al calor extremo. Esto marca un punto de inflexión en la discusión sobre responsabilidad climática.

Tzeporah Berman, de la Iniciativa del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, fue contundente:

“Un grupo poderoso y concentrado de corporaciones no solo domina las emisiones globales, sino que también sabotea activamente la acción climática y debilita la ambición de los gobiernos”.

Sus palabras reflejan el creciente consenso entre expertos y sociedad civil. Por su parte, Christiana Figueres, exdirectora de la ONU para el clima, añadió que los grandes emisores “están en el lado equivocado de la historia”, aferrándose a modelos obsoletos mientras la inversión en energía limpia ya duplica a la de combustibles fósiles a nivel mundial. Aun así, estos actores siguen expandiendo su producción.

Casos legales como Lliuya v RWE en Alemania y las leyes de superfondo climático en Nueva York y Vermont muestran que la evidencia sobre el CO₂ del mundo ya está siendo utilizada para exigir pagos, reparaciones y medidas de adaptación frente a inundaciones y calor extremo.

Estados, empresas y la urgencia de actuar

El hecho de que la mitad del CO₂ del mundo provenga de solo 32 empresas —muchas de ellas controladas por Estados— deja al descubierto una crisis de gobernanza climática. No se trata únicamente de responsabilidad corporativa, sino de decisiones políticas que perpetúan un modelo energético incompatible con un futuro habitable.

Rebecca Brown, del Centro para el Derecho Ambiental Internacional, lo resume con claridad: “Cuando los hechos son evidentes y la ley es clara, la rendición de cuentas es obligatoria”. Para los gobiernos, seguir protegiendo a los grandes emisores equivale a sabotear la acción climática que dicen apoyar en los foros internacionales.

El mensaje es inequívoco: sin presión real sobre Estados y corporaciones que concentran el CO₂ del mundo, la transición energética seguirá siendo retórica. La crisis climática exige decisiones valientes, coherentes y urgentes, no la defensa de intereses que agravan el daño global.

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