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Está condenado el mexicano al plagio

ExpokFocus:

A través de un Twitter de Mauricio González, nos llegó la recomendación de este artículo de Roberta Garza, titulado Todos somos Plagio. La recomendación traía etiqueta de ser uno de los artículos más lúcidos de la semana y vaya si lo fue, describiendo algunos sucesos del mundo editorial mexicano y exponiendo nuestro ADN corrupto como país. Reproducimos el artículo íntegro a continuación:

Qué madriza le puso Evodio Escalante a Javier Sicilia en el Laberinto de este pasado sábado. Escalante desmenuza sin piedad las páginas de Tríptico del desierto, libro que consiguió el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009, demostrando que Sicilia maquilló párrafos de Elliot, Celan y Rilke para hacerlos pasar como propios. El descobije es tan irrefutable como el que Guillermo Sheridan le acomodó a Guadalupe Loaeza cuando la pescó con las manos en el plagio.

En esa ocasión la articulista se justificó diciendo que estuvo enferma y que no pudo darle a la verdadera autora el crédito, evidenciando que es tan mala para plagiar como para excusarse. Falta ver qué ocurre con Sicilia y si, como debiera, Conaculta le retira el premio.

Falta ver. Porque México parece favorecer el cinismo y la deshonestidad: el corruptísimo amo de los señores de las ligas y de las fichas es para muchos un mártir del Estado; la guerrillera en ciernes es una pobre estudiante; el cardenal encubridor es un líder moral y cuando se le pide rigor y sustento a periodistas malhechos y voladores la respuesta habitual es un sentido grito de “censura”.

Y a todos ellos, en vez de castigarles la falsedad, se les otorga una solidaridad utilitaria donde la crítica merece un linchamiento entre más virulento mejor, en aras de asumirnos todos como gente sensible y políticamente correcta.

Hace 26 años, en una escuela de un pequeño pueblo del sur de Alemania, entré al salón de clase para presentar el primer examen del año escolar que allí viví. El maestro repartió las preguntas, bostezó y dijo vengo, voy a comer; si necesitan algo estoy en el piso de arriba. Y salió del salón cerrando tras de sí la puerta. Asombrada miré a mi alrededor: mis compañeros todos se concentraron en sus reactivos y se acomodaron para el largo ejercicio. Nadie habló, nadie miró a los lados, nadie pidió que le pasaran el examen.

Cuando todo acabó pregunté por qué nadie había copiado, y la respuesta fue unánime: ¿Estás loca? Me reviento la cabeza repasando el material, ¿crees que luego voy a regalárselo a algún huevón cuando a mí me costó tanto entenderlo? Si alguien me quiere copiar se la parto…

Pues sí. Cuando menos así es allá: acá, negarle el examen —o el moche, la coartada y la prebenda— al vecino zángano equivale a traición a la patria. Quizá por eso a Loaeza su diario no sólo le sigue pagando generosamente por hacer copy-paste sino que, encima, el PRD la postula para diputada federal. Sí… quizá por eso.

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1 comentario

  • ¿Dónde está la lucidez del texto? Yo no la veo por ningún lado. Todo lo contrario: no hay una sola frase inteligente en él. Antes de escribir, la autora debería ponerse a leer un poco. Un muchacho de bachillerato redacta mejor.

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