Sobrepeso y obesidad en México: problema de consumo y hábitos – ExpokNews

El sobrepeso y la obesidad en niños, jóvenes y adultos mexicanos han crecido en los últimos años. Eso dicen las cifras: que en el caso de los niños en edad escolar (entre cinco y 11 años) de 1999 a 2006 se pasó de 18.4 por ciento a 26.2; de 1988 a 2006, entre adolescentes se pasó de casi 9 por ciento a cerca de 31 por ciento; y en adultos, en los mismos 18 años que van de 1988 a 2006, se pasó de 34.5 por ciento a estar muy cerca del 70 por ciento.

Estos datos, proporcionados por Juan Ángel Rivera Dommarco, son, nos dice alarmantes. Hablan de un verdadero problema de salud pública por sus efectos en la calidad y el tiempo de vida de las personas y por sus consecuencias en la economía nacional.

Pero, además, son alarmantes porque el aumento de niños, adolescentes y adultos con sobrepeso y obesidad ha sido muy rápido y en un periodo muy corto. En 18 años, en el caso de los adultos, casi se duplicó y en el caso de los adolescentes se disparó casi tres veces y media arriba. Incluso ya dejó de ser un problema de clases sociales o de nivel económico.

Habrá que cambiar la clásica figura del capitalista millonario y gordo del siglo XIX y del pobre cadavérico – el maestro Naranjo debería acaso replantear sus estereotipos-porque hoy el sobrepeso y la obesidad afectan a ricos y pobres, dice Rivera Dommarco – licenciado en nutrición y ciencia de los alimentos por la Universidad Iberoamericana y doctor en nutrición por la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, y quien está al frente de la dirección ejecutivo del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, del Instituto Nacional de Salud Pública.

-Doctor, ¿cómo entender a estas cifras que da si, al mismo tiempo, hay severos problemas de desnutrición, especialmente infantil?

-Eso llama mucho la atención. En México el 15.5 por ciento de los niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica; es decir, retardo en talla. Uno diría, en efecto: ¿cómo es posible que en el mismo hogar el niño esté desnutrido y la madre, el padre y los hijos mayores tengan obesidad? Esto se explica cuando relacionamos la desnutrición con el sobrepeso y la obesidad porque, curiosamente, los niños que padecen desnutrición crónica están en mayor riesgo de presentar sobrepeso y obesidad al llegar a la edad escolar, a la adolescencia o cuando sean adultos. Es algo irónico.

La desnutrición en menor de cinco años tiene que ver con una dieta que es baja en micronutrientes (vitaminas y minerales), en proteína y, en algunos casos, hasta en energía. Por su parte, el sobrepeso y la obesidad tienen que ver, principalmente con el consumo de alimentos con una alta densidad de energía que carecen de otros nutrientes. Son alimentos que, como solemos decir, tienen calorías vacías: aportan energía, y solamente energía, sin ningún otro nutriente.

Es el caso, entre tantos otros, de los refrescos: al beberlos uno consume sólo energía y nada de vitaminas, minerales o proteínas. Es interesante observar cómo muchos de los alimentos con alto contenido calórico (aceite vegetal, refrescos, pan, frituras) han disminuido de precio en los últimos 20 años, por lo que están disponibles para mayor número de personas de bajos recursos y se han extendido hasta las áreas rurales más remotas (e ignotas) de México. Es seguro que Bimbo, Coca-Cola, Sabritas o Modelo llegan a mayor número de comunidades, pueblos y rancherías (por no hablar de su mayor eficacia) que los servicios de salud o programas como el de Oportunidades.

-¿El problema de sobrepeso y de obesidad dejó de ser un asunto sólo de gente de ciudades?
-La prevalencia en el campo es menor, pero no por mucho. En mujeres de áreas rurales la prevalencia de sobrepeso y obesidad es de 60 por ciento, y de 69 por ciento en las ciudades. Este porcentaje mayor en zonas urbanas se explica, entre otros factores, porque la actividad física es generalmente menor y los ingresos económicos y la disponibilidad de alimentos son más altos que en el campo. En población indígena, donde aún hay prevalencia de desnutrición crónica en menores de cinco años en más del 30 por ciento de la población, vemos ya tasas de sobre peso y obesidad de alrededor del 50 por ciento en mujeres adultas.

-¿Cómo es posible que 1.5 litros de agua embotellada para beber cueste muchas veces más que tres litros de refresco de cola?
-Ya llegamos a esos extremos de ironía. Si el agua purificada es un elemento de los refrescos, ¿cómo es posible que nos resulte más cara? Pero sucede que mientras mucho s alimentos con alto contenido calórico están cada vez más disponibles y más baratos, muchos alimentos completos que contienen micronutrientes (como las frutas) o proteínas (como la carne y el huevo) han aumentado de precio.

-Se ha dicho que en los mexicanos hay una predisposición genética al sobrepeso y a la obesidad…

-Se han descrito, es verdad, varios genes en la población mexicana que predisponen a las personas a aumentar de peso. Pero si vemos cuál era la prevalencia de obesidad en 1988 y cuál en 2006, pasamos, hablando sólo de obesidad, del 9 por ciento a cerca del 30 por ciento. En ese periodo, está claro, los genes no cambiaron. Lo que cambió fue el entorno.

-¿Las prácticas de alimentación del mexicano? Por ejemplo, el que sea ancestral nuestro gusto por las aguas de fruta endulzada.

-Hasta hace poco mucho alimentos altos en grasas o en carbohidratos eran alimentos festivos. Los tamales, acompañados de atole, se preparaban para las fiestas. Pero hoy los encuentra uno como alimento habitual: ¡imagínese lo que es comer tres veces por semana una torta de tamal con atole! Con respecto a las bebidas, es cierto que siempre hemos tenido el hábito de tomar aguas frescas de frutas con azúcar que los refrescos). Pero antes esta clase de agua se tomaba sólo a la hora de la comida y los vasos en se servía eran más pequeños. Hoy a cualquier hora la gente toma refrescos en cantidades muy altas.

Los recientes cambios a la Ley General de Salud que pretenden combatir el sobrepeso y la obesidad infantil son positivos, dice Juan Ángel Rivera Dommarco, pero es sólo un primer paso. Ahora a es necesario pasar de disposiciones generales a reglamentos. Indicarm por ejemplo, qué tipo de alimentos e pueden vender en las escuelas; señalar el máximo de calorías en cada producto; establecer y vender por empaque sólo las porciones recomendables a consumir; regular el contenido de ingredientes y nutrientes que se sabe son dañinos cuando se consumen en exceso como las grasas saturadas, los azúcares añadidos y el sodio.

Pues estudios les han mostrados que poco antes, poco después y durante las cuatro horas y media que los niños ya adolescentes están en la escuela tienen hasta cinco oportunidades de comer y beber alimentos con alto contenido calórico.

-En las escuelas del DF – dice Rivera Dommarco – se introdujo agua potable, pero había un alto porcentaje de niños que decían que no les gustaba beberla. Es decir, esos niños ya perdieron la oportunidad de apreciar el sabor tan agradable del agua natural cuando se tiene sed. Es interesante hacer notar que está demostrado que si se disminuye paulatinamente la concentración de sal o de azúcar en los alimentos, llega un momento en que el consumidor no lo nota. Esto indica que sentidos como el del gusto sí se puede reeducar.

El Financiero, Cultural, pág. 40
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Comentarios

  • Hola: Caramba ,todos hablamos del “sobrepeso” y de la “obesidad”. Pues nada,vamos ya a actuar. Miren ,QUE CUALQUIER REMEDIO,O CAMBIOS DE CONDUCTA,SE LLEVA MÍNIMO 4 GENERACIONES.. yA BASTA DE TANTO BLA,BLA,BLA. gRACIAS Y SALUDOS. Att. E.L.ópez G.