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Ética y reputación, valores que reconoce el mercado

A unos cuantos días de que se cumpla el segundo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers el próximo 15 de septiembre, fecha que se maneja como el clímax de la crisis financiera de Estados Unidos, se reconoce la falta de éticas como uno de los factores clave que explica una buena parte de los sucesos que ha puesto en riesgo la estabilidad económica mundial.

Bernardo Kliksberg, experto en responsabilidad social y asesor principal del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de América Latina y el Caribe, la calificó como un “tsunami ético”: “Ya Smith, el padres de la economía clásica, había advertido varios siglos atrás, que los mercados debían estar regidos por valores éticos, como la honradez, la prudencia, la transparencia y la confianza mutua. De lo contrario podrán funcionar muy mal”.

Con ello, el tema ético ha tomado una gran fuerza en los últimos años, reconsiderando su importancia en cuanto a la forma en cómo deben manejarse las empresas, ya que la búsqueda de su rentabilidad no debe soslayar o subestimar su impacto en los temas económicos, sociales y ecológicos.

Y si bien la ética se conoce desde la época de los grandes pensadores griegos – hace dos mil 500 años -, en el mundo de las empresas y los negocios se empezó a aplicar desde los años setena del siglo pasado. En Estados Unidos surge con fuerza la Business Ethics, la ética de los negocios, a la cual el mundo europeo prefirió llamar como “ética de la empresa”, con lo que se definía a la empresa como un grupo humano, que lleva adelante una tarea valiosa para la sociedad, la de producir bienes y servicios, a través de la obtención del beneficio.

En perspectiva, resulta anecdótico comprobar cómo la gente se asombraba de que alguien osara ligar dos términos como “ética” y “empresa”. El comentario era siempre el mismo: “es como querer juntar aceite y agua”.

Pero como se mencionó, Adam Smith, fundador del liberalismo económico, y siendo profesor de Filosofía Moral, creía en la economía como una actividad capaz de generar mayor libertad, por lo que su pensamiento se apoyaba en valores éticos.

Tal vez su atención en los setenta se debió en gran parte al ya célebre caso de Watergate y todas sus implicaciones y consecuencias, lo que sirvió para recordar que la “confianza” es un recurso demasiado escaso, y que viene siendo el pegamento que une a los miembros de una sociedad.

Otro gran momento ya emblemático en los tiempos actuales, fueron los fraudes de las empresas Enron, Arthur Andersen y Worldcom en 2001, que sirvieron para revalorar plenamente los conceptos de confianza y ética, los cual desde entonces cada vez más con atendido.

Y esta atención se debe a que las mismas empresas ya consideran la reputación como un valor que reconoce el mercado y, por lo tanto, su cuidado y atención cada vez mayor.

De manera práctica, lo anterior se traduce en una serie de acciones que se realizan en el mundo de los negocios con un comportamiento ético, destacando los Códigos de Ética o de Buen Gobierno, la Responsabilidad Social Empresaria, y el fomento al consumo y del comercio justo, entre otros.

Desde esta perspectiva, las empresas más éticas elevan su competitividad en la forma como atienden a sus grupos de interés afectados por su actividad empresarial; en suma, la que saben emplear sus conocimientos, las que plantean su actividad desde unos valores éticos que constituyen la identidad de la empresa.

Con este enfoque, Amarty Sen, premio Nobel de Economía 1998, explica que una buena empresa es un bien público, porque no solamente ella obtiene beneficios, sino que es un beneficio para la sociedad. Al fin y al cabo, la ética será rentable para los negocios si se consigue que haya cada vez más empresas serias y más responsables.

Filantropía y ética

En la relación con la mencionada definición de Amartya Sen, la filantropía, que se deriva del griego que significa “amor por el género humano”, implica la realización de actividades que resultan discrecionales para la empresa, pero que, de algún modo conlleva la devolución al sociedad, lo que ésta concedió de acuerdo con el contrato social implícito que permite funcionar a las empresas.

De esta forma, ambos conceptos implican la responsabilidad social en diferentes modalidades que tiene la empresa con la sociedad en general y con su grupos de interés en particular.

Fuente: El Financiero – negocios, p. 19
Autor: Antonio Tamayo Neyra
Publicada: 25 de agosto 2010

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