Teletón

2 diciembre 2008

Número 17
Dr. Roberto Delgado Gallart

Muchas personas me han preguntado mi opinión sobre un fenómeno aparentemente misterioso para ellas: ¿a qué adjudico el reiterado éxito del Teletón?

Algunos creen que se debe al apoyo de cientos de medios de comunicación. “Después de todo” –me dicen– “con una campaña así detrás de ellos, es casi imposible no generar una respuesta social”. Yo les respondo que se gasta más en las campañas políticas y, sin embargo, algunos candidatos pierden. Por ende, no son los medios solos los que logran este efecto.

Otras personas lo achacan a los artistas y comentaristas que participan en el evento “con personas tan reconocidas” –sostienen ellos– “por supuesto que generan credibilidad y confianza”. Y yo les recuerdo cuántos artistas, comentaristas, actores y demás “personalidades” no hemos visto aparecer y desaparecer sin mayor impacto. Esa no es la clave del éxito del Teletón.

La clave, la razón de esta respuesta –igual que les ocurre a otras instituciones y causas sociales– creo yo que es más simple y concreta: es la entrega de resultados claros, contundentes, inobjetables.

Quizá no lo aparente, pero cuando alguien nos anuncia que va a hacer algo, lo hace, nos lo muestra, y lo podemos constatar diariamente, su credibilidad, misteriosamente, aumenta de modo espectacular.

Y si el logro alcanzado es una acción de indudable beneficio social, es decir, si hay una rentabilidad para la sociedad por la inversión o aportación realizada, entonces si, los medios, los artistas y las personalidades no vienen a reforzar el mensaje sino, de hecho, a verse beneficiados en su imagen pública por ser parte del proyecto. ¿Usted, no lo cree?

Esto fue responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
www.anahuac/clares


Dr. Roberto Delgado Gallart

Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Aix-Marseille, Francia, es Fundador y Director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, desde donde se imparten tanto la 1ª. Maestría en Responsabilidad Social en América Latina, así como el Diplomado de Administración de Instituciones de Asistencia Social a todo el país. Premio Nacional al Altruismo 2004, miembro del Consejo Directivo del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI, así como de diversas organizaciones y fundaciones, ha participado en innumerables proyectos de Desarrollo Social, fue Coordinador General de Logística de la IV y V Visitas de S.S. Juan Pablo II a México.

Palabras 2

27 noviembre 2008

Número 16
Dr. Roberto Delgado Gallart

Estamos escribiendo sobre las palabras que no admiten adjetivos, las palabras blanco o negro, pero nunca grises, y cómo debemos asegurarnos de que sigan así, pues hablan más sobre nosotros mismos que cualquier discurso.

Nos referimos a las palabras absolutas, como honradez.

¿Qué queremos decir cuando afirmamos que alguien es “bastante honesto”? ¿Significa acaso que también es ocasionalmente “no honesto”, es decir, mentiroso?

Si ese es el caso, la persona no sería “bastante honesta”, sino mentirosa.

Y es que el término es absoluto, al igual que la muerte o el embarazo: o se es honesto, o no se es. No hay otra opción. ¿O acaso se trata de una persona que es honesta de las 9 a las 18 horas, pero después miente? ¿o se trata de alguien que es honesto sólo lunes, miércoles y viernes? ¿Podrían Ustedes confiar en alguien con esas características? ¿Verdad que no?

Por eso es que la honestidad no es un término negociable: las personas tenemos que tomar una decisión, y elegir entre ser honestos o no serlo. Si no es así, caemos en una ambigüedad personal que no sólo nos daña a nivel individual, sino en nuestra interacción con los demás, quienes pueden, con total tranquilidad, pasar de definirnos como “bastante honestos” a etiquetarnos como “ocasionalmente mentirosos”. Y esa etiqueta social no se quita con agua y jabón, ni siquiera con detergente y fibra. Se queda pegada como un tatuaje. ¿No lo creen?

Esto ha sido responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
www.anahuac/clares


Dr. Roberto Delgado Gallart

Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Aix-Marseille, Francia, es Fundador y Director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, desde donde se imparten tanto la 1ª. Maestría en Responsabilidad Social en América Latina, así como el Diplomado de Administración de Instituciones de Asistencia Social a todo el país. Premio Nacional al Altruismo 2004, miembro del Consejo Directivo del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI, así como de diversas organizaciones y fundaciones, ha participado en innumerables proyectos de Desarrollo Social, fue Coordinador General de Logística de la IV y V Visitas de S.S. Juan Pablo II a México.

Palabras 1

12 noviembre 2008

Número 15
Dr. Roberto Delgado Gallart

¿Se han fijado como las palabras parecen tener vida propia? ¡En serio!

Hace diez o quince años, ¿quién sabía lo que era el correo electrónico?, ¿Que cosa era eso de Internet, que hoy es una realidad para los millones de usuarios que existimos hoy en todo el mundo?

Pero hay palabras que hemos tenido con nosotros hace cientos de años y que, sin embargo, parece que van adquiriendo, a fuerza del abuso, un uso o sentido diferente al que deben tener.

Les pongo un ejemplo rápido: la palabra “frío” se presta a muchos usos, y permite el modificarla con diferentes adjetivos. Así, una paleta helada está “muy fría”, la regadera puede estar “fría”, y a lo mejor la sopa que nos sirvieron está “helada”, sin que el sentido de la palabra “frío” haya cambiado.

Igual podemos pensar en muchas otras palabras que se prestan a este tipo de usos y aplicaciones, como “bonito”, “rico”, “tarde” o “enojón”, por poner algunos ejemplos.

Pero hay palabras que no podemos permitir que pierdan su sentido de absoluto, de total e incuestionable, de todo o nada.

Así, una mujer o está embarazada o no lo está, alguien está vivo o no lo está, y hay otras palabras similares, como honesto, verdadero, libre, ético y moral, por citar algunos casos, que no debemos permitir que se vuelvan subjetivas: o son, o no lo son. ¿No lo creen?

Esto ha sido responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
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Dr. Roberto Delgado Gallart

Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Aix-Marseille, Francia, es Fundador y Director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, desde donde se imparten tanto la 1ª. Maestría en Responsabilidad Social en América Latina, así como el Diplomado de Administración de Instituciones de Asistencia Social a todo el país. Premio Nacional al Altruismo 2004, miembro del Consejo Directivo del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI, así como de diversas organizaciones y fundaciones, ha participado en innumerables proyectos de Desarrollo Social, fue Coordinador General de Logística de la IV y V Visitas de S.S. Juan Pablo II a México.

El vuelo del Colibrí 4

8 noviembre 2008

Número 14
Dr. Roberto Delgado Gallart

Seguimos reflexionando  sobre aquellas personas que, siendo un poco o muy diferentes físicamente a los demás, nos demuestran día con día que el empaque, lo de afuera, tiene muy poco o nada que ver con lo que nos hace verdaderamente humanos, que es nuestra capacidad de trascender.

Tenemos el caso de una mujer norteamericana, llamada Lisa Fittipaldi, quien era una pintora aceptablemente reconocida, hasta que, hace casi dos décadas, se quedó completamente ciega. Lisa pudo haber optado por muchos otros caminos, pero decidió seguir haciendo lo que sabía hacer: pintar. Y hoy, Lisa Fittipaldi es una pintora ciega, es decir, una persona que plasma con colores y texturas lo que los demás pueden ver, pero ella no.

Otro caso aún más dramático es el de Esref Armagan, un hombre nacido en Turquía hace 55 años, ciego de nacimiento, quien, ante el aislamiento al que se veía obligado por ser ciego en uno de los barrios más pobres de Estambul, sin saber que no podía hacerlo, comenzó a pintar, Y este hombre, totalmente ciego, se gana la vida pintando cuadros de lo más realistas, los cuales se venden en prestigiadas galerías en el mundo.

Y en México tenemos a los ya célebres pintores sin manos, artistas que carecen de lo que los demás supondríamos resultaría indispensable para pintar, las manos, y sin embargo pintan obras de enorme emoción y belleza.

Entonces, no nos olvidemos de que, casi siempre, la naturaleza es más sorprendente que la imaginación, que la capacidad del ser humano por superarse es infinita, y que quienes tenemos las alas para volar, tenemos igualmente la responsabilidad de ayudar a quienes lo requieren a levantar el vuelo: nunca sabremos a qué alturas insospechadas nos pueden llevar.

Esto ha sido responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
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Dr. Roberto Delgado Gallart

Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Aix-Marseille, Francia, es Fundador y Director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, desde donde se imparten tanto la 1ª. Maestría en Responsabilidad Social en América Latina, así como el Diplomado de Administración de Instituciones de Asistencia Social a todo el país. Premio Nacional al Altruismo 2004, miembro del Consejo Directivo del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI, así como de diversas organizaciones y fundaciones, ha participado en innumerables proyectos de Desarrollo Social, fue Coordinador General de Logística de la IV y V Visitas de S.S. Juan Pablo II a México.

El Vuelo del Colibrí 3

28 octubre 2008

Número 13
Dr. Roberto Delgado Gallart

Estamos refiriéndonos a aquellas personas que, por una u otra razón, llevan adelante sus vidas con alguna u otra carencia, sin que ello los detenga o los limite.

Imagínense, por un momento, un hombre en silla de ruedas. No puede hablar. No puede escribir. No puede ir al baño por sí mismo. Si su primera reacción es decir “pobrecito”, piénselo de nuevo, porque esta persona, a la que nuestra sociedad definiría como discapacitado, y seguramente relegaría de inmediato al rincón de los juguetes humanos rotos o descompuestos, es autor de innumerables artículos, dos libros que han vendido millones de copias, maestro emérito de matemáticas avanzadas en la universidad de Cambridge, Inglaterra.

Stephen William Hawking tiene hoy 66 años de edad, es padre de tres hijos, abuelo, y extremadamente activo.

Si bien no tuvo las alas físicas para volar como la mayoría de las personas, es indudable que ha alcanzado alturas que la mayoría de nosotros no podríamos siquiera imaginar, como estar considerado como es el más avanzado científico del siglo XXI, y heredero de la tradición de Newton y Einstein, entre otros.

El año próximo al finalizar el ciclo académico en que cumplirá 67 años dejará su cátedra Lucasiana de la Universidad de Cambridge, dicha cátedra fue fundada por Henry Lucas en 1663, siendo Newton el segundo titular de la misma.

Así que, la próxima vez que veamos a alguien con las alas un poco o muy diferentes a las nuestras, no lo descartemos: puede tratarse de una mente y una persona de inaudito valor para la humanidad, simplemente en un empaque diferente.

Esto ha sido responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
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Dr. Roberto Delgado Gallart

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El Vuelo del Colibrí 2

22 octubre 2008

Número 12
Dr. Roberto Delgado Gallart

En nuestro anterior número escribíamos sobre el descubrimiento de cómo es que el colibrí logra mantenerse en vuelo en un mismo lugar. Una idea adicional que se me quedó “en el tintero”, además de la conclusión de que la mayoría de las veces, la realidad es más simple, más intrigante, más seductora y más asombrosa que toda la ficción del universo, es un hecho bastante evidente: todos los estudios y análisis realizados no le sirven de nada al colibrí, el cual no sólo ya sabía volar desde antes, sino que, además, probablemente nunca se ha cuestionado las dinámicas de su propio vuelo.

Y si bien hay autores que han intentado ponerse en el lugar de un ave, como el amigo Richard Bach y su célebre clásico “Juan Salvador Gaviota”, el hecho sigue siendo que la enrome mayoría de las aves vuelan, y que poco o nada les importa lo que opinemos sobre su estilo de hacerlo.

Pero la idea de compararnos con las aves tiene muchas bondades.

Una de ellas, de especial relevancia para nosotros, es pensar en todas aquellas aves que son ligera o radicalmente diferentes de las demás, las que no vuelan, o no pueden volar, o las que, simplemente, no cuentan con los elementos necesarios para hacerlo.

También entre nosotros, entre los seres humanos, tenemos muchas aves que, por una u otra razón, no pueden volar igual que las demás, sin que por ello sean menos valiosas o importantes. ¿Han pensado Ustedes en ellas y ellos últimamente? ¿Han pensado en lo que podemos o debemos hacer para que sus vidas alcancen su potencial más pleno? Piénsenlo. Esto fue responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
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Dr. Roberto Delgado Gallart

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El Vuelo del Colibrí

20 octubre 2008

Número 11
Dr. Roberto Delgado Gallart

Hace unos meses, la revista Nature publicó un interesante artículo sobre cómo un grupo de científicos lograron finalmente entender la aerodinámica del vuelo estacionario del colibrí, es decir cómo le hacen para mantenerse volando en un mismo lugar, como un helicóptero.

Resulta ser que los colibríes desarrollaron a lo largo de varios siglos la capacidad de empujar el aire hacia abajo mientras aletean hacia arriba, similar a como lo hacen algunos insectos.

Estos dos hechos asombrosos, es decir, el que un grupo de investigadores haya logrado descifrar el misterio de su vuelo, y el que los colibríes se mantengan aparentemente inmóviles en el aire, me llevó a pensar cómo cada especie desarrolla sus propias habilidades especiales, sobre todo cuando la naturaleza los hace diferentes.

Y, en este sentido, ¿nunca se han puesto a pensar cómo es que las personas con una aparente debilidad o carencia desarrollan otras para superarlas? ¿Y qué decir de aquellas personas que, al carecer de alguna función que los demás si tenemos, no sólo la superan sino destacan en esa actividad, como Beethoven componiendo después de perder el oído?

Por eso, la próxima vez que veamos a una persona con alguna diferencia física, antes de apresurarnos a descalificarla diciéndole “pobrecito”, pensemos que podemos estar ante una persona con extraordinarias habilidades, probablemente superiores a las nuestras.

Por lo tanto, nuestra responsabilidad consiste en apoyar el potencial de los demás, sin importar su empaque exterior, ¿no lo creen?

Esto fue responsabilidad social en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
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Dr. Roberto Delgado Gallart

Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Aix-Marseille, Francia, es Fundador y Director del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac, desde donde se imparten tanto la 1ª. Maestría en Responsabilidad Social en América Latina, así como el Diplomado de Administración de Instituciones de Asistencia Social a todo el país. Premio Nacional al Altruismo 2004, miembro del Consejo Directivo del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI, así como de diversas organizaciones y fundaciones, ha participado en innumerables proyectos de Desarrollo Social, fue Coordinador General de Logística de la IV y V Visitas de S.S. Juan Pablo II a México.

La bolita

7 octubre 2008

Número 10
Dr. Roberto Delgado Gallart

Una de las muchas peculiaridades del expresidente norteamericano Harry S. Truman fue el tener, en su escritorio en la Casa Blanca, una pequeña placa de madera con una frase que decía “the buck stops here”, lo que en nuestro país se podría traducir como “aquí para la bolita”.

La expresión se refiere, como ustedes seguramente imaginan, a esa tradición tan nuestra de “pasar la bolita”, que consiste, en esencia, en hacer hasta lo imposible por transferirla la responsabilidad de algo a alguien más.

Yo no sé, a ciencia cierta, si eso de “pasar la bolita” sea una práctica netamente mexicana, o si sea global, si se deba a nuestra tradición de gobiernos centrales desde la época de los Tlatoanis mexicas, o a algún oscuro factor oculto dentro de nuestra psicología colectiva.

Lo que si sé, al igual que todos quienes vivimos aquí, es que los mexicanos somos auténticos maestros en este difícil arte de pasarle a otros nuestras responsabilidades.

Afortunadamente –y como lo demostró Truman– la solución está al alcance de nuestra mano, y nuestra voluntad. No, no hablo de mandarnos a hacer una plaquita con una frase, sino de asumir, todos y cada uno de nosotros, nuestra responsabilidad, y decir, cada vez que podamos, “aquí se para esta bolita”.

Y así, rompiendo cada uno el eslabón que le toca en este círculo vicioso, asumiendo cada quien nuestras responsabilidades, y no dejando pasar mas que aquellas que realmente les correspondan a otros, no sin antes asegurarnos de que quienes las reciban las asuman: no vaya a ser que ellos, a su vez, quieran “pasarle la bolita” a alguien más.

Nada más piensen que país seremos cuando, cada uno, haga el 100% de lo que le corresponde..

Esto fue responsabilidad social, en pocas palabras, y yo soy su amigo, Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
rdelgado@anahuac.mx
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Dr. Roberto Delgado Gallart

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Septiembre 8 – Reflexiones 2

29 septiembre 2008

Número 9
Dr. Roberto Delgado Gallart

Estimados lectores de esta mini sección “responsabilidad social, en pocas palabras”: A lo largo de las últimas cuatro semanas hemos recordado, comentado, compartido y reflexionado sobre los sismos ocurridos este mismo mes hace 23 años, es decir, en 1985.

Hoy, si me lo permiten, quisiera compartir con Ustedes una sola idea, muy simple, muy personal, muy concreta.

En mi caso, los sismos me enseñaron, como nunca antes –ni después– nada ni nadie lo ha hecho, la enorme capacidad y potencial de los seres humanos.

Vi a jóvenes que un día antes daban la vida por hecho convertirse, de la noche a la mañana, en hombres y mujeres responsables y comprometidos.

Vi a una sociedad famosa por su apatía y su desinterés por los demás transformarse en una fuente casi inagotable de entrega, de altruismo, de generosidad a toda prueba.

Vi caer, tras los edificios, las barreras y los paradigmas que paralizan a cualquier grupo humano: las diferencias sociales, económicas y educativas. Las distancias entre colonias y barrios, entre jóvenes, adultos y ancianos.

Hoy, con profundo respeto para vivos y muertos por igual, no puedo dejar de reconocer, como escribiese Charles Dickens hace más de un siglo, que esos “fueron nuestros peores días. Fueron nuestros mejores días”.

Esto ha sido responsabilidad social, en pocas palabras, y yo su amigo Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
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Dr. Roberto Delgado Gallart

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Septiembre 7 – Reflexiones 1

26 septiembre 2008

Número 8
Dr. Roberto Delgado Gallart

Nos referimos ahora, a las reflexiones que podemos generar a partir de las experiencias de los sismos de 1985.

Muchos de Ustedes nos han preguntado, de una u otra forma, ¿De qué sirve recordar? Es decir… recordar, ¿Para qué?

Dejando de lado la frase ya trillada que dice que “recordar es volver a vivir”, la verdad es que nos debemos, a nosotros mismos, el impedir que el olvido ocupe el lugar de la memoria en lo que se refiere a los sismos, al igual que sobre muchas otras experiencias más.

Esta auto-obligación, por no llamarle compromiso, es lo que nos permite entender el camino que hemos seguido para llegar a aquí, los errores que cometimos a lo largo de la ruta, los aciertos –pocos o muchos– que se tuvieron, y, por qué no, hasta el sentimiento encontrado y simultáneo de gratitud y frustración: la gratitud hacia quienes ayudaron y nos ayudaron, y la frustración, inevitable, que deviene de la conciencia de que, a la fecha, sólo antes las grandes tragedias salen a relucir nuestras mejores facetas, nuestros verdaderos valores, nuestra identidad sin banderas ni panfletos.

Como escribiese hace tiempo un profesor argentino: “Creo que tenemos que recordar porque los pueblos tienen que tener memoria de sus hechos, de sus héroes, de sus militantes y de los procesos que vivieron. Si esto quedara en el olvido, seguramente un pedazo de nuestra historia estaría callado, y entonces un pedazo de nosotros no estaría; no estaríamos completos.”

Me parece que el hombre tenía razón… ¿No lo cree Usted así?

Esto fue responsabilidad social, en pocas palabras. Soy su amigo Roberto Delgado. Muchas gracias.

Dr. Roberto Delgado Gallart
Director del Centro Latinoamericano Anáhuac de Responsabilidad Social (CLARES)
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