3er Sector

La familia sostenible. Parte II

Familia vía Shutterstock

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En la primera parte de este artículo se hablaba de la importancia de una familia comprometida y estable. Si quieres recordar la primera parte de este artículo.

Lo mejor de ambos mundos

Conviene segmentar todavía más la afirmación anterior, aprovechando las aportaciones de Hakim. Su aportación demuestra que las mujeres no son un colectivo homogéneo sobre el que quepa generalizar. En función de su «teoría de la preferencia», distingue tres grupos de mujeres según sus aspiraciones y prioridades en la relación familia trabajo.

En primer lugar estaría el grupo de las mujeres centradas en su carrera profesional, que representan en torno a 20 de la población femenina. Otro grupo, con un porcentaje prácticamente idéntico, reuniría a las mujeres que dan prioridad absoluta a sus hijos y preferirían no trabajar.

Estos dos grupos tienden a ser muy estables y poco influenciables por políticas laborales o familiares a la hora de hacer sus opciones de vida, pero existe un tercer grupo, el más numeroso aproximadamente 60 de las mujeres-, que busca «lo mejor de ambos mundos». Este grupo, que Hakim bautiza como adaptive group, trata de lograr el equilibrio entre la realidad familiar y profesional, y depende mucho del contexto político en que se encuentre.”

Hay que añadir además que no influye sólo que el contexto favorezca la maternidad -en el sentido de que aporte la necesaria flexibilidad al mercado laboral que la permita, en lugar de la rigidez que supone un mercado hecho a medida del hombre, mantailored, sino que ese contexto tenga garantías de estabilidad, como demuestra el ejemplo de Francia. Si cada cambio de gobierno o de orientación política supone un cambio de contexto, falta la necesaria seguridad para un proceso que dura muchos años, como el de la crianza y educación de los hijos.

Un nuevo estilo en la sociedad civil

En realidad, el claro avance del posicionamiento de IFFD en Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales responde a un planteamiento innovador: no instrumentalizamos a la familia para tratar de imponer unas convicciones religiosas o ideológicas que consideramos verdaderas, sino que consideramos que la familia es un «punto de encuentro» a partir del cual se pueden construir consensos que permitan trabajar juntos con todos los que no estén cegados precisamente por esa instrumentalización.

Ese punto de encuentro necesariamente se basa en la evidencia, frente a la mera opinión: evidence based frente a ideology based. Se trata de abarcar los tres aspectos en que la realidad puede relacionarse con las propuestas: uso de la sociología (evidence-based), conocimiento de las necesidades de los destinatarios (evidence-informed) y capacidad de saber si funcionaría, si funcionaría bien y cómo funcionaría ( evidence-inspired).

Este planteamiento no es una táctica, ni siquiera una estrategia, sino una convicción profunda: no es posible avanzar realmente en el contexto internacional si no se trabaja con personas de todas las procedencias, siempre que actúen de buena fe; y ese trabajo pasa necesariamente por el respeto del camino que cada uno tiene hacia la verdad. Por otra parte, las verdaderas convicciones -por ejemplo, sobre la familia sólo pueden contribuir a fiarse de que la realidad las confirmará, puesto que son verdaderas: los datos nunca traicionan la verdad, si son ciertos y no se obstaculiza ni se impide la investigación.

Un vistazo al panorama de las organizaciones de la sociedad civil muestra algo bien distinto, con carácter general y honrosas excepciones: la confesión y la ideología tienden a configurar posturas ex-tremadas e irreconciliables que, de hecho, han impedido un avance consolidado durante las últimas décadas. Las disputas sobre algo tan complicado como la definición de familia, las inclusiones y exclusiones terminan por esterilizar muchos esfuerzos bien intencionados, aunque con frecuencia difíciles de entender para quien de verdad quiera ayudar a las familias en todo el mundo. Por ejemplo, me parece que el lenguaje es importante, pero no hasta el punto de resultar obsesivo o paralizante.

Además, la consolidación de bandos enfrentados tiene muchos otros efectos colaterales que merece la pena evitar: el diálogo endogámico entre los «convencidos» termina por resultar incomprensible para el resto, la frustración por la falta de avances produce una visión negativa que no atrae a nadie ni conduce a ningún sitio, y el pesimismo resultante no permite ver que en los avances sociales también hay aspectos positivos que vale la pena incorporar.

Descubrir a la familia que de verdad funciona

En resumen, no se trata de imponer un perfil determinado de familia, ni menos aún de volver atrás, sino de descubrir la familia que de verdad «funciona», que aporta más felicidad a la pareja, mejor educación a los hijos y más bienestar a la sociedad. Aunque todas las estructuras familiares y sociales sean respetables, no todas aportan los mismos beneficios.

Y no se trata sólo de una teoría. Entre otros ejemplos, la «Declaración de la sociedad civil» que hemos promovido con ocasión del XX Aniversario del Año Internacional de la Familia, a la que me he referido antes, ha tenido un éxito sin precedentes, puesto que se han sumado varios cientos de organizaciones nacionales e internacionales, así como medio millar de legisladores, académicos y representantes de la sociedad civil de 83 países. Su contenido quizá no satisfaga plenamente a todos y cada uno de los firmantes, pero desde luego supone un avance muy considerable respecto al consenso que se ha logrado en la sociedad civil hasta la fecha.

En conclusión, me gustaría repetir que la familia no es sólo la principal unidad básica de la sociedad sino también el principal agente de desarrollo sostenible, social, económico y cultural, y que esto resulta evidente para la inmensa mayoría de las organizaciones políticas, la sociedad civil, la academia y el sector privado.

Como ha señalado la nota oficial, de preparación del último «Día Internacional de las Familias en Naciones Unidas», «las familias estables son el fundamento de las sociedades fuertes: cuando se rompen, los costos son elevados, las sociedades sufren y los gobiernos tienden a invadir su papel.

Aunque no se ha alcanzado un consenso formal sobre su definición, lo que puede ser un obstáculo para un diseño y puesta en práctica efectivos de políticas familiares, existe un reconocimiento universal sobre la importancia de la familia, que permite centrarse en sus funciones y en la evaluación del impacto de esas políticas desde el punto de vista de la familia.

Fuente: VIDAL-QUADRAS, Javier. LA FAMILIA SOSTENIBLE clave para el desarrollo social. Istmo Liderazgo en valores. Octubre-noviembre 2014, n° 334, p. 42-38

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