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Energía, ¿la próxima crisis en la Ciudad de México?

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En el DF se pierde 25% de la energía eléctrica suministrada y poco se habla de la utilización del gas natural como combustible automotriz. Estos factores, aunados a la expansión de la mancha urbana, ponen a la capital del país en una situación de riesgo energético.

Algunos afirman que el principal problema de la Ciudad de México es que no es una urbe planeada con un sentido de sustentabilidad: mucha gente viviendo en poco espacio y muchos autos transitando por las mismas vías. Sin embargo, el mayor problema es que la capital del país podría estar al borde de una crisis real de energía.

El Centro de Investigación para el Desarrollo, AC (CIDAC) advierte que la seguridad energética en el DF (entendida como la capacidad para acceder a los insumos energéticos de calidad y a precios competitivos necesarios para promover su crecimiento y desarrollo económico) puede ser un problema en el mediano plazo.

“La aprobación de la norma 26 en 2010 y las eventuales normas 30 y 31, que buscan facilitar la construcción de vivienda de interés social y popular en suelo urbano, representan un riesgo para la sustentabilidad de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Los proyectos del gobierno federal de los trenes de pasajeros a Toluca y Querétaro serán positivos en tanto fomenten la dispersión poblacional y no su concentración”, opina el organismo, que advierte una necesidad urgente en la diversificación de la canasta energética que busque una mayor proporción de utilización de energías limpias.

En agosto, el CIDAC y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) propusieron la creación de una Secretaría de Energía que atienda las necesidades particulares de esta metrópoli, pues, según afirman las dos entidades, a nivel residencial las tarifas son 40% más caras que el promedio nacional y 99% de las fábricas que operan en la ciudad usan diesel, que resulta 60% más caro que el gas natural.

¿Cuáles son los principales problemas?

En un ejercicio de diagnóstico, el CIDAC evidenció algunos puntos de riesgo en el consumo y suministro de energía:

1. Energía eléctrica: Cuando existía Luz y Fuerza del Centro, la pérdida de energía eléctrica suministrada era de 34%; ahora, con la Comisión Federal de Electricidad, las pérdidas lograron reducirse sólo en 9% para alcanzar 25%. La OCDE recomienda que este indicador no rebase 6% para tener un suministro óptimo; el promedio de los países de la organización alcanza 11%, mientras México está por encima de ambos parámetros.

“Un foco importante es el costo de la energía. Será importante ver que en los próximos 10 años efectivamente entren nuevas compañías a competir en costos y se reduzcan las tarifas. De lo contrario, el costo aumentará y las pérdidas para la CFE se exacerbarán”, advierte Miguel Ángel del Toro, investigador del CIDAC.

2. Gas natural contra gas LP: En la Ciudad de México hay 10 plantas de distribución de Gas LP para abastecer 7 millones de recipientes transportables (cilindros) y 7,000 autotanques para llenar tanques estacionarios, mientras que el gas natural, que resulta una alternativa más segura en su manipulación, apenas reportaba 360,000 usuarios al 2012.
“El 70% del gas que se consume sigue siendo licuado de petróleo, y 30% del consumo del gas LP es importado. Eso implica que aun con una red amplia de distribución es necesario que haya un mayor consumo de gas natural”, dice Gerardo Dueñas, director general de Entropia Empresarial.

El uso de gas natural para el transporte automotriz ayudaría también a paliar los efectos de la crisis de energía, pues ésta no sólo implica el abasto, sino también el impacto del alto consumo de combustibles fósiles.

De acuerdo con el Inventario de las Emisiones Contaminantes, que elabora el GDF en colaboración con las secretarías locales de Salud y Medio Ambiente, las fuentes móviles representan 70% de las emisiones contaminantes por año.

Al mismo tiempo, Gas Natural Fenosa señala que el uso de gas natural en vehículos reduce en 96% las emisiones de Ozono y 95% las de dióxido de carbono. Aun así, la Ciudad de México únicamente tiene 40 autobuses de GNV en la ruta Balderas-Santa Fe, los cuales están exentos del Programa de Verificación Vehicular y del Acuerdo que Establece las Medidas para Limitar la Circulación de Vehículos Automotores en las Vialidades del Distrito Federal. Esto representa menos de 1% de los 256,000 vehículos destinados a transporte público.

3. Desechos: ¿una oportunidad desperdiciada? Ana Lilia Moreno, investigadora del CIDAC, afirma que de las 1,500 toneladas de basura que se generan en la Ciudad de México, 60% corresponde a residuos orgánicos que son potenciales generadores de energía.

En Italia, dice, existen cerca de 1,200 plantas de biogás que procesan residuos urbanos, mientras que en México sólo hay dos, aun cuando 30% de la basura del país se produce en 50 municipios y hay posibilidades de aprovechar ese potencial de generación de residuos.

“El mayor problema, en este sentido, parece ser la falta de experiencia en el manejo de las plantas procesadoras de biogás. En el Distrito Federal, por ejemplo, el Bordo Poniente se enfrenta al reto de que la basura es propiedad del GDF, pero el bordo corresponde al gobierno federal. Se realizó una asignación de contratos para la explotación y procesamiento de biogás a partir de residuos, pero resulta poco clara”, destaca la investigadora.

¿Cuáles son los riesgos?

El país ha aumentado las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Tan sólo en el periodo de 1971 a 2010, dichas emisiones aumentaron en 330%.

De acuerdo con el CIDAC, el problema que enfrenta ahora México va más allá de valores morales intergeneracionales y de protección ambiental, pues estos efectos negativos han costado desde el año 2000 285,350 millones de pesos. Además destaca el hecho de que uno de cada cinco mexicanos vive en municipios de alta vulnerabilidad climática y cinco millones de capitalinos son vulnerables.

“Los problemas a futuro van más allá del simple hecho de vivir ‘apretados’. En Tlatelolco, por ejemplo, se construyeron 102 edificios con 12,000 departamentos, en edificios de más de 20 pisos. No tuvieron una planeación adecuada, pues si se descomponen los elevadores, el costo de la reparación supera un millón de pesos. Muchas personas de la tercera edad han optado por vender esos departamentos ante la imposibilidad de subir”, dice Antonio de la Cuesta, investigador del CIDAC. Por eso, advierte: “Las consecuencias de seguir creciendo sin políticas de sustentabilidad pueden dar como resultado una ciudad inmóvil.”

Fuente: Forbes México

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