La escena parecía escrita para el retroceso: desregulación federal, salida del Acuerdo de París y un discurso político que relativiza la urgencia climática. Sin embargo, en los pasillos corporativos de Estados Unidos ocurre algo distinto. Lejos de frenar, muchas compañías han decidido sostener —e incluso profundizar— sus compromisos de sostenibilidad, aunque ahora lo hagan con un perfil más bajo. El mensaje es claro para quienes saben leer entre líneas: ESG es prioridad aun cuando el entorno no lo favorece.
De acuerdo con Waste 360, este movimiento no es romántico ni ingenuo. Está impulsado por una combinación de presión de inversionistas, expectativas de clientes y una visión de largo plazo que entiende la sostenibilidad como un factor de resiliencia. El contexto ha cambiado, pero no el rumbo estratégico. En una era de mayor escrutinio, donde el greenwashing se castiga con rapidez, las empresas se mueven con cautela, pero no con indiferencia. El nuevo consenso es pragmático: avanzar sin ruido, pero con impacto real.
ESG es prioridad: cuando el mercado marca el ritmo
Un estudio del MIT que encuestó a 1,200 empresas revela que el 73% no modificó sus compromisos de sostenibilidad tras la desregulación en EE. UU. y la retirada del país del Acuerdo de París. Más aún, un 12% declaró haber incrementado sus esfuerzos. Estos datos desarman la narrativa de retroceso y confirman que la inercia del mercado es más fuerte que la coyuntura política.
Los factores que sostienen esta decisión son contundentes: expectativas de los inversionistas, demanda de consumidores informados y la rentabilidad a largo plazo. No se trata solo de reputación, sino de continuidad del negocio. Como resume el Dr. Josué Velázquez Martínez, del MIT, la sostenibilidad hoy es sinónimo de viabilidad.

La rentabilidad como argumento central
“La sostenibilidad es realmente rentable”, afirma Velázquez Martínez. Las organizaciones con visión entienden que las inversiones ESG fortalecen la resiliencia operativa y reducen riesgos futuros. La ecuación ya no enfrenta ética contra beneficios: los integra.
El caso de UPS es ilustrativo. Gracias a un sistema de enrutamiento dinámico, la empresa ahorró entre 300 y 400 millones de dólares, recorrió 160 millones de kilómetros menos y redujo 38 millones de litros de combustible al año, evitando 100,000 toneladas métricas de CO₂. Aquí, la eficiencia es la nueva sostenibilidad.
ESG es prioridad: invertir hoy para no pagar mañana
Pero el tiempo importa. Algunas compañías apuestan por biocombustibles compatibles con la infraestructura actual; otras miran hacia la electrificación o esperan la madurez del hidrógeno. La tentación de postergar es grande, pero el riesgo es mayor.
La Dra. Sreedevi Rajagopalan advierte que existen inversiones seguras y probadas —como la optimización de rutas y la gestión del combustible— que reducen emisiones y costos hoy, evitando transiciones más caras mañana. Esperar no es neutral: es una decisión estratégica con consecuencias.
Las empresas líderes concentran sus esfuerzos en cuatro frentes clave. El primero es el compromiso con proveedores y la reducción de emisiones de Alcance 3, donde se concentra entre el 70% y el 90% de la huella total.
Le siguen la electrificación y los combustibles alternativos; la optimización de embalajes y materiales; y la mejora de redes e inventarios. Estas palancas no solo reducen emisiones, también transforman costos, tiempos y resiliencia logística.
Innovar sin prometer de más
El informe de TIME y Statista, que identifica a 101 empresas líderes en sostenibilidad, muestra que solo 17 tienen sede en EE. UU., pero destacan casos como Nvidia. La compañía, sexta en el ranking, logró un crecimiento colosal al desarrollar una red de IA hasta 25 veces más eficiente energéticamente que generaciones anteriores.
Sin embargo, no todas cumplen lo que anuncian. Un estudio de UC Berkeley revela que solo el 60% alcanzó sus objetivos de emisiones; 9% fracasó y 31% dejó de informar. El desafío ya no es prometer, sino demostrar.

Las tasas de éxito son mayores en países con entornos institucionales sólidos, libertad de prensa y mayor escrutinio. Para el Dr. Shawn Kim, esto subraya la importancia del monitoreo externo: reguladores, inversionistas, clientes y empleados generan incentivos reales.
Los informes de terceros y la divulgación estandarizada refuerzan la credibilidad y la confianza. Incluso cuando los objetivos no se alcanzan, la transparencia permite distinguir entre límites reales y abandono silencioso.
Presiones distintas, mismo destino
En América del Norte, el motor es el mercado: inversionistas, juntas directivas y liderazgo ejecutivo. En Europa, la regulación marca el paso, con directivas que exigen transparencia y aceleran la descarbonización.
Ambos caminos convergen en el mismo punto: la sostenibilidad ya no es opcional. Las empresas que lideran entienden que la descarbonización de la cadena de suministro es una palanca estratégica para la competitividad a largo plazo.
El contexto político puede oscilar, pero la lógica empresarial es clara: ESG es prioridad porque define quién estará preparado para el futuro. Las compañías que avanzan lo hacen con pragmatismo, integrando impacto y rentabilidad en una misma estrategia.
En un mundo donde la confianza es un activo escaso, la transparencia, la innovación y la coherencia se convierten en ventaja. Más allá de Trump o de cualquier administración, el mensaje persiste: ESG es prioridad porque es, en esencia, una apuesta por la permanencia.









