El debate sobre la transición energética suele centrarse en la falta de generación limpia, pero 2025 ha puesto sobre la mesa una paradoja inquietante: la incapacidad de los sistemas eléctricos para aprovechar la energía renovable ya instalada. En Gran Bretaña, el volumen de electricidad limpia desperdiciada durante el año alcanzó niveles inéditos, evidenciando que el problema ya no es solo producir más, sino gestionar mejor lo que se genera.
Este escenario refuerza la gravedad de la caída de las energías renovables, entendida no solo como un freno en la expansión de capacidad, sino como la pérdida efectiva de energía limpia por fallas estructurales. Estos datos obligan a replantear la narrativa de éxito de la transición y a mirar con mayor atención la infraestructura, la planificación y la gobernanza energética.
La caída de las energías renovables medida en electricidad desperdiciada
En 2025, Gran Bretaña recortó 10 teravatios-hora (TWh) de electricidad renovable, de acuerdo con un informe de Montel EnAppSys. Este volumen representa un aumento interanual del 22 % y habría sido suficiente para abastecer durante un año a todos los centros de datos del país o a todos los hogares del Gran Londres.
La restricción energética, conocida como curtailment, ocurre cuando la generación supera la demanda y el sistema no puede absorber la electricidad disponible. En el caso británico, este proceso es gestionado por el Operador Nacional del Sistema Energético (NESO) a través del Mecanismo de Equilibrio, que ordena reducir la producción incluso cuando se trata de fuentes limpias.
El dato resulta especialmente relevante porque refleja una caída de las energías renovables en términos de aprovechamiento real. No se trata de falta de viento o sol, sino de un sistema incapaz de integrar la energía generada, lo que erosiona la eficiencia climática de las inversiones realizadas.
Además, Montel EnAppSys estima que sustituir la energía eólica reducida habría costado al menos 1.000 millones de libras, una cifra que pone en evidencia el costo económico directo de no contar con redes y almacenamiento adecuados.

Escocia: el epicentro del problema estructural
El 98 % de la reducción de energía renovable en 2025 se produjo en Escocia, una región con condiciones óptimas de generación, pero con niveles de demanda relativamente bajos. En algunos meses, más de la mitad de la energía eólica generada en el norte escocés tuvo que ser recortada, pese a su pleno potencial operativo.
Esta situación revela un desequilibrio territorial profundo. La generación renovable se ha expandido más rápido que la infraestructura de transmisión, lo que limita la capacidad de llevar electricidad limpia a los centros de consumo. La caída de las energías renovables aquí no responde a factores climáticos, sino a una planificación incompleta del sistema energético.
A la falta de líneas de transmisión se suma la escasez de almacenamiento energético. Sin baterías u otras tecnologías que permitan absorber excedentes, el sistema no tiene alternativa más que desperdiciar electricidad limpia, incluso cuando la demanda futura podría justificar su uso.
El impacto financiero tampoco es menor. En 2025, los operadores de parques eólicos y solares recibieron 363 millones de libras por reducir deliberadamente su generación, de los cuales casi 300 millones correspondieron a proyectos escoceses, lo que plantea interrogantes sobre la eficiencia del gasto público y la coherencia de las políticas climáticas.
Irlanda y el patrón regional de la caída de las energías renovables
El análisis de Montel EnAppSys también incluyó a Irlanda, donde existe un mercado eléctrico único entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. En este caso, el volumen de electricidad recortada proveniente de parques solares se cuadruplicó en 2025 respecto al año anterior.
Aunque la reducción de energía eólica mostró una tendencia a la baja, el aumento del recorte solar evidencia que el problema no es exclusivo de una tecnología. La caída de las energías renovables se manifiesta de forma distinta según el mix energético, pero comparte una raíz común: sistemas eléctricos que no evolucionan al mismo ritmo que la generación limpia.
Este patrón regional refuerza la idea de que la transición energética enfrenta un cuello de botella técnico y político. Sin una modernización integral de las redes y una mejor integración regional, el crecimiento renovable puede convertirse en un factor de inestabilidad en lugar de una solución climática.
Para la agenda ESG, estos datos son una señal de alerta. La simple adición de capacidad renovable no garantiza reducciones reales de emisiones si una parte significativa de esa energía nunca llega a utilizarse.

Resolver el cuello de botella: planificación, red y almacenamiento
Fintan Devenney, analista sénior del mercado energético de Montel EnAppSys, subraya que resolver este desafío requiere múltiples intervenciones simultáneas. Entre ellas, destaca la posibilidad de ubicar instalaciones de alto consumo energético, como centros de datos, cerca de proyectos de generación renovable para reducir la presión sobre la red.
No obstante, la inversión en infraestructura de transmisión y almacenamiento sigue siendo central. Sin estas piezas, la caída de las energías renovables continuará reflejándose en recortes crecientes, incluso en países con altos niveles de ambición climática.
En este contexto, el Plan Estratégico Espacial de Energía (SSEP) del Reino Unido se perfila como una herramienta clave. Encargado conjuntamente por los gobiernos del Reino Unido, Escocia y Gales a finales de 2024, el plan busca una visión más holística de la ubicación de la generación, la expansión de la red y las señales de inversión necesarias.
El SSEP deberá alinearse con el compromiso gubernamental de que los combustibles fósiles representen solo el 5 % de la generación eléctrica en 2030 y con el Plan de Acción de Energía Limpia, que contempla ampliar el almacenamiento en baterías a entre 23 y 27 GW para ese mismo año.

Una advertencia para la transición energética
El récord de electricidad renovable desperdiciada en 2025 muestra que la caída de las energías renovables no siempre se expresa como menor capacidad instalada, sino como una falla sistémica para aprovechar lo ya construido. Este fenómeno cuestiona la efectividad real de las políticas climáticas cuando no van acompañadas de infraestructura y planificación adecuadas.
Lla transición energética no puede medirse solo en megavatios instalados. Sin redes modernas, almacenamiento suficiente y decisiones territoriales coherentes, incluso los sistemas más ambiciosos corren el riesgo de convertir la energía limpia en una oportunidad perdida, con costos económicos, sociales y climáticos cada vez más difíciles de justificar.








