Ambiental

China cambio climático y energías alternativas

Desde finales de la primera década del siglo, cabe a China la infame reputación de mayor emisor de gases de efecto invernadero. Cuando en el pasado se la confrontaba con el hecho de que, dado crecimiento de sus emisiones, desplazaría pronto a Estados Unidos de la poca envidiable posición de principal contaminador, ésta solía argüir que, en términos per cápita, la gran patencia capitalista generaba emisiones, mucho mayores. Este argumento espurio dejó de repetirse desde hace años. Sigue alegando, con razón, que Estados Unidos y otros países industrializados han contribuido por muy largo tiempo a la concentración creciente de esos gases en la atmósfera.

China se resiste aún a asumir compromisos cuantificables, medibles y exigibles de reducción de emisiones. Pero ahora, en el inicio del nuevo decenio, es quizá el país más comprometido, de manera efectiva, con la lucha contra el cambio climático. Este hecho no es reconocido ni divulgado por razones políticas y también, en parte, porque China no se ajusta a los estándares establecidos internacionalmente.

En lugar de aceptar una reducción dada del volumen de emisiones, China ha asumido objetivos de reducción de la intensidad energética de su economía. Ha establecido una baja 40 a 45% para 2020 respecto de 2005, que equivaldrá a abatir en un billón de toneladas sus emisiones de CO2, alrededor de una cuarta parte de la reducción global de 3.8 billones que, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en necesaria.

Además, China ha puesto en marcha el más ambiciosos programa de desarrollo de fuentes de energía con bajo o nulo contenido de emisiones. Es ahora el líder en producción de paneles solares, con mejoras técnicas que tornan competitiva a la energía solar y le proporcionan amplia ventaja en los mercados mundiales. Ha aumentado muy notablemente la capacidad instalada degeneración eólica e hidroeléctrica, que en 2010 alcanzaron los 10 y 190 millones de kilowatts, respectivamente.

Como el carbonó seguirá siendo la principal fuente energética, de la que depende 70% de la generación eléctrica, el esfuerzo se orienta a las tecnologías de combustión limpia.

A pesar de que el accidente de Fukushima a principios de 2011 paralizó los proyectos nucleoeléctricos en muchos países, en China se lleva adelante el mayor programa de construcción de centrales nucleares, con el objetivo de generar 70 gigawatts en 2020.

El desarrollo de equipo y tecnologías energéticas de avanzada es ahora uno de los mayores propulsores del crecimiento y diversificación de las segunda mayor economía del mundo, y un poderoso reductor de su responsabilidad en materia de cambio climático.

Ahora bien, ¿cuál será la postura de China en Durban? ¿Será el principal promotor de la inclusión de directrices que hagan obligatoria la utilización de energías limpias? Muy probablemente no. Ese país ha iniciado un desarrollo espectacular de ellas para atender a sus propias necesidades. Es probable que espere que otros contribuyan a través de otras formas de reducción o secuestro de emisiones. Pero nada más.

Fuente: Equilibrio, p. 3.
Por: Jorge Eduardo Navarrete.
Publicada: diciembre de 2011.

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