El cambio climático dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en una variable crítica que ya está afectando la productividad, la salud y la estabilidad de los mercados. Hoy, las disrupciones ambientales redefinen cadenas de suministro, elevan costos operativos y exponen la fragilidad de modelos de negocio que no fueron diseñados para un planeta en transformación. En este contexto, hablar de sostenibilidad ya no es una conversación aspiracional, sino una discusión sobre continuidad empresarial y competitividad a largo plazo.
Sin embargo, la brecha entre lo que las organizaciones reconocen y lo que realmente integran en su estrategia sigue siendo alarmante. A pesar de la evidencia, solo una minoría se prepara de forma estructural para enfrentar estos riesgos. El informe Crecimiento frente a la disrupción climática, presentado en el Foro Económico Mundial, confirma esta distancia: mientras los riesgos ambientales escalan en la agenda global, las empresas frente al cambio climático avanzan con lentitud, sin incorporar aún estos factores como ejes centrales de decisión.
Empresas frente al cambio climático: un riesgo que ya es financiero
De acuerdo con Aristegui Noticias, los riesgos ambientales llevan ocho años consecutivos entre las principales amenazas económicas globales. No se trata únicamente de eventos extremos, sino de impactos sistémicos que afectan la productividad, la salud y la estabilidad social. Las proyecciones indican pérdidas de más de 1.5 billones de dólares anuales hacia 2050 si no se adoptan medidas de adaptación.
Para las compañías, esto se traduce en impactos directos en su operación de hasta 1.2 billones de dólares por año. Índices globales advierten que sin estrategias claras, el riesgo climático deja de ser externo y se convierte en un factor material que compromete resultados, valor de mercado y reputación.

Del discurso a la estrategia: la brecha del 35%
A pesar de estas cifras, solo 35% de las organizaciones cuenta con planes sólidos para adaptarse a los cambios físicos del planeta. Esto revela una desconexión profunda entre el reconocimiento del problema y su incorporación real en la gestión corporativa.
La mayoría de las compañías continúa tratando el clima como un tema paralelo, aislado de la planeación financiera y del gobierno corporativo. En consecuencia, las empresas frente al cambio climático permanecen en una zona de alto riesgo, reaccionando tarde a disrupciones que ya están ocurriendo.
El papel del consejo de administración
Uno de los grandes retos es que el riesgo climático aún no se asume como una responsabilidad fiduciaria. Desde la perspectiva de Chapter Zero, los consejos deben entender que el impacto financiero del cambio climático los obliga a integrar este tema como parte central de su mandato.
Cuando el consejo lidera la conversación, la sostenibilidad deja de ser un área operativa para convertirse en un eje estratégico. Esto permite alinear decisiones de inversión, innovación y crecimiento con una visión de largo plazo que proteja el valor de la empresa.
En México, el trabajo con consejeros ha demostrado que la formación es clave para romper inercias. Programas ejecutivos especializados traducen variables ambientales en lenguaje de negocio, mostrando cómo afectan la productividad, la operación y el desempeño financiero.
Con alrededor de 30 horas de formación en clima, naturaleza y sostenibilidad, los participantes adquieren herramientas prácticas para evaluar riesgos, identificar oportunidades y replantear modelos de negocio. Este enfoque busca que las empresas frente al cambio climático pasen de la reacción a la anticipación.
Cuatro principios para una transformación real
El primer principio establece que los temas climáticos son responsabilidad directa del consejo, por su impacto financiero. El segundo señala que la estrategia climática debe ser parte integral de la estrategia de negocio, no un apéndice.
El tercer principio se enfoca en identificar riesgos y oportunidades materiales, con datos estructurados y gobernanza clara. El cuarto pone énfasis en el reporte y la transparencia, garantizando que la información ambiental sea tan consistente como la financiera.
Del riesgo a la oportunidad
Cuando el consejo comprende el impacto de la crisis climática, también identifica nuevas oportunidades: innovación, eficiencia, nuevos mercados y modelos de negocio alineados con una economía baja en carbono y circular.
Este cambio de enfoque permite que la sostenibilidad deje de verse como un costo y se convierta en un motor de resiliencia y competitividad. Así, las empresas frente al cambio climático pueden construir ventajas en un entorno cada vez más incierto.

La crisis climática no es un escenario futuro, es una condición presente que redefine las reglas del juego. Ignorarla no solo incrementa los riesgos, también limita la capacidad de adaptación y crecimiento de las organizaciones. Integrar estos factores en la toma de decisiones ya no es opcional.
Las empresas que comprendan esta transformación y actúen desde su máximo órgano de gobierno estarán mejor preparadas para enfrentar la disrupción. El verdadero reto no es reconocer el problema, sino convertirlo en una palanca estratégica para asegurar la permanencia y el valor en el largo plazo.









