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El rostro social de los números

Cuando se piensa en la economía, generalmente llega a la mente una serie de números fríos que sólo expertos en la materia comprenden, y de políticas que nada tienen que ver con la situación de la población.

Sin embargo, la economía toma un rostro social, con especial énfasis en las clases más desprotegidas, cuando las políticas buscan precisamente reducir las grandes desigualdades que hay en la distribución de la riqueza.

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Y aunque son pocos los economistas que atienden estas necesidades, como siempre hay sus honrosas excepciones, como la de Jeffrey Sachs, quien se ha convertido no sólo en uno de los economistas más influyentes en la época actual, sino en uno de los fuertes críticos de la crisis financiera y económica que vive el mundo.

A sus 54 años, y con una gran experiencia en la academia, Sachs ha centrado sus trabajos y experiencia en aspectos relacionados con la pobreza, el hambre y el cambio climático.

El economista de la Universidad de Columbia y especialista en temas de desarrollo, se ha caracterizado por tratar de entender y dar una mejor interpretación a los problemas de las naciones en vías de desarrollo, para evitar que los economistas apliquen políticas que finalmente pueden convertirse en un mayor dolor de cabeza por las fuertes repercusiones sociales que implican.

En 2005 publicó El fin de la pobreza: cómo conseguirlo en nuestro tiempo, un libro que tuvo gran éxito en el área académica y rápidamente se convirtió en uno de los textos de Economía más importantes publicados en los últimos años, y que ha servido de guía para investigadores, académicos y gobernantes por la profundidad con la que toca los temas relacionados con las políticas que aplican organismos internacionales para reducir o tratar de eliminar la pobreza.

En la obra, sin duda plasma gran parte de sus experiencias como economista e investigador en materia de desarrollo, pero la gran aportación es la visión con la que se deben ver las políticas y la forma en que aterriza a los economistas que están detrás de los organismos internacionales que las dictan.

“En algunos aspectos, la economía del desarrollo actual es como la medicina del siglo XVIII, cuando los médicos usaban sanguijuelas para extraer sangre a sus pacientes, a quienes a menudo mataban en el proceso. Durante el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos han suplicado ayuda al mundo rico, se les ha enviado al médico monetario del mundo, el FMI. La principal receta del FMI ha consistido en recomendar que se aprieten el cinturón presupuestario unos pacientes demasiado pobres para tener siquiera cinturón. La austeridad propugnada por el FMI ha provocado a menudo disturbios, golpes de Estado y el derrumbamiento de los servicios públicos”, detalla Sachs en el capítulo cuarto de su libro.

Pero su visión no se queda sólo en el rubro de la economía; su aportación también va hacia el campo de la ecología, con una mezcla interesante de política económica como el eje rector; incluso ha sido asesor de gobiernos de Latinoamérica (especialmente de Bolivia), Europa del Este (Polonia y Rusia), Asia y África.

Con esa experiencia, fue uno de los primeros en advertir sobre la gran crisis financiera que venía, y que recientemente —en entrevista con El País— criticó severamente.

En la entrevista publicada en enero, Jeffrey Sachs no descarta que la fuerte recesión mundial pueda derivar en una depresión, si se cometen más errores.

A quien en 1993 la revista New York Times citara como “probablemente el economista más importante del mundo”, expone que Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, tuvo mucho que ver en la actual crisis, aunque descartó un colapso global.

Fuente: El Universal

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