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La discusión ya no está en el porqué sino en el cómo hacerlo

Una de las conclusiones implícitas de la VII Conferencia Interamericana sobre Responsabilidad Social, realizada en diciembre en Punta del Este, Uruguay, fue que el debate sobre el tema está variando del porqué pensar en la Responsabilidad Social de las empresas al cómo trasladar este enfoque a la práctica, es decir cómo “aterrizarlo” en el día a día de las organizaciones.

El colapso de grandes empresas globales a raíz de la última crisis financiera mundial y la necesidad de competir y diferenciarse de los otros, están probando que este es el momento propicio para que las empresas se diferencien y agreguen valor al negocio con buenas prácticas que comienzan dentro y necesariamente por los líderes y gerentes.

Los temas abordados en la coferencia organizada por el BID, me llevan a subrayar lo que venimos observando en los últimos años. Frente a la creciente competencia en los mercados y a la luz de los problemas que nos rodean como el cambio climático y conflictos entre la comunidad y las empresas de los sectores extractivos la diferenciación y el valor de una empresa ya no provienen solamente del producto que ella entrega del cómo ha hecho para obtener un producto innovador a un precio competitivo (cómo ha manejado los impactos de su fabricación en el medio ambiente; cómo ha tratado a su mano de obra y a sus profesionales; cuál es la procedencia de los insumos que usa; cómo ha manejado sus procesos logísticos, cómo se relaciona con sus clientes, etc).

Además de la necesidad de competir, América Latina nos presenta otro reto que debe llevar a las empresas a repensar su rol en el mercado y en la sociedad. Según proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), en el 2009 el número de pobres en la región aumentó en 1.1.%; es decir, ahora tenemos 9 millones más de pobres, con lo cual las personas en estado de pobreza suman 189 millones. De este total, 76 millones son considerados pobres indigentes, cinco millones más que en el 2008.

Bajo la visión económica tradicional podríamos decir ¿y que tienen que ver las empresas con esto? ¿no es el gobierno el que tiene que responder por la pobres? Bueno, las cosas se ven, en el presente, desde una perspectiva distinta. Pensemos, por ejemplo, en lo siguiente: con un mayor número de pobres se entiende con menos acceso a la educación y a la salud ¿de dónde las empresas van a poder reclutar mano de obra capacitada y saludable?; ¿un mayor número de pobres, que ven que las brechas con los que más tienen se amplían, no es acaso un caldo de cultivo para nuevos conflictos sociales? ¿pueden las empresas operar con normalidad en un país con nuevos conflictos sociales, con riesgos de paros y huelgas? Las experiencias expuestas en Punta del Este por los representantes de libre mercado (las empresas) han permitido dos cosas a los participantes:

Primero, recordar que la responsabilidad de las empresas con la sociedad no termina con la generación de trabajo y, por tanto, de riqueza. Ahora, también están pensando y actuando unas más rápido que otras en cómo hacer para obtener y propiciar una mano de obra capacitada y saludable; para ayudar a cuidar los recursos naturales y así asegurar los insumos básicos para seguir creciendo; para hacer negocios en forma íntegra y transparente porque así conseguirán relaciones y contratos a largo plazo y serán percibidas mejor por clientes, proveedores, inversionistas potenciales, y por la sociedad en general (y ahora, con el auge de los medios sociales la gente tiene a la mano nuevas y más veloces herramientas para protestar contra las empresas que no actúan bien y pedir que no compren sus productos o para recompensarlas por su buena actuación con más compras).

Segundo, comprender que sí es posible que el sector corporativo sea protagonista del desarrollo sostenible (concepto marco para entender el sentido y enfoque de la responsabilidad social, más allá de repetirlo solo por seguir la moda). ¿Cómo lograr ser protagonista? No con lírica, sino con acciones concretas que reflejen nuevas formas de liderar, gerenciar y crear valor para la empresa y para quienes le permiten prosperar (incluyendo al medio ambiente). Y estas nuevas formas de conducir un negocio, como decía en un inicio, comienzan por los líderes y gerentes empresariales. El norteamericano Peter Senge, autor de “Las organizaciones que aprenden”, en su publicación de hace unos meses,

“La Revolución necesaria”, nos recuerda: “Tenemos que dejar de pretender que los problemas son de otros: en un mundo interconectado no importa en cual lado del barco está el hueco…. Todos somos responsables de asuntos fundamentales como agua, energía, desperdicios, y cada uno de nosotros tiene que ser la solución”.

Revista Stakeholders pag. 33

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