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México fortalece las reglas para emitir deuda verde, social y vinculada a ODS

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La conversación sobre finanzas sostenibles en México ha dejado de centrarse únicamente en cuánto se emite y comienza a enfocarse en cómo se respalda cada peso colocado en el mercado. Con la publicación del Marco de Referencia Soberano de Financiamiento Sostenible 2026 por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el gobierno federal redefine las reglas del juego para la deuda verde, social y vinculada a los ODS. La apuesta ya no es solo reputacional, sino estructural.

De acuerdo con El Economista, el nuevo marco responde a una exigencia creciente de inversionistas institucionales: trazabilidad del gasto, alineación técnica con estándares globales y reportes consistentes que permitan evaluar resultados. En este contexto, la RSE en México encuentra un punto de inflexión. Lo que antes podía leerse como voluntad política ahora se convierte en arquitectura financiera con criterios claros, taxonomía definida y un vínculo directo con el Presupuesto de Egresos de la Federación.

RSE en México y el salto hacia una arquitectura financiera más robusta

Desde 2018, México avanzó al vincular el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) con los Organización de las Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, el marco 2026 busca convertir esa alineación conceptual en un sistema operativo más sofisticado: identificar Gastos Sostenibles Elegibles (GSE) dentro del PEF y asociarlos directamente con emisiones etiquetadas.

La brecha es clara. La Estrategia de Movilización de Financiamiento Sostenible estima que se requieren 13.6 billones de pesos entre 2023 y 2030 para acelerar el cumplimiento de los ODS, es decir, alrededor de 1.7 billones anuales. Frente a esa magnitud, fortalecer la RSE en México desde el ámbito financiero implica atraer capital climático y social con mayor certidumbre técnica.

Este rediseño también busca ampliar el universo de inversionistas. La lógica es simple: mayor claridad metodológica y mejor información generan confianza y sostienen la demanda en el tiempo. La sostenibilidad deja de ser una narrativa y se convierte en una variable estructural de política fiscal.

criterios de RSE

La Taxonomía Sostenible de México como lenguaje común

Uno de los ejes centrales del marco 2026 es la incorporación de la Taxonomía Sostenible de México. Este sistema de clasificación identifica qué actividades económicas pueden considerarse sostenibles y bajo qué criterios técnicos, reduciendo ambigüedades en el mercado. Para inversionistas locales e internacionales, contar con un lenguaje común es fundamental. La taxonomía mejora la comparabilidad de datos y facilita la canalización de inversiones hacia sectores prioritarios, desde transición energética hasta adaptación climática y conservación de biodiversidad.

En términos prácticos, la taxonomía actúa como filtro técnico. No basta con declarar que un gasto es verde o social; debe demostrar alineación con criterios específicos. Esta precisión fortalece la credibilidad del mercado mexicano y reduce riesgos de greenwashing institucional.

Estándares globales y comparabilidad internacional

El marco 2026 también declara alineación con los Principios de Bonos Verdes y Sociales 2025 y la guía de Bonos Sostenibles de la International Capital Markets Association, así como con principios de préstamos verdes y sociales actualizados. Esta decisión coloca a México en sintonía con lo que inversionistas institucionales revisan en otras jurisdicciones.

La homologación de criterios es estratégica. Permite que emisiones soberanas mexicanas compitan en igualdad de condiciones en mercados internacionales, donde la comparabilidad metodológica es clave para la asignación de capital. Más allá de la técnica, el mensaje es político y financiero: México busca consolidarse como un emisor confiable en el ecosistema global de deuda sostenible, elevando el estándar de información y reporte.

Más etiquetas, más temas: del verde al azul y la resiliencia

El nuevo marco habilita emisiones bajo etiquetas ODS, verde, social y azul, e incorpora categorías temáticas como transición, naturaleza, biodiversidad, adaptación y resiliencia climática. Esta ampliación reconoce que el financiamiento sostenible ya no se limita a la mitigación de emisiones.

Hoy, los riesgos físicos del cambio climático, la gestión del agua, la resiliencia ante desastres y las prioridades sociales forman parte integral de la agenda financiera. El etiquetado temático permite reflejar esa complejidad y responder a nuevas demandas del mercado.

Para la RSE en México, esta diversificación implica una oportunidad de articular políticas públicas, inversión privada y metas de desarrollo bajo un mismo marco coherente, con indicadores más específicos y medibles.

criterios de RSE

El presupuesto como ancla: los Gastos Sostenibles Elegibles

A diferencia de otros esquemas que se basan en listas genéricas de proyectos, el marco 2026 ancla la sostenibilidad en el PEF. Los GSE se definen como programas presupuestarios aprobados por la Cámara de Diputados y alineados a ODS específicos. Esta decisión refuerza la trazabilidad: el sustento de la etiqueta proviene del gasto público identificado y aprobado. Además, reconoce que la ejecución puede darse a través de dependencias federales, autoridades locales, empresas u hogares, financiando tanto activos físicos como intangibles.

Un punto estructural relevante es que el servicio de la deuda no depende del desempeño de los GSE. La etiqueta no altera el riesgo soberano, pero sí eleva las exigencias de transparencia. Se mantiene el formato tradicional de deuda pública, con mayor escrutinio sobre el uso de recursos.

Territorialidad, metas climáticas y reporte anual

El marco introduce un criterio geoespacial para ciertos GSE, particularmente sociales, con el objetivo de dirigir recursos hacia regiones con mayores brechas en el cumplimiento de ODS. No se trata solo de qué se financia, sino de dónde se busca incidir.

En materia climática, el marco dialoga con la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) actualizada de México, que establece una meta de reducción de emisiones del 35% al 2030 respecto al escenario Business As Usual. También incorpora metas en biodiversidad para orientar la acción pública.

La segunda palanca es el reporte. Hacienda plantea publicar anualmente la alineación de los GSE con la taxonomía, distinguiendo entre gasto elegible, parcialmente alineado o plenamente alineado. Este enfoque de “auditoría permanente” consolida la rendición de cuentas como pilar del financiamiento sostenible.

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De la etiqueta a la evidencia

El Marco de Referencia Soberano de Financiamiento Sostenible 2026 marca una transición relevante: la deuda sostenible en México entra en una etapa de mayor sofisticación técnica y escrutinio público. La combinación de presupuesto identificado, taxonomía, territorialidad y reporte anual redefine la forma en que se entiende el financiamiento vinculado a ODS.

Para especialistas y público en general, la señal es clara. La sostenibilidad ya no se sostiene solo con declaraciones, sino con sistemas de clasificación, métricas y evidencia verificable. En ese tránsito, la RSE en México se posiciona no solo como un compromiso empresarial, sino como un componente estructural de la política fiscal y del desarrollo nacional.

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