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La crisis silenciosa: 44 especies se extinguieron en 2025, alerta la UICN

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La desaparición de una especie rara vez ocurre de forma visible. No hay un momento exacto, ni un último registro que haga ruido en los titulares globales. Ocurre en silencio, mientras los ecosistemas se fragmentan, las poblaciones se reducen y las alertas científicas quedan atrapadas entre otras urgencias. Así, el mundo despertó en 2025 con una cifra que estremece: 44 especies declaradas extintas por la UICN.

No se trata solo de números ni de nombres en una lista. Cada pérdida representa un vacío ecológico, una historia interrumpida y una señal clara de que los sistemas naturales están llegando a puntos de no retorno. En un contexto donde la sostenibilidad se discute en foros empresariales, gobiernos y comunidades, esta realidad nos confronta con una pregunta incómoda: ¿qué tanto más podemos perder antes de cambiar?

El peso de las especies extintas en 2025 en los ecosistemas

De acuerdo con Aristegui Noticias, las especies extintas en 2025 no son casos aislados ni excepciones estadísticas. Forman parte de una tendencia que la ciencia describe como una aceleración sin precedentes en la historia reciente del planeta. Para la UICN, cada evaluación no solo confirma una desaparición, sino que evidencia una falla colectiva en la protección de la biodiversidad.

El término “irreversible” que utilizan los expertos no es retórico. Cuando una especie se extingue, desaparece también su función ecológica: su rol en la cadena alimentaria, su interacción con otras especies y su contribución al equilibrio de los hábitats. El impacto, aunque invisible a simple vista, se propaga en cascada.

Historias que ya no volverán

El zarapito fino (Numenius tenuirostris) surcó durante siglos los cielos de Eurasia y el norte de África. Su migración era parte del pulso natural entre continentes, una coreografía ancestral que hoy solo existe en registros científicos y relatos de observadores.

En el océano, el pequeño caracol Conus lugubris, endémico de Cabo Verde, también desapareció. Aunque su picadura era venenosa, cumplía una función clave en los ecosistemas marinos. Su pérdida es un recordatorio de que incluso las especies menos “carismáticas” sostienen la vida bajo la superficie.

Mamíferos que se extinguieron lejos del radar

La musaraña de la Isla de Navidad (Crocidura trichiura) fue vista por última vez en la década de 1980. Su desaparición se confirmó décadas después, cuando ya no quedaba rastro alguno de sus poblaciones. Pequeña, discreta y frágil, su historia resume el destino de muchas especies ignoradas.

Australia también perdió tres especies de bandicuts, marsupiales que durante siglos lograron adaptarse a ambientes extremos. Lo que no pudieron resistir fue la presión humana: pérdida de hábitat, especies invasoras y cambios en el uso del suelo terminaron por borrarlos del mapa.

Las especies extintas en 2025 se suman a una cifra aún más inquietante: más de 48,600 especies están hoy en peligro de extinción, lo que representa el 28 % de las evaluadas por la UICN. Algunos grupos enfrentan riesgos extremos, como las cícadas, los corales, los anfibios y los tiburones.

Este panorama no es estático. En los últimos cinco años, 310 especies pasaron oficialmente a la categoría de “Extinta”. Aunque parte del aumento se debe a proyectos de investigación más amplios, la tendencia confirma que la tasa de desaparición sigue creciendo.

Cómo se mide el riesgo de desaparecer

La UICN evalúa a las especies mediante criterios cuantitativos que analizan el tamaño de sus poblaciones, su distribución, el grado de fragmentación y la velocidad de su declive. Estos indicadores permiten estimar la probabilidad de extinción y clasificarlas desde “Preocupación Menor” hasta “Extinta”.

Este sistema no solo ordena datos; también establece prioridades de conservación. Cada categoría es una alerta temprana que, si se ignora, puede convertirse en una sentencia definitiva.

Las especies extintas en 2025 comparten patrones claros: destrucción de hábitat, sobreexplotación, introducción de especies invasoras, enfermedades emergentes y el impacto creciente del cambio climático. Ninguna de estas amenazas actúa de forma aislada; se refuerzan entre sí.

En muchos casos, la presión humana acelera procesos que, de otro modo, tomarían siglos. La diferencia hoy es la velocidad: los ecosistemas no logran adaptarse con la misma rapidez con la que se transforman.

Un reto que también es corporativo y social

Para quienes trabajan en responsabilidad social, esta crisis no es ajena. La pérdida de biodiversidad afecta cadenas de suministro, seguridad alimentaria, estabilidad económica y bienestar comunitario. No es solo un problema ambiental, es un riesgo sistémico. Integrar la conservación en las estrategias empresariales ya no es opcional. Proteger la naturaleza es proteger la continuidad de los modelos de negocio, las comunidades y los recursos de los que dependemos.

Las especies extintas en 2025 son más que una estadística alarmante: son un reflejo de nuestra relación con el planeta. Cada nombre en la Lista Roja representa una oportunidad perdida para actuar a tiempo y una señal de que la sostenibilidad debe ir más allá del discurso.

Frente a esta crisis silenciosa, el desafío es transformar la conciencia en acción. La biodiversidad no es un recurso infinito, y su desaparición es una advertencia clara: proteger la vida en todas sus formas es, en última instancia, proteger nuestro propio futuro.

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