Imagina que, de la noche a la mañana, el gobierno de la economía más grande del mundo decidiera que el humo que sale de las fábricas y los escapes de los autos ya no es, legalmente hablando, una amenaza para la salud. No es una metáfora. El 12 de febrero de 2026, la administración de Estados Unidos ha dado un golpe de timón histórico al revocar el “Endangerment Finding” (Determinación de Peligro).
El Endangerment Finding era la piedra angular jurídica de la política ambiental en Estados Unidos, una determinación científica de 2009 que obligaba legalmente a la EPA a regular los gases de efecto invernadero tras demostrar que ponían en peligro la salud pública y el bienestar futuro. Al revocarlo, el gobierno elimina el sustento legal de prácticamente todas las normativas climáticas federales, desde los límites de emisiones en fábricas hasta los estándares de eficiencia en vehículos, provocando que la sostenibilidad corporativa en el país pierda su brújula regulatoria. En otras palabras, EUA está diciendo que el cambio climático no es un peligro para nadie.
Para ti, si no estás familiarizado con la jerga legal-ambiental, esta decisión es como quitarle los cimientos a un edificio: sin esa base, toda la estructura de regulaciones climáticas que conocíamos se viene abajo. Pero, ¿por qué debería importarte esto si eres un empresario en México, un exportador en China o un inversionista en Europa? Porque este movimiento no es solo una simplificación administrativa; es la mayor reconfiguración del riesgo corporativo en lo que va del siglo XXI.

El ahorro de los 1.3 billones: Una moneda con dos caras
El argumento central de la Casa Blanca para esta revocación es puramente económico. Se estima que eliminar estas regulaciones inyectará 1.3 billones de dólares de alivio financiero a la economía estadounidense, principalmente reduciendo el costo de fabricación de vehículos en unos $2,400 dólares por unidad. A corto plazo, esto suena como una victoria para la competitividad y el bolsillo del consumidor.
Sin embargo, en el mundo de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), sabemos que el riesgo no desaparece, solo cambia de dueño. Al dejar de regular las emisiones a nivel federal, el gobierno ha abierto una “Caja de Pandora” legal. Durante años, las empresas estuvieron protegidas de demandas civiles porque podían decir: “Yo cumplo con la ley federal de la EPA”. Ahora que esa ley ya no existe, las empresas quedan expuestas a litigios directos por parte de ciudadanos y estados bajo la figura de “Molestia Pública”. El costo de defenderte de miles de demandas individuales podría superar, por mucho, esos ahorros iniciales.
El efecto dominó mundial: de la regulación al mercado
Lo que sucede en Washington no se queda en Washington. Para el mundo corporativo global, esta decisión genera tres efectos críticos que debes considerar:
- Fragmentación regulatoria (El caos de las reglas): Al no haber un estándar federal en EE. UU., estados como California o Nueva York redoblarán sus propias leyes verdes. Como empresa global ahora tendrás que navegar un laberinto de reglas distintas: una para Texas, otra para California, otra para la Unión Europea y otra para Asia. Tu eficiencia operativa se pierde cuando no hay un lenguaje común.
- La muralla verde de Europa (CBAM): Mientras EE. UU. se desregula, la Unión Europea sigue adelante con su Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). Esto significa que si una empresa estadounidense produce acero o cemento sin controles de emisiones (porque “ya no es ilegal” en su país), al intentar venderlo en Europa tendrá que pagar un impuesto altísimo para compensar esa falta de sostenibilidad. El ahorro en casa se convierte en un sobrecosto para exportar.
- La fuga de capitales ESG: Los grandes fondos de inversión (como BlackRock o Vanguard) no responden a decretos presidenciales, sino a riesgos a largo plazo. Muchos inversionistas internacionales ven la desregulación como un aumento de la volatilidad. Si tu empresa abandona sus metas de sostenibilidad, podrías ver cómo tus acciones son castigadas por mercados que exigen resiliencia climática ante desastres naturales que, según la ciencia, no dejarán de ocurrir solo porque la ley diga que ya no son un “peligro”.

¿Qué viene ahora? Un mundo a dos velocidades
Estamos entrando en una era de sostenibilidad de mercado, no de ley. Aquellas empresas que vean la revocación del “Endangerment Finding” como una licencia para contaminar podrían estar cayendo en una trampa de obsolescencia. Por el contrario, las compañías líderes seguirán descarbonizando porque sus clientes globales, sus empleados jóvenes y sus bancos así se lo exigen.
Para el resto del mundo, Estados Unidos acaba de ceder el liderazgo en la “economía verde”. China y la Unión Europea están más que dispuestos a llenar ese vacío, dictando los estándares tecnológicos y de infraestructura del futuro. El riesgo para las empresas estadounidenses es que, al ahorrar hoy en filtros de aire, pierdan mañana la carrera por la innovación energética.

Guía de acción para empresas: ¿Cómo navegar esta incertidumbre?
Si tú lideras una organización, este es el momento de actuar con “inteligencia climática”, independientemente de lo que diga el boletín oficial de la EPA. Aquí mis sugerencias:
- No bajes la guardia en el reporte: Aunque la obligación federal desaparezca, mantén tus estándares de medición (como el GHG Protocol). La transparencia sigue siendo tu mejor defensa ante inversionistas y ante posibles demandas legales futuras.
- Evalúa tu exposición a exportaciones: Si tus productos van hacia Europa o países con metas climáticas estrictas, tu ventaja competitiva dependerá de que tu huella de carbono sea baja, sin importar que en tu país de origen sea opcional.
- Fortalece el caso de negocio económico: No vendas sostenibilidad como “filantropía”. Enfócate en la eficiencia. Consumir menos energía y menos agua siempre será rentable para ti, haya o no una ley que lo exija.
- Diversifica geográficamente: Si tu cadena de suministro depende totalmente de regiones desreguladas, considera que el riesgo físico (sequías, inundaciones) sigue ahí. Asegúrate de que tus activos sean resilientes ante el clima real, no solo ante el clima legal.
La revocación del “Endangerment Finding” es un experimento económico masivo. Para las empresas, el reto es no confundir un alivio regulatorio temporal con un cambio en la realidad física del planeta. La sostenibilidad ya no es un tema de “hacer el bien”, sino de supervivencia financiera en un mundo que sigue exigiendo respuestas, aunque algunos gobiernos decidan dejar de hacer las preguntas.









