Empresas Responsables

Una ética madura es aquella que encuentra su mayor satisfacción, no en encontrar el beneficio individual y egoísta, sino en asegurar la justicia, la credibilidad y la confianza para el óptimo funcionamiento de la sociedad en la que se desarrollan los negocios. Ésta es una de las principales reflexiones plasmadas por Miguel Ángel Bonilla Martínez, finalista del Concurso de Ética de EGADE Business School; te invitamos a leer su ensayo.

“Niñez a Madurez” por Miguel Ángel Bonilla Martínez

La pequeña tienda sólo quedaba a media cuadra de su casa, en una esquina. Recientemente Fernando había asistido con sus padres a un bautizo y, por lo tanto, de aquel puño de monedas el niño aún conservaba algunas. La tienda, aunque de dimensiones reducidas, estaba muy surtida y con caramelos encimados unos sobre otros. Fernando siempre elegía aquellos dulces que se encontraban en recipientes transparentes y de forma cilíndrica, usualmente entregados en papel de estraza; sus favoritos eran aquellos hechos de dulce de leche. Don Fidel era un señor de 74 años, bastante cuerdo para su edad y de él sólo se sabía que muchos años trabajó en la extinta Mina La Purísima en el Estado de Hidalgo. De los dulces solicitados, Fernando pagó con dos grandes monedas doradas pero recibió un dulce adicional; lo supo al instante, más no dijo nada, y se marchó sonriente a su casa sin hacer comentario alguno.  Esto sucedió en 1987.

Fernando sin saberlo tuvo su primer encuentro con la Ética en los Negocios. Se trataba de una transacción básica donde se realizaba un pago monetario a cambio de un producto y sin la intensión de obtener un beneficio adicional, a cambio, Fernando decidió permanecer callado. De regreso a casa el dulce de leche adicional le pareció más delicioso, ¡claro!, no tuvo que pagar por él. Sintió un gran regocijo y astucia sobre Don Fidel quien, además, jamás se enteró dejando la transacción por siempre impune. ¿Por qué Fernando decidió no retornar el dulce o en su defecto, pagarlo? No lo sabemos,  pero el aprendizaje a sus 7 años fue que él era más astuto y se había salido con la suya.

Los años pasaron, Fernando creció y ahora está inmerso en el mundo de los negocios. Sus actividades cotidianas consisten en una interminable cantidad de llamadas telefónicas, en su mayoría para cerrar ventas que puedan continuar con la expansión determinada por la empresa de donde forma parte. Ahora es un generalista en una posición de mando alto y podríamos decir que la mayoría de sus decisiones diarias giran alrededor de la ética en los negocios. Está focalizado en incrementar la rentabilidad para garantizar permanencia en un mercado muy competido lo que implica encarar si la decisión es “correcta”, “obligatoria”, “permitida”, “mala”, etc. Cada una de estas declaraciones siempre implica una valoración de tipo moral en donde una decisión correcta no necesariamente fue ética en un contexto filosófico pero posiblemente acertada si cumplió el objetivo planteado por la empresa.

Debemos olvidar que hay escalas para considerar si un acto es ético o no; la situación es binaria y como ejemplo podemos considerar a Fernando en su niñez: el acto fue consciente y libre del cual obtuvo un beneficio. Lo correcto hubiera sido que regresara el producto haciendo saber al vendedor o bien, pagar por el dulce adicional. Sin embargo, Fernando tomó la libre decisión de no hacer nada basado en un ingenioso argumento: “el vendedor fue quien cometió el error” y jamás sabría que el niño abuso de ello. Por lo tanto, considero muy importante establecer en las organizaciones una reconstrucción en el sistema de confianza y credibilidad en donde la ética como entidad filosófica y racional enfocada a la rectitud de las normas morales que rigen nuestra conducta sea implementada.

La carencia actual de ética nos ha llevado a crear entidades corporativas que en un principio no deberían de existir. Dedicamos recursos para crear códigos internos que si bien no imponen castigos legales, sí repercuten en sanciones internas. La realidad es que no debería ser así. No deberían tener que recordarnos cómo actuar apropiadamente, o sancionar comportamientos incorrectos; no deberíamos de obtener ventaja de situaciones injustas. Esto lo sabemos puesto que la distinción entre lo correcto e incorrecto fue enseñada y siempre notificada durante el proceso de nuestra maduración como personas. Sin embargo, hoy ocurre que, como en el caso del niño Fernando, se actúa contra la norma sin ser reprendidos y se obtiene un satisfactor. La ética en los negocios a gran escala me recuerda un poco al niño Fernando, no lo defiendo por el acto de silencio; sin embargo considero que éste se derivó de un error ajeno: el descuido del vendedor.

LIBOR, una institución londinense encargada de estimar tasas de interés bancario cuando de prestar dinero entre bancos se trata. En estricto sentido LIBOR es creado como un medio de credibilidad, uniformidad y estandarización de tasas interés interbancario, todo ello para crear certidumbre. Sin embargo, en 2012 se reveló una colusión y fraude por diversos miembros de bancos conectados para ajustar las tasas de interés. ¿Qué pasa cuando la entidad creada para imponer credibilidad falla? El resultado obvio es incredulidad. El error de raíz se encuentra, para ser francos, en la educación, pero una educación  basada en la justicia, en valores. No dudamos que los integrantes de este fraude sean personas educadas en universidades privadas con estudios de posgrado, que en la búsqueda de un satisfactor erraron en el camino de la ética en los negocios. India cuenta con un índice de corrupción tan elevado como el de México. Ratan Tata, presidente de Tata Motors citó, “Si elijes no participar (en actos de corrupción), dejarás atrás una gran cantidad de negocios”. Esto pareciera muy cierto si ubicamos el contexto en México, en donde los negocios frecuentemente deben enfrentar complejas decisiones donde la ética juega un rol de suma importancia. Nos enfrentamos con barreras de entrada, contratos, licitaciones, obtención de permisos, etc., que si se buscan atender por el camino de la rectitud resultarían prácticamente inalcanzables.

Nuevamente propongo la implementación de una reconstrucción del sistema de confianza y credibilidad, instrumento donde la ética en los negocios se enfocara en lograr el cumplimiento, por medio de la rectitud, de las normas establecidas; igualando la participación de cualquier competidor en el mercado; ofreciendo a cada consumidor una veracidad en el producto ofrecido; respetando la salud de los empleados, no mintiendo en la descripción de la oferta; no ofreciendo sobornos para la obtención de satisfactores; pero, sobre todo buscar justicia.

Fernando maduró y aprendió la lección, la cual radica en que un caramelo jamás será más dulce que la satisfacción de comportarse sin egoísmo, sin perturbar la libertad de un semejante, sin obtener un enriquecimiento no ganado.

Olvidé mencionar, el nombre de Fernando es ficticio, en realidad se trató de una experiencia en mi infancia.


SustentusSUSTENTUS – Centro de Desarrollo Sostenible

Centro de Desarrollo Sostenible (SUSTENTUS) concentra sus esfuerzos en el área de sostenibilidad, por medio de estudios orientados hacia la gran empresa y el emprendimiento social, propiciando la vinculación entre la academia, la iniciativa privada, y las organizaciones de la sociedad civil para el desarrollo de proyectos conjuntos.
El centro pertenece a la EGADE Business School sede Monterrey, y es dirigido actualmente por su fundador el Dr. Gerardo Lozano Fernández, quien ha estudiado la sostenibilidad empresarial desde el año 1999.En esta columna encontrará casos sobre empresas y OSC que han generado un desarrollo sostenible en diversos países de Latinoamérica. Además encontrará diversos análisis y opinión sobre las tendencias y prospectiva de la sostenibilidad empresarial a nivel internacional.

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