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El Calificador de la 
Condusef desorienta

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) es una autoridad fundamental en nuestro país ya que, en buena medida, nos protege a todos los que usamos servicios financieros ante situaciones o desacuerdos con nuestro banco, compañía de seguros, operadora de fondos, etcétera.

Además, es una de las pocas instituciones que, desde el gobierno federal, hace verdaderos esfuerzos para promover la cultura financiera de la población.

Sin embargo, la Condusef,como todas las autoridades, también tiene sus errores. En este sentido, genera información que, en mi opinión, desorienta a los consumidores. Tal es el caso de el Calificador.

Quiero aclarar que parte de la responsabilidad de cualquier actor en una sociedad es mantener una visión crítica. En este sentido, siempre he tenido claro que mi labor como columnista y asesor en finanzas personales no se limita a repetir la información generada por otros actores. Por el contrario, me siento obligado a poner esta información en el contexto debido y ayudar a que las personas que me distinguen al leerme la entiendan y puedan reflexionar sobre ella.

¿Por qué desorienta el Calificador de la Condusef?

El Calificador de Información de Productos Financieros es una herramienta que asigna un valor numérico sobre la calidad de la información que generan las instituciones financieras para dar a conocer, promocionar, informar y formalizar sus productos o servicios.

A primera vista, la iniciativa es buena. A ninguna empresa le gusta –o le conviene– estar mal calificada en alguno de sus productos. En este sentido, dicha herramienta puede incentivar a las instituciones para ofrecer cada vez una mejor calidad de información a sus usuarios.

Además, las empresas mejor calificadas pueden hacer uso de ello con fines de promoción, por ejemplo: “Nuestro seguro de casa habitación es el mejor calificado por la Condusef”.

Pues bien, esto es precisamente el problema. Recordemos que el Calificador evalúa la calidad de la información que se presenta a los usuarios, pero no la calidad del producto o la institución financiera en sí. En este sentido, puede ser que el producto que haya obtenido la mejor calificación sea, en realidad, uno de los peores: caro, de alcance limitado, etcétera.

Aunque la Condusef aclare que el Calificador únicamente evalúa calidad de información y no calidad del producto, la realidad es que casi todos los medios de comunicación hablan del mejor o el peor o los productos mejor calificados. Y esto puede hacer que muchas personas se vayan con la finta y tomen la decisión sobre contratar o no un producto, con base exclusivamente en esta calificación.

El Calificador intenta ponerle un valor cuantitativo a temas esencialmente cualitativos. Esto es un problema cuando se trata de productos intangibles como son la mayoría de los productos financieros.

Pensemos en un coche. Hay muchas cualidades que se pueden evaluar de manera objetiva y numérica: el desempeño del motor, de los frenos, el espacio para sus ocupantes. Hay otras cualidades que son más subjetivas, como el diseño o la calidad de sus acabados, pero incluso para éstas existen parámetros estandarizados que se pueden traducir fácilmente en una escala numérica.

Ahora, supongamos que ya tenemos todos estos datos. ¿Cómo le asignamos una calificación a partir de ellos? ¿Debe tener más peso la aceleración del coche o la calidad del frenado? ¿Qué tanto debe influir, en la calificación final, la calidad de las alfombras y vestiduras?

Esto puede darnos una idea de lo difícil que es calificar un bien tangible como un coche. Las distintas leyes que existen en materia financiera cuentan con lineamientos para el diseño de productos, que contienen parámetros acerca de lo que se puede o no ofrecer al público usuario y la información que debe acompañar a cada oferta (como por ejemplo, el famoso CAT que por ley se debe publicar para cada uno de los productos).

El Calificador evalúa criterios que van más allá de lo que las entidades financieras están obligadas, por ley, a proporcionar a sus usuarios. Lo cual también genera no sólo discusión, sino inconformidad de aquellas empresas que cumplen a cabalidad con la legislación, pero que son mal evaluadas porque la Condusef tiene criterios que van más allá de la misma.

Fuente: leconomista.com.mx
Por: Joan Lanzagort
Publicada: 13 de Junio de 2012

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