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¿Puede el evento deportivo más grande del mundo ser sostenible? El reto del Super Bowl LX

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El Super Bowl no solo es una final deportiva: es un ritual global que conecta a más de 120 millones de personas frente a una pantalla, alrededor de un mismo espectáculo. Cada pase, cada anuncio y cada acorde del show de medio tiempo convierten a este evento en un fenómeno cultural con un impacto que va mucho más allá del deporte. Pero junto con esa magnitud también llegan preguntas incómodas sobre su huella ambiental.

De acuerdo con un artículo de Sustainability Mag, en 2026, el Super Bowl LX vuelve a poner el tema en la conversación pública, no como un accesorio, sino como parte central del relato. Con la presión de la opinión global y la urgencia climática como telón de fondo, la NFL, PepsiCo y Levi’s Stadium buscan demostrar que un Super Bowl LX sostenible no es una utopía, sino un experimento real a escala masiva que podría redefinir cómo se conciben los grandes eventos.

El escenario del desafío global

El domingo 8 de febrero de 2026, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se enfrentarán en el Levi’s Stadium, casa de los San Francisco 49ers. No se trata solo de una final más, sino del evento deportivo más visto del planeta, con una logística comparable a la de una ciudad temporal. Energía, agua, alimentos y residuos se mueven en volúmenes extraordinarios.

Cada Super Bowl deja tras de sí toneladas de desechos y una huella difícil de justificar en tiempos de emergencia ambiental. Por eso, la edición LX se convierte en un laboratorio vivo para probar si es posible reducir impactos sin sacrificar la experiencia del fan. La pregunta ya no es si se debe intentar, sino cómo hacerlo.

La expectativa es alta, porque el alcance mediático del evento puede amplificar cualquier avance. Lo que funcione aquí tiene el potencial de replicarse en otros estadios y ligas. En ese sentido, el reto es tan simbólico como operativo.

PepsiCo y la apuesta por la reutilización

Una de las iniciativas más visibles nace de la alianza entre los 49ers y PepsiCo, que introdujo vasos reutilizables en el estadio desde la pretemporada 2025. Estos recipientes duraderos se integran en un sistema de circuito cerrado: el fan devuelve el vaso, se desinfecta y vuelve a circular. La lógica es simple, pero el impacto es profundo.

Durante la temporada regular, este modelo evitó que más de 32.000 vasos desechables terminaran en vertederos. Para el Super Bowl LX, el programa se ampliará con más contenedores de retorno y zonas piloto en áreas de asientos seleccionadas. Bold Reuse y Levy se encargan de la operación, demostrando que la logística de la reutilización es posible incluso en eventos de alta densidad.

Burgess Scott Davis, director de sostenibilidad de PepsiCo Norteamérica, lo resume con claridad: avanzar en la reutilización requiere colaboración y un cambio sistémico.

No se trata solo de tecnología, sino de transformar hábitos y hacer que la opción sostenible sea la más conveniente.

¿Qué tan viable es un Super Bowl LX sostenible?

Más allá de los vasos, la estrategia se extiende a la gestión integral de residuos. PepsiCo apoya la instalación de unidades Oscar Sort, sistemas interactivos con inteligencia artificial que guían a los asistentes para clasificar correctamente sus desechos. La tecnología se convierte así en una aliada pedagógica.

Se suman más de 200 contenedores de reciclaje plegables y reutilizables distribuidos por el estadio y zonas de eventos. Además, personal especializado en sostenibilidad estará disponible para orientar a los fanáticos, cerrando la brecha entre intención y acción. El objetivo es reducir la contaminación cruzada en los flujos de residuos.

Este enfoque integral muestra que un Super Bowl LX sostenible no depende de una sola medida, sino de un ecosistema de soluciones coordinadas. La experiencia del usuario sigue siendo prioritaria, pero ahora con una narrativa ambiental que invita a participar.

Donar, reutilizar y cerrar el ciclo

La NFL planea dar una segunda vida a los materiales y alimentos que queden tras el evento. Más de 30 organizaciones locales, entre bancos de alimentos y escuelas, recibirán donaciones que en ediciones pasadas superaron los 800.000 dólares en valor. Para 2026, se espera igualar o incluso superar esa cifra.

Esta fase posterior al evento es clave, porque conecta la sostenibilidad con la justicia social. No se trata solo de reducir residuos, sino de redistribuir recursos hacia quienes más los necesitan. Así, el impacto trasciende el estadio y se ancla en la comunidad.

Además, se están probando nuevos protocolos de clasificación que podrían convertirse en estándar para futuros eventos.

Cada Super Bowl se transforma en un ensayo que deja aprendizajes replicables.

Un legado verde para el Área de la Bahía

El compromiso no termina cuando se apagan las luces. La NFL busca dejar un “legado verde” en la región, priorizando donaciones y proyectos que generen beneficios duraderos. La idea es que el evento sea un catalizador de cambios locales, no una carga temporal.

Las organizaciones comunitarias participan activamente en este proceso, asegurando que los recursos se utilicen de manera estratégica. Este enfoque refuerza la noción de que la sostenibilidad no es un gesto simbólico, sino una inversión en resiliencia social.

Aquí, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un puente entre el espectáculo global y la transformación local. Un recordatorio de que los grandes escenarios también pueden servir a causas mayores.

Colaboración como motor del cambio

Ninguna empresa puede resolver por sí sola los desafíos de los envases y los residuos. El valor de este esfuerzo radica en la colaboración entre la NFL, PepsiCo, el Levi’s Stadium y los propios fanáticos. Cada actor aporta una pieza al rompecabezas.

La participación del público es crucial. Devolver un vaso, separar un residuo o apoyar una donación son gestos pequeños, pero multiplicados por miles generan un efecto tangible. La sostenibilidad se vuelve un deporte de equipo.

Este modelo colaborativo ofrece una hoja de ruta para otros eventos masivos. No es perfecto, pero demuestra que el cambio sistémico empieza con alianzas estratégicas.

El poder de la visibilidad global

Con millones de personas observando, cada acción se amplifica. La narrativa del Super Bowl LX sostenible no solo se vive en el estadio, sino que viaja por pantallas de todo el mundo. La visibilidad convierte a la sostenibilidad en parte del espectáculo.

Este alcance tiene un efecto cultural: normaliza prácticas responsables y las presenta como parte del futuro del entretenimiento. Lo que antes era un esfuerzo silencioso ahora se integra al relato principal. Así, el evento no solo entretiene, sino que educa e inspira. La sostenibilidad deja de ser un tema de nicho para ocupar el centro del escenario.

El Super Bowl LX demuestra que incluso los eventos más complejos pueden reinventarse cuando existe voluntad, innovación y colaboración. No se trata de alcanzar la perfección, sino de avanzar con pasos concretos que marquen una diferencia real.

En ese camino, el Super Bowl LX sostenible se convierte en un símbolo de lo que es posible cuando el deporte, la industria y la comunidad trabajan juntos. Un recordatorio de que, incluso en los escenarios más grandes, cada acción cuenta.

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