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COP 16: ¿y México qué busca?

¿Se conformará México sólo con ser un buen anfitrión, hospitalario y sonriente? ¿Se resignará a que la COP 16 en Cancún pase de largo sin mayor pena ni gloria? O ¿Identifica México sus intereses estratégicos? ¿Sabe qué principios, qué arquitectura y qué opciones y mecanismos perseguir para el régimen pos 2012 de cambio climático? ¿Buscará catalizar y encauzar las negociaciones hacia ellos? ¿Tiene claro cómo hacerlo? ¿Con qué coalición de países cuenta?

En forma independiente a la medianía de resultados que se esperan de Cancún, más temprano que tarde habrá un nuevo régimen internacional para confrontar el cambio climático. Éste se perfila como un formidable desafío de política exterior y como un nuevo contexto para la definición de muchas políticas internas. Significará ni más ni menos la restructuración de la economía global en el siglo XXI y un poderoso factor de realineación de hegemonías entre estados-nación.

México necesita urgentemente una narrativa económica y de política exterior en este tema, mucho más allá de los sitios comunes de corrección política habituales.

Asumir una visión coherente y de vanguardia de cara al proceso de negociaciones internacionales nos permitiría restaurar liderazgo y prestigio, y ganar posiciones de influencia en el ámbito multilateral, además de ofrecer una firme palanca de persuasión y legitimidad para las imperiosas reformas estructurales internas hoy pendientes, por ejemplo, en materia fiscal y energética, y en la gestión del territorio. Para ello, habría que hacer una evaluación clara de lo que ha significado el Protocolo de Kioto, de sus ventajas y limitaciones.

Kioto ha instaurado exitosamente un mercado internacional de carbono, ha dado flexibilidad a los países desarrollados para cumplir sus compromisos con eficiencia económica y se construyó sobre principios de equidad que abrieron las puertas para su viabilidad política.

Sin embargo, Kioto dejó fuera a grandes emisores de gases de efecto invernadero (Estados Unidos, China, Brasil, India, México, entre otros). Esto es grave, porque las naciones en vías de desarrollo superarán en emisiones a las naciones desarrolladas antes de que termine esta década.

De hecho, si los países ricos redujeran a cero sus emisiones al 2030, aún sería físicamente imposible lograr los objetivos de estabilización del clima en el planeta planteados por la ciencia -el IPCC (450 partes por millón de CO2e y menos de 2°C de aumento en la temperatura).

Además, Kioto polariza al mundo en ricos y pobres, aunque muchos pobres de entonces (1992, cuando se firmó la Convención) gozan ahora de un PIB per cápita mayor al de numerosas naciones con compromisos de reducción de emisiones.

Kioto también es miope, tiene alcances de muy a corto plazo (2008-2012) y no establece incentivos u horizontes de precios relativos de largo aliento que induzcan el cambio tecnológico con la escala y el ritmo necesarios. Permite fugas (leakage) de inversión y de emisiones a países en vías de desarrollo sin obligaciones, lo que distorsiona sus economías haciéndolas más intensivas en carbono y carece de sanciones creíbles por incumplimiento (ver caso extremo de Canadá). Por último, sólo se estructura a partir de compromisos por cada país desarrollado (es de sección cruzada, como dirían los econometristas) en un solo momento, sin una dimensión temporal.

México debe construir su visión y posición hacia el nuevo régimen pos 2012 teniendo como referentes las fortalezas y debilidades de Kioto, y sus propios intereses estratégicos.

Algunas ideas: a) todos los países relevantes deben participar con compromisos graduales crecientes de acuerdo con su PIB/PC en forma flexible, tal vez al inicio voluntaria y con un horizonte de largo plazo hacia el 2050; b) sistemas internacionalmente homologados de cap and trade y de impuestos al carbono–carbon tax; c) aranceles compensatorios de carbono a las importaciones de países ricos y emergentes que no participen respetando las reglas de la OMC; d) un mercado integrado de carbono a escala global como motor de un nuevo capitalismo climático, y e) financiamiento multilateral a gran escala a los países menos desarrollados.

Asumir una visión coherente y de vanguardia de cara al proceso de negociaciones internacionales nos permitiría restaurar liderazgo y prestigio, y ganar posiciones de influencia en el ámbito multilateral.

Fuente: El Economista – empresas y negocios, p. 34
Autor: Gabriel Quadri de la Torre
Publicada: 13 de septiembre 2010

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