Parole, parole, parole…

3 Febrero 2012

Este era el título de una canción de por allá los años 70. Me ha vuelto a la memoria –dejo el por qué en manos de mi psicoanalista- a propósito del lúcido artículo de Alberto Andreu y José L. Fernández, que ha servido de base para lanzar un debate desde el blog de Alberto y desde Diario Responsable, al que ha contribuído Antonio Argandoña con un comentario en su blog. Como titulan con una claridad admirable, creo que los encabezamientos de sus textos resumen perfectamente el núclo de la cuestión: y al final, la acción social desplazó a la RSC (Alberto); hemos descubierto al enemigo… y somos nosotros (Antonio). Y, por su parte, Antonio Vives lleva tiempo haciéndonos sonreir con los términos de marras.

Vaya por delante que suscribo todo lo que dicen. Como se suele decir, esto es lo que hay. Y como esto es lo que hay, no es de extrañar que genere todo tipo de consideraciones en lo que he denominado el club de la RSE. De hecho, todos los miembros del club (empezando por un servidor) vamos repitiendo con sincera convicción que los problemas semánticos nos preocupan o interesan poco, y que no hay que perder mucho tiempo con el nombre de la cosa… lo que suele ser el prólogo para introducir una nueva precisión en la denominación. Porque, no nos engañemos, las palabras importan. Lo que hacemos alguna relación tiene con la manera como hablamos. Más aún: es verdad que un cambio de prácticas genera cambios en el lenguaje, pero los cambios en el lenguaje también generan cambios en las prácticas. Al fin y al cabo, los humanos somos un ser de palabras. Y, por tanto, a lo mejor también deberíamos aceptar con algo más que con resignación que si no hay acuerdo lingüístico, alguna relación debe tener esto con la falta de consensos o de claridad sobre las prácticas. Entre otras razones porque lo que está en juego no es la redacción de un diccionario o de un glosario de términos, sino un conflicto de intereses y una batalla por la legitimidad. Intereses de las diversas empresas y de otros actores sociales; y legitimidad de la empresa como institución y de empresas concretas en sus actuaciones. Poca broma.
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La vida interior

23 Enero 2012

Por: Josep M Lozano

En sus memorias políticas, Tony Blair relata el momento en que fue nombrado primer ministro y comocgnifica os deecirr detectar si lo vivió. Al subir los escalones hasta el estrado, intentando obligarme a centrar mi mente y mis reservas de energía en las palabras que iba a decir, finalmente conseguí definir la raíz del miedo que había ido creciendo durante todo el día: yo estaba solo. Ya no habría más equipo, ni más camarilla amistosa, ni emociones compartidas entre un puñado de íntimos. Estarían ellos; y estaría yo. En un determinado punto profundo, ellos no serían capaces de entrar en contacto con mi vida, ni yo con la de ellos. Hay un sinfín de declaraciones, memorias y biografías de líderes que expresan algo parecido, la sensación de soledad que acompaña su trayectoria en el ejercicio del poder. A nuestro parecer, esa soledad solo puede ser bien gobernada y reelaborada si la persona que asume un liderazgo dispone y cultiva bien su vida interior.
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Qué significa ser una empresa global

11 Enero 2012

Por: Josep M. Lozano

Algo más que operar en diversos países, claro. Pero incluso algo más que tener el mundo en la cabeza y como horizonte cuando se habla de estrategia. Significa también, si se me permite la expresión, ejercer una función educativa en los diversos contextos donde actúa. Y no precisamente por el simple hecho de que desarrolle programas internos de formación. Sino debido a que transmite, refuerza y difunde una determinada cultura de empresa.
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RSE frente a ética empresarial

2 Enero 2012

Por: Josep M. Lozano

Si algo caracteriza el camino que se ha seguido en los últimos años es que cuanto más se ha ido hablando de RSE menos se ha hablado de ética empresarial. Desde finales del siglo pasado al crecimiento de la RSE le ha correspondido un declive de la ética empresarial.
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De la RSC, a la RSC, a la RSC, a la RSC…

12 Diciembre 2011

1definitionPor: Josep M. Lozano

Recientemente he insistido aquí mismo en mi desafección ante cualquier conflicto de definiciones en lo que atañe a la RSE… lo que no empece, como también dije, que tenga mis propias preferencias. Por ejemplo: siempre he dicho que prefiero RSE (de empresa) a RSC (de corporación o corporation). E incluso que preferiría RSO (de organización). Normalmente mis propuestas tienen un éxito perfectamente descriptible, y así RSC ha acabado siendo, en la práctica, la más usada. Leer más

La RSE: ¿mapa, brújula o radar?

8 Diciembre 2011

Por: Josep M. Lozano

Nunca me ha gustado mucho entrar en el debate sobre las definiciones de la RSE. No porque no las encuentre útiles y necesarias, sino porque no me queda claro para qué las queremos cuando discutimos sobre ellas. Pero, sobre todo, porque nunca hemos abordado con suficiente claridad una de las dimensiones de los debates sobre las definiciones. Los debates sobre definiciones son muchas cosas, pero también son luchas por el poder. ¿En qué sentido? Pues porque todo esfuerzo por establecer lo que las cosas “son” conlleva, en este tipo de temáticas, la voluntad de afirmar -al mismo tiempo- como “deben ser”. La definición de la RSE nunca es un asunto académico, sino un asunto eminentemente práctico y, en un sentido amplio de la expresión, político.

Ninguna definición de la RSE es inocua. Porque quien establece una definición, en el mismo instante conquista el poder de decir -habitualmente a los demás, por cierto- cómo actuar. Y establecer una definición otorga al mismo tiempo el poder de juzgar sobre si la acción -habitualmente la de los demás- se ajusta o no la definición. Por eso es comprensible que haya tanto debate en torno a establecer qué es la RSE, porque no es tanto una cuestión de palabras, sino de qué se quiere hacer con las palabras. No nos debe extrañar, pues, que haya conflictos, tensiones y desacuerdos en torno a las concepciones, puesto que en este terreno un conflicto conceptual es también un conflicto de intereses. En este sentido, aunque obviamente yo también estoy interesado en disponer de una comprensión de la RSE, nunca me ha preocupado excesivamente la batalla por las definiciones y las terminologías (que se pueden multiplicar hasta el infinito): porque lo que me preocupan son las interpretaciones. El significado de la RSE no se juega en las definiciones sino en las interpretaciones. De la misma manera que el significado de un valor no se encuentra en en el diccionario, sino en las prácticas que se llevan a cabo en nombre de este valor.

Así pues, no hay que acercarse a los discursos sobre la RSE como un debate sobre su "verdad"; sobre si definen lo que la RSE "es". Sino como herramientas que nos ayudan -y nos pueden ayudar mucho- a orientar nuestra acción y nuestras decisiones, a dialogar sobre ellas, a contrastar y confrontar diversas perspectivas posibles sobre ellas. En definitiva, nos ayudan a ir (re)construyendo el sentido de lo que hacemos, a disponer de marcos de referencia para (re)interpretar lo que hacemos, a innovar en nuestras prácticas y a transformarlas, y a poder dialogar y razonar sobre estas prácticas desde una diversidad de perspectivas, sin que ninguna de ellas pueda pretender disponer de la verdad sobre qué "es" la RSE.

Por eso, cuando oigo hablar a la gente sobre la RSE (sean empresas, profesionales o todo tipo de stakeholders), me interesa a menudo indagar no lo que dicen sino qué uso hacen de su discurso. Definiciones similares admiten usos muy diferentes y al revés: desde discursos muy diferentes se puede compartir la misma aproximación. Se puede usar la RSE como mapa, como brújula o como radar.

Entender las definiciones de la RSE como un mapa presupone la creencia de que ya se dispone de una reproducción a escala de la realidad, por eso queremos disponer de mapas antes de salir de viaje: porque queremos poder situarnos en la realidad antes de tener cualquier contacto con ella. Los mapas pueden estar mejor o peor hechos, pero siempre pretenden reproducir a escala la realidad. Por tanto, se trata sólo de estar situado en el mapa, entre otras cosas porque los mapas ya te dan los caminos preestablecidos. De ahí que tan a menudo los debates sobre la RSE sean debates sobre si las empresas están o no suficientemente adaptadas al mapa preexistente, o sobre hasta qué punto deben adaptarse a él. Y esto genera un proceso circular de ir perfeccionando el mapa con la intención de que la realidad empresarial se vaya ajustando a él.

Una brújula, en cambio, te da direccionalidad, o te ayuda a encontrar orientación. Pero no prejuzga el camino. Incluso, ante determinadas circunstancias que vienen dadas por la realidad, una brújula ayuda a entender lo que, visto desde fuera, parece un rodeo, porque te permite explicar cómo y por qué ante las circunstancias orográficas (y no digamos si se trata de navegar) tomas determinadas decisiones que aparentemente te separan de tu norte. Y, obviamente, permite tener un criterio para deliberar sobre si el camino elegido es el mejor posible. La brújula te hace responsable tanto del punto que tomas como referencia en el horizonte como del camino que emprendes para acercarte a él.

Un radar también te permite moverte. Pero lo que te facilita el radar es la información suficiente para poder moverte sin chocar con los demás que, por su parte, también se mueven. El radar facilita el movimiento continuo sin llegar a chocar con nadie. No te ayuda a establecer a dónde vas, sino a saber qué debes hacer para no chocar con los demás. Pero también facilita que la propia actuación dependa de las de los demás. Hasta el punto que, llevado al extremo, quien usa la RSE como un radar no tiene ningún compromiso intrínseco con ella, sino que es el resultado de su respuesta más o menos inteligente a los movimientos y los riesgos que percibe en su entorno.

Mapa, brújula o radar. Es una cuestión de mentalidad, de aproximación, de actitud. No de procesos, metodologías o herramientas de gestión. Por eso puede haber actores que manejan la RSE de manera muy sofisticada o con discursos muy elaborados en cualquiera de las tres aproximaciones. Y también puede haber planteamientos muy elementales propuestos desde cualquiera de los tres enfoques. Incluso cuando se critica o rechaza la RSE no queda claro si se está pensando en un mapa, en una brújula o en un radar. Por eso va bien preguntarse, en los debates sobre qué "es" la RSE si en la demanda o en la propuesta de ideas y definiciones se busca un mapa, una brújula o un radar. Y también qué buscan las empresas al acercarse a la RSE. Y qué pretenden quienes se aproximan a las empresas hablando de RSE. Y...

Y, sobre todo, va bien preguntarse personalmente si la propia aproximación a la RSE, más allá de los contenidos, es predominantemente como mapa, brújula o radar. O quizás alguna otra que a mí se me ha escapado.




Josep M. Lozano


Profesor del Departamento de Ciencias Sociales e investigador senior en RSE en el Instituto de Innovación Social de ESADE (URL). Sus áreas de interés son: la RSE y la ética empresarial; valores y liderazgos en las organizaciones; y espiritualidad, calidad humana y gestión. Ha publicado sus investigaciones académicas en diversos journals. Su último libro es La empresa ciudadana como empresa responsable y sostenible (Trotta) Otros de sus libros son: Ética y empresa (Trotta); Los gobiernos y la responsabilidad social de la empresa (Granica); Tras la RSE. La responsabilidad social de la empresa en España vista por sus actores (Granica) y Persona, empresa y sociedad (Infonomía).

Ha ganado diversos premios por sus publicaciones. Fue reconocido como Highly commended runner-up en el Faculty Pionner Award concedido por la European Academy of Business in Society i el Aspen Institute. Ha sido miembro de la Comissió per al debat sobre els valors de la Generalitat; del Foro de Expertos en RSE del MTAS; del Consejo Asesor de la Conferencia Interamericana sobre RSE del BID; y de la Taskforce for the Principles for Responsible Business Education del UN Global Compact. En su página web mantiene activo un blog que lleva por título Persona, Empresa y Sociedad

El problema con los problemas viene de lejos

1 Diciembre 2011

Por: Josep M. Lozano

Hoy en día, si algo nos repetimos los unos a los otros es que tenemos problemas. Muchos. Problemas de todo tipo. Personales, por supuesto. Pero también organizativos, políticos, sociales. ¿Y qué problema tenemos con los problemas? Pues que ante los problemas de todo tipo que se nos van multiplicando vertiginosamente lo que queremos es… solucionarlos.

Y qué hemos de querer, si no, me diréis. Vísteme despacio que tengo prisa, porque la cuestión conecta directamente con uno de los sutiles aprendizajes que arrastramos profundamente (y, a menudo, inconscientemente) arraigados desde nuestros tiempos escolares. Que cuál es ese aprendizaje? Pues la creencia de que ante un problema de lo que se trata es de darle solución. ¿Cómo obteníamos buenas notas en la escuela y felicitaciones en casa? Pues cuando resolvíamos un problema o cuando, utilizando un lenguaje de ningún modo inocente, “encontrábamos” la solución o, incluso, la “adivinábamos”.
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Para ser responsable no basta con la responsabilidad

22 Noviembre 2011

Por: Josep M. Lozano

Arrastramos horas y horas discutiendo por activa y por pasiva sobre la importancia y la necesidad de la responsabilidad. Con resultados a menudo perfectamente descriptibles, por cierto. Y quizás ha llegado el momento de insistir en que para ser responsable no basta con la responsabilidad.

Entendámonos bien. Hablar de responsabilidades -e incluso empezar hablando de responsabilidades- es sano, y a menudo tiene un efecto depurativo. Llevamos tanto tiempo hablando de valores, de su crisis, de sus subidas y bajadas, que poner a la responsabilidad en el centro de los debates y las preocupaciones nos ayuda a focalizarnos. Nos hace hablar de la acción, de lo que alguien hace, de su actividad. Y, sobre todo, de las consecuencias -presentes o ausentes- de esta acción.
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El futuro de la RSE pasa por las alianzas

14 Noviembre 2011

Por: Josep M. Lozano

He tenido la oportunidad -invitado por Comfandi e Icesi- de participar en Cali en diversos encuentros enmarcados en el proyecto de Sistema de Responsabilidad Social del Valle del Cauca. Dicho sistema pretende movilizar y articular a las empresas del valle (sea cual sea su actividad y su tamaño) para facilitar el avance de cada una de ellas en la senda de la responsabilidad social y la sostenibilidad; para contribuir a mejorar las condiciones de desarrollo humano sostenible del valle; y para generar opinión y participar en las decisiones de lo público que afecten al desarrollo de la región.
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Necesitamos colaboratorios

1 Noviembre 2011

Por: Josep M. Lozano

Si de algo estamos seguros es que la situación económica, política y social que estamos viviendo requiere cambios que no sean sólo de carácter incremental. No basta con hacer más y mejor lo que ya hacíamos siempre. Ni basta con cumplir con el mantra de que hay que hacer más con menos.

Los retos que tenemos por delante no se resuelven sólo con tecnologías. Ni se resuelven con el refinamiento de los planteamientos políticos que intentan nuevas vías para representar y negociar intereses. Aclarémonos: decir que no basta no quiere decir que no haga falta. Hace falta hacer más y mejor; hace falta hacer más con menos; hace falta innovación tecnológica; hacen falta mejores política, gobernanza y gestión. Lo damos por asumido.
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