Durante años, las pequeñas y medianas empresas han sido la principal puerta de entrada para miles de jóvenes que buscan iniciar su carrera profesional. Sin embargo, una encuesta realizada por la Facultad de Negocios LeBow de la Universidad de Drexel, muestra un cambio preocupante: las pymes planean contratar menos talento joven en 2026, lo que anticipa un escenario más restrictivo para quienes buscan su primer empleo formal.
Para las pymes, la cautela responde a presiones económicas y operativas; para los jóvenes, significa retrasos en su inserción laboral y trayectorias profesionales más frágiles desde el inicio.
Los recién graduados en el mercado laboral: menos margen para formar talento joven
Las encuestas nacionales muestran que las pequeñas empresas tienen 30 % más probabilidades que las grandes de afirmar que no contratarán recién graduados en 2026. Además, según este análisis, aproximadamente una de cada cinco pymes planea reducir o eliminar este tipo de contrataciones, marcando la mayor caída en más de una década. Esta decisión está directamente relacionada con la falta de recursos internos para procesos de capacitación prolongados.
A diferencia de las grandes corporaciones, muchas pymes no cuentan con programas formales de inducción, supervisores dedicados o áreas de formación. Para ellas, contratar a recién graduados en el mercado laboral implica asumir costos de tiempo y productividad que no siempre pueden absorber. En sectores como manufactura o salud, esta limitación se vuelve aún más evidente.
Además, la presión por resultados inmediatos hace que las pequeñas empresas prioricen perfiles que puedan aportar valor desde el primer día. Esto reduce el espacio para el aprendizaje gradual y coloca a los recién egresados en clara desventaja frente a candidatos con experiencia previa, aunque sea mínima.
El resultado es un círculo vicioso: las pymes necesitan talento adaptable, pero no pueden invertir en desarrollarlo; los jóvenes requieren oportunidades para adquirir experiencia, pero no logran acceder a ellas. Esta desconexión erosiona la función histórica de las pequeñas empresas como semilleros de talento.

Preferencia por perfiles ya conocidos y “probados”
Otro factor clave es la preferencia de las pymes por contratar pasantes, becarios o estudiantes de programas cooperativos que ya han trabajado previamente con ellas. Estos perfiles reducen la incertidumbre, ya que conocen la cultura organizacional y requieren menos acompañamiento inicial. En un contexto de cautela económica, esta estrategia se percibe como menos riesgosa.
Para los recién graduados en el mercado laboral que no tuvieron acceso a prácticas o programas de este tipo, la barrera de entrada se vuelve mucho más alta. El título universitario, por sí solo, ha perdido peso frente a la experiencia práctica demostrable, incluso para puestos de nivel inicial.
Las grandes empresas también han reducido su ritmo de contratación, pero enfrentan menos obstáculos estructurales. Su capacidad para absorber costos de formación explica por qué la desaceleración es más pronunciada en las pymes. Esta asimetría profundiza la segmentación del mercado laboral juvenil.
En consecuencia, el acceso al primer empleo depende cada vez más de decisiones tomadas durante la etapa formativa. Quienes no lograron insertarse tempranamente mediante prácticas quedan rezagados, aunque cuenten con credenciales académicas sólidas.

Factores territoriales y sectoriales que agravan la exclusión
Las dificultades no se distribuyen de manera uniforme. En zonas urbanas, el costo de la vivienda crece más rápido que los salarios iniciales, lo que obliga a muchos jóvenes a vivir lejos de sus lugares de trabajo. Para las pymes, que suelen contratar talento local y no pueden ofrecer sueldos más altos, esto reduce el número de candidatos viables.
En suburbios y zonas rurales, los largos desplazamientos y la falta de transporte confiable complican aún más la ecuación. Aunque existan vacantes, mantener a los recién graduados en el mercado laboral se vuelve un desafío tanto para empleadores como para trabajadores. La contratación presencial, buscada por casi 60 % de las pymes, intensifica estas barreras.
A nivel sectorial, las oportunidades también son limitadas. Aunque salud y construcción concentran el crecimiento del empleo, estos sectores priorizan perfiles con experiencia o formación técnica específica. Industrias como manufactura, artes y entretenimiento, por su parte, prevén contratar menos recién graduados en los próximos años.
Así, incluso en un contexto de creación de empleo, las oportunidades para quienes inician su carrera siguen siendo escasas. La desconexión entre los sectores que crecen y los perfiles que egresan de las universidades profundiza el problema estructural de inserción laboral juvenil.

Un riesgo sistémico para el futuro del trabajo
La decisión de las pymes de reducir la contratación de recién graduados no es solo una reacción coyuntural, sino una señal de alerta sobre la fragilidad del ecosistema laboral. Excluir a los recién graduados en el mercado laboral implica desperdiciar talento, frenar la movilidad social y debilitar la innovación a largo plazo. Sin mecanismos que faciliten la transición entre educación y empleo, el sistema se vuelve cada vez más excluyente.
Si esta tendencia se consolida, las consecuencias no recaerán únicamente en los jóvenes. Las pymes perderán la oportunidad de renovar capacidades, mientras que el mercado laboral se volverá más rígido y desigual. Revertir este escenario exige repensar los modelos de formación, contratación y apoyo a las pequeñas empresas para que volver a apostar por el talento joven no sea un riesgo, sino una inversión estratégica.







