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El CEO que discrimina a los no cool, Abercrombie & Fitch

Los códigos de ética, las estrategias de responsabilidad social y los valores institucionales, pueden estar redactados a la perfección y pintar a la empresa más responsable del mundo, pero cuando éstos no se llevan a la práctica, no sólo resultan inútiles, también contraproducentes.

Este es el caso de Abercrombie & Fitch, cuyo CEO, Mike Jeffris se manifestó recientemente en contra de que personas poco atractivas vistan ropa de la marca; declaraciones que han desatado una enorme polémica en los medios de comunicación y al interior de las redes sociales, en donde los usuarios acusan a la marca de políticas discriminatorias.

Pero ¿qué plantean originalmente dichas políticas? En su página de internet, Abercrombie destaca A&F cares, una sección dedicada a este tema en dónde irónicamente se compromete con la inclusión y la diversidad tanto al interior como al exterior de su organización. Entre sus lineamientos se encuentra someter a todas sus tiendas a auditorias para supervisar que los procesos de reclutamiento cumplan con las políticas de inclusión establecidas en el código de conducta, dónde establece que “Los empleados deben ser reclutados y evaluados en función de sus capacidades para realizar las tareas requeridas y no de sus creencias o características personales”.

“La gente atractiva atrae a otra gente atractiva. Es por eso que sólo empleamos personas hermosas”, declaró. Sin embargo el estatus que Abercrombie pretende vender ¿la convierte en una marca exclusiva o en una marca excluyente?

La ausencia de tallas grandes en sus tiendas, apunta claramente a la exclusión más que a la exclusividad. La falta de coherencia entre sus acciones y su código de conducta, hablan no sólo de acciones discriminatorias sino además de una comunicación inadecuada que raya en la deshonestidad con los consumidores que visitan su sitio web. ¿Realmente es esta la imagen “cool” que A&F puede presumir?

Es cierto que las personas atractivas venden, y eso no es culpa de las empresas, para muestra basta mirar la expansión que la marca tuvo por Europa durante el 2012, y las campañas de Dove, H&M e innumerables compañías que aunque pretenden ser incluyentes y mostrar a mujeres “más reales” tampoco utilizan (y seguramente no lo harán) personas que no resulten atractivas para sus consumidores. ¿Pero es necesario ser excluyente para vender exclusividad? Los consumidores pensamos que no.

Acerca del autor

Corinna Acosta

Comunicóloga, Mercadóloga y Especialista en Marcas Humanas. Colabora en este espacio desde 2012.

Generadora de estrategias y contenidos digitales. Defensora de la comunicación corporativa con enfoque humano. @coryacr en Twitter.

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