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La crisis climática amenaza hasta el 18 % de los ingresos del deporte, ¿por qué?

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La industria deportiva global, una de las más dinámicas y rentables del mundo, enfrenta hoy un riesgo sistémico que hasta hace poco era subestimado: la crisis climática. Un nuevo análisis elaborado por Oliver Wyman, con el respaldo del Foro Económico Mundial y más de 120 organizaciones del ámbito deportivo y ambiental, advierte que los crecientes desafíos ambientales podrían erosionar de manera significativa los ingresos del deporte en las próximas décadas. El informe no habla de escenarios hipotéticos, sino de impactos económicos medibles y cada vez más probables.

De acuerdo con este análisis, alrededor del 18 % de los ingresos anuales proyectados para la industria deportiva mundial en 2050 —equivalente a 1.6 billones de dólares— está en riesgo debido al colapso climático y ambiental. La advertencia resulta especialmente relevante si se considera que el deporte ha sido visto como una apuesta segura para inversionistas privados y fondos soberanos. Hoy, esa narrativa de crecimiento ininterrumpido comienza a resquebrajarse frente a una realidad climática cada vez más hostil.

Estrés térmico y clima extremo: el mayor riesgo para los ingresos del deporte

El estrés térmico emerge como el principal factor de riesgo identificado por el informe, con impactos directos sobre los ingresos del deporte. En numerosas regiones del mundo, el aumento sostenido de las temperaturas está haciendo que ciertas horas del día o épocas del año sean incompatibles con la práctica deportiva segura. Esto obliga a reprogramar competencias, reducir calendarios o incluso cancelar eventos, afectando derechos de transmisión, patrocinios y venta de boletos.

Las condiciones climáticas extremas —olas de calor, inundaciones, incendios forestales y tormentas más severas— también están reduciendo la fiabilidad de la infraestructura crítica. Estadios, centros de entrenamiento, sistemas de transporte y redes energéticas se ven cada vez más expuestos a interrupciones. Para una industria que depende de la puntualidad, la logística y la experiencia del aficionado, estas fallas representan pérdidas económicas inmediatas y acumulativas.

El informe advierte que estas disrupciones no solo afectan a los grandes eventos internacionales. Ligas locales, torneos regionales y deportes amateurs también están siendo impactados, erosionando la base social y económica del ecosistema deportivo. Esto pone en entredicho la sostenibilidad de los modelos de negocio actuales, especialmente en regiones vulnerables al calentamiento global.

 ingresos del deporte

Además, el estrés térmico tiene implicaciones directas sobre la salud de los atletas. El aumento del riesgo de golpes de calor y lesiones relacionadas con altas temperaturas no solo pone en juego la integridad física de quienes compiten, sino también la reputación y la responsabilidad legal de organizaciones deportivas que no se adapten con rapidez a este nuevo contexto.

Cadenas de suministro, aficionados y naturaleza: riesgos que se acumulan

Más allá de los eventos en sí, la crisis climática amenaza los ingresos del deporte a través de impactos en toda su cadena de valor. El análisis señala que las condiciones climáticas extremas y la degradación ambiental están interrumpiendo las cadenas de suministro de artículos deportivos, desde materias primas hasta procesos de manufactura y distribución. Esto incrementa costos, genera retrasos y reduce márgenes de ganancia.

El público también se ve afectado. Una de cada cinco personas en el mundo ya enfrenta dificultades para realizar actividad física al aire libre debido a las condiciones climáticas. Esta realidad reduce la participación deportiva, el consumo de productos asociados y la conexión emocional con las marcas deportivas. A largo plazo, esto debilita la base de aficionados que sostiene el crecimiento del sector.

El informe incorpora además los riesgos vinculados con la contaminación y la degradación de la naturaleza, factores que suelen quedar fuera del análisis financiero tradicional. La pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y la mala calidad del aire impactan directamente la viabilidad de sedes deportivas y eventos al aire libre, especialmente en economías urbanas altamente dependientes del deporte como motor económico.

En este contexto, resulta cada vez más claro que el deporte no es una industria aislada del entorno natural. Por el contrario, depende profundamente de ecosistemas estables y funcionales. Ignorar esta interdependencia no solo es ambientalmente irresponsable, sino financieramente imprudente para quienes apuestan por el crecimiento continuo del sector.

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Un nuevo modelo de prosperidad: colaboración o declive

Ante este panorama, los autores del informe concluyen que se requiere una “acción integrada” para construir un nuevo modelo de prosperidad que proteja los ingresos del deporte frente a los riesgos climáticos. Dado que los impactos ambientales se propagan en cascada, ninguna organización puede abordarlos de manera aislada. La resiliencia del deporte dependerá de la colaboración entre gobiernos, autoridades locales, empresas, ligas, federaciones y expertos en desarrollo sostenible.

El análisis destaca la necesidad de catalizar financiamiento específico para resiliencia y sostenibilidad, así como de reconocer el papel del deporte en las economías urbanas. También subraya la importancia de defender activamente la gestión responsable de los recursos naturales, no solo como discurso, sino como práctica operativa cotidiana. “Predicar con el ejemplo” implica reducir el consumo de agua, minimizar residuos y replantear el uso de envases en instalaciones deportivas.

A nivel global, el informe señala avances a través de iniciativas como Deporte para la Acción Climática y Deporte para la Naturaleza, respaldadas por la ONU, así como colaboraciones entre la Federación Mundial de la Industria de Artículos Deportivos y la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, advierte que estos esfuerzos deben escalarse rápidamente para estar a la altura de la magnitud del desafío.

El mensaje es claro: el deporte enfrenta una encrucijada histórica. Puede liderar la transición hacia modelos más resilientes y sostenibles, o puede continuar ignorando los riesgos hasta que las pérdidas económicas sean irreversibles.

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Conclusión: cuando la crisis climática redefine las reglas del juego

La advertencia de que hasta el 18 % de los ingresos del deporte podría desaparecer para 2050 no es solo un dato alarmante; es una señal de que la crisis climática está redefiniendo las reglas del juego para todas las industrias. En el caso del deporte, los efectos son especialmente visibles e inmediatos debido a su dependencia del entorno físico, la infraestructura y la participación social.

Este análisis deja una lección clave: la gestión del riesgo climático ya no es opcional ni reputacional, sino una condición básica para la viabilidad económica. El futuro del deporte dependerá de su capacidad para reconocer esta realidad y actuar en consecuencia, entendiendo que proteger el clima y la naturaleza no es un costo, sino la única vía para asegurar su prosperidad a largo plazo.

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