Teletón, claroscuros
2 Diciembre 2008
A menos de que viva en una cueva, o de plano aislado en una celda sin ningún acceso a los medios de comunicación, no hay manera de que un mexicano no se entere de que a principios de diciembre, llueva, truene o relampaguee, se celebra el Teletón, el maratón televisivo que, año con año, se fija la meta de recabar fondos para la atención y rehabilitación de personas discapacitadas y de bajos recursos.
El Teletón es masivo: promocionales en una buena parte de la radio y televisión mexicanas cada media hora; exhortos de diversos líderes de opinión al pueblo de México para que abra su corazón y done dinero (no importa cuánto, “el gesto es lo importante”); dos días de virtual cadena nacional en el canal 2 de Televisa, el más visto y de mayor cobertura en Hispanoamérica; cápsulas emotivas y enaltecedoras sobre el éxito de algunos discapacitados que han logrado salir adelante con base en las terapias y su propio esfuerzo; y para terminar por todo lo alto, un megaconcierto en el Estadio Azteca, uno de los más grandes del orbe, donde se presentan los artistas más populares, quienes, además de reiterar la invitación a la audiencia a “dar”, se dedican a recibir y aplaudir las numerosas aportaciones corporativas realizadas por los ejecutivos más altos de las principales empresas de la nación azteca.






